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lunes, 14 de diciembre de 2015

Un paseo por el bosque. Comentario.





Ficha técnica, sinopsis, crítica, trailer (Pinchad aquí).

Comentario:

"Nuestra naturaleza reside en el movimiento: la calma completa es la muerte", dijo Blaise Pascal reflexión que recoge Bruce Chatwin en su "libreta de apuntes incluida en Los trazos de la canción", donde "resume el impulso que nos hace recorrer a pie 25 o 30 kilómetros diarios durante días, semanas o incluso meses. ¿Por qué? Hay pocas cosas comparables al gozo de la naturaleza en completa soledad, al viaje interior en comunión con uno mismo, las ampollas en los pies y los pajaritos.(1) Pero si la política es el arte de lo posible, la política del autor que crea ficciones debiera ser, al menos, la de lo verosímil, y resulta increíble 'un paseo por el bosque' de dos hombres, uno de 79 años, Robert Redford, y otro a punto de cumplir 76, Nick Nolte, con un exceso de peso más que evidente, cuya consecuencia ha sido la implantación de una rodilla artificial (en el film). Y no porque las montañas no este recorridas con frecuencia por hombres de esta edad, sino porque estos dos llevan más de 30 años sin realizar ninguna actividad física, una falta de entrenamiento que los incapacita y hace increíble su historia. Lo curioso es que Robert Redford, un hombre inteligente y comprometido va todavía de galán, dejando todos los gags, -algunos divertidos-, a cargo de Nick Nolte, el papel más bonito y entrañable de los dos.

Cuando uno lee por primera vez el artículo de Carlos Boyero no entiende bien por qué se ceba, en apariencia, en la difícil tarea que es envejecer y que en algunos individuos adopta tintes casi trágicos, como ocurre con Robert Redford que, aunque conserva, mientras la cámara se mantenga a una prudente distancia, cierto aire juvenil, al mirarlo de cerca muestra unas "transparentes y malogradas cirugías en su rostro que convierten lo que en otro tiempo fue bello en una máscara sin expresión, patética". Afirma el crítico que "su cara parece haber mejorado en las dos últimas películas. Parece haberse operado otra vez para dejar de parecer la esfinge, para desestirarse." En el film representa al hombre de éxito,el triunfador que ha formado un hogar, ha conseguido títulos y honores universitarios y responde al prototipo que vende el establishment norteamericano  y defienden los medios de comunicación más conservadores. Frente a él,  Nick Nolte representa al hombre que no ha querido crecer ni asumir responsabilidades, que ha envejecido con más dignidad, a pesar de los kilos de más, la calvicie, la rodilla de titanio; que ha tenido infinitas aventuras amorosas, ha bebido, ha fumado y se va de esta vida tan ligero de equipaje como llegó, sin dinero para pagar ni siquiera el autobús de regreso a casa, que le compra su amigo y compañero de aventuras.

Los tres o cuatro gags que hacen reír abiertamente al público (no más) corren a cargo precisamente de Nick Nolte, mientras Redford sigue con su postureo fantasmal de galán, totalmente inasumible. Es entonces cuando te pones claramente del lado de Boyero cuando afirma que  es difícil olvidar a Nolte y que siempre justifica el precio de la entrada. "Nos vende pura testosterona, facilidad congénita para meterse en todos los jaleos de la vida, nobleza interna, carne de adicciones, un magnífico perdedor, un colega lleno de peligro, pero un colega de verdad,vulnerabilidad extrema detrás de su dureza, alguien que podría ser un león, pero también aquel conmovedor príncipe de las mareas." (Un crepúsculo demasiado blando. Diario 'El País', 11 de diciembre de 2006).

No comparto la idea de que el film obvie el drama de la vejez. Sólo hay que ver a estos dos personajes caminando por senderos de fuerte inclinación, cuyo lento avance está contrastado con los grupos de jóvenes senderistas, e incluso niños acompañados por su monitor que se cruzan con ellos, alguno incluso corriendo, para dejarlos más en evidencia de lo que ellos mismos se ponen. Pero nunca vemos esas frecuentes llagas que sufren los habituales de la montaña en sus primeros días de excursión, después de largas caminatas. Ken Kwapis no ha sabido dotar de atractivo ni entretener a su público mediante una edición inteligente que hubiera fragmentado una película que transcurre tan lineal como la ruta de los Apalaches, que afortunadamente decide interrumpir a mitad, antes de que el público abandone la sala. Ni tan siquiera resultan atractivas las subtramas que nos muestran a seres extraños y solitarios que deambulan por los caminos solitarios buscando un grupo en el que acoplarse que acaba esquiándolos, ya que nadie los quiere a su lado porque no se lo merecen, ni astracanadas como las de los osos, o caídas que a los mejor dotados les puede costar la vida, ya se cruzando un rápido o rodando por un terraplén, y que a ellos sólo les pone en una situación delicada.

Si alguien puede llegar a creer que Kwapis plantea el film como un viaje cuyo objetivo es encontrarse uno a sí mismo  se equivoca, pues si bien es verdad que el protagonista valora la mujer  y todo aquello que ha dejado en casa y que constituye su legado,  en realidad, y aunque lo niegue constantemente, su objetivo, como buena