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martes, 29 de diciembre de 2015

Magia a la luz de la luna. Comentario.







Ficha técnica, sinopsis, críticas, trailer. (Pinchad aquí)

Comentario:


El número de películas que invaden cada día los cines del mundo, producto de la iniciativa de la industria cinematográfica de los diferentes países que lo pueblan, que se expresan en las distintas lenguas de la Babel actual y recogen la idiosincrasia de sus habitantes, es inmenso, y se está observando que, mientras en algunas ciudades de España se cierra el último cine, en otras como Valencia el número de espectadores va in crescendo, hasta el punto de disuadir a importantes sectores de público de acercarse a una sala de proyecciones durante las fiestas navideñas, soportar unas colas interminables y quedarse en la ventanilla con tres palmos de narices, sin poder acceder a la sala de sus sueños. Es mucha la gente que decide gastar ese dinero extraordinario que recibe de sus mayores durante estas fiestas en acudir en familia al 'mayor espectáculo del mundo', algo de lo que nos congratulamos. Es evidente, pues, el daño que ha hecho el IVA de los espectáculos a la cultura de nuestro país, que demuestra la cortedad de miras de unos dirigentes que no solo han abandonado a la industria tecnológica punta, relacionada con las nuevas tecnologías, a su suerte en el tránsito a la era del conocimiento, sino que la han castigado con fuertes impuestos.

La situación descrita nos obliga a plantearnos diferentes posibilidades: quedarnos en casa con el mando de la tele en la mano buscando las ofertas de entretenimiento  de las diferentes cadenas, (muy decepcionante ), revolver en nuestra videoteca o salir en busca de una oportunidad en las tiendas que venden DVDs o Blue-Ray. Hoy he decidido volver a ver 'Magia a la luz de la luna' de Woody Allen (2014), su última película hasta el momento, ya que el cineasta neoyorquino suele circular por el sendero de la feel good movie, que ahora está de plena actualidad, porque la población mundial ha envejecido y  no quiere enturbiar su bienestar, (el que lo tiene), con historias perversas, retorcidas o malignas  y documentales que muestran la crueldad que recorre el mundo. ¿Qué cosa mejor que disfrutar de bellos e idealizados paisajes, brillantes hasta casi arder, ropa de buenos tejidos (lino, seda, lana pura...; 'la arruga es bella' fue el lema del creador Adolfo Dominguez), soberbias mansiones en la 'Costa Azul' o coches diseñados para disfrutar del paisaje, como señala el protagonista del film Colin Firth, concebidos para el placer degustado sin prisas, en un periodo de entreguerras en el que la población que se lo podía permitir pareció enloquecer y se involucró en una fiesta sin fín como la que denuncia F.Scott Fitzgerald , uno de los mitos de Allen, en 'El Gran Gatsby'.

Colin Firth nos traslada sus impresiones acerca de una película con muchos matices, muchos magos y muchos tipos de magia. Empieza, nos cuenta el actor-protagonista, con un truco teatral, al estilo de los números de Houdini y presenta a su personaje, Stanley, como un ser racional que  se lamenta de la falta de magia con mucha arrogancia, un perdonavidas, un fanfarrón y un pedante al que le gusta ser antipático y sentir la libertad de poder serlo. Su punto débil es la confianza, su mejor amiga, Pero pronto se sentirá humillado ante la calidad del ilusionismo de la joven, porque siempre ha querido, en secreto, sentir algo más. ¿Preferirías ser un farsante  a que tu visión del mundo se tambalease?, le pregunta la joven.  Ser desagradable es, en muchas ocasiones, liberador, contesta él.

Una vez presentados los personajes y planteado el tema que se va a tratar, - la posibilidad de que exista dios y una vida más allá de la terrenal, con la que una medium se pueda comunicar-, estos se enredan en un debate sobre creencias e irracionalidad. Woody Allen nos arrastra a una reflexión que arrecia a medida que cumple años y que obedece a su necesidad de creer en algo, de pensar que su vida ha tenido algún sentido y como bálsamo es útil tanto el amor, el talento, la creatividad o. ¿por qué no? la existencia de espíritus, del cielo, etc. Unas creencias que, al fin,  se vuelven contra los escépticos. Con este objetivo se sirve de una gran metáfora, que da título al film: "Magia a la luz de la luna', que enseña a los protagonistas, Stanley y Sophie, que la verdadera magia reside en eso que comúnmente se denosta como 'amor romántico', un elemento básico del constructo de género para los caucus feministas, capaz de arruinar la vida entera de muchos hombres y mujeres y que hace plantearse a Christopher Nolan en 'Interestellar' si no será en definitiva una dimensión desconocida por el hombre. La enfermedad de su tía  lleva a Stanley a la desesperación y entonces descubre que es un buen motivo para creer, a la par que se da cuenta de que no puede dejar escapar  a alguien que le hace reir.

De este modo el film capta el espiritualismo  y la creencia en lo sobrenatural de la época de entreguerras, que permitieron que en los años 20 surgiera gente como Houdini, en los que se inspira Sophie, que funciona para su novio rico como Rasputín para la monarquía rusa, que, subyugados ante la mirada penetrante del charlatán, le consultaban antes de emprender cualquier negocio."El problema de la fe en que haya un más allá, poderes superiores, otros universos. tiene el riesgo de que esas cosas nos saquen del presente, lo único que tenemos y lo único que nos puede hacer felices y esta convicción constituye el gran valor de Woody Allen segun Colin Firth: que se centra en lo que tiene, el presente, desde una visión propia de Oscar Wilde o Noël Coward. y temas de Shaw. La conclusión, pues, es la esperada de acuerdo con la evolución de los personajes en la confrontación de la realidad.

El revisionado del film y la relectura de lo que escribí cuando se estrenó  me ha hecho recapacitar sobre lo que influye en la percepción de la realidad o de la ficción el contexto, el estado de ánimo y en muchos casos la crítica. En aquellos momentos me sentí decepcionada, como pensé que les había ocurrido a todos aquellos que crecieron con Allen y se hicieron viejos con un ser tan especial, entrañable, culto y sensible. Un cineasta que hizo soñar a tantas mujeres que llevaban, llevan y llevarán una vida mediocre y miserable con un personaje que saltaba desde la pantalla y las hacía felices como a las heroínas de las películas en 'La rosa púrpura de El Cairo'. Hemos sentido sus hipocondrías, que eran las nuestras, y le hemos visto acercarse peligrosamente a una edad en la que ya, un hombre inteligente como él, va procurándose dos monedas para pagar al barquero que lo ha de transportar al Hades. En las dos últimas ocasiones en las que ha sido protagonista de sus películas, en la primera (Scoop), ya transita, junto con oros, por las negras aguas de la Leguna Esigia vigilado de cerca por la Parca, y en la otra, su consuegro es propietario de una funeraria.

Muchos criticarán su esteticismo exacerbado en todo lo que hace, la exaltación de la clase burguesa culta y refinada de que forma parte y la añoranza del periodo de entreguerras en los que las clases acomodadas bailaban al ritmo de la mejor música, se desplazaba en buenos coches, contrataba espiritistas para jugar también en el otro mundo, mientras las calles se llenaban de parados, de gente que padecía hambre y frío y que jamás han engrosado el ejército de sus personajes excepto en la citada película que protagoniza Mia Farrow, a la que las historias que vivía en el cine suplían sus carencias. Pero junto a esta añoranza de los tiempos duros en los que el hombre se vuelve más creativo, nos demuestra que cierta forma de belleza no sólo está al alcance de los menos pudientes, sino que parte de ellos; no están muy lejos los tiempos en los que los jóvenes creaban espacios estéticos y agradables con una madera, dos caballetes, muebles abandonados que repintaban, libros y posters, que alternaban con unas cuantas velas que les proporcionaban ambientes románticos con una energía barata. Un clima que los más ricos desconocen por completo y que el desarrollo ha sustituido por los estandarizados muebles de Ikea. A algunos nos hace falta Woody Allen.

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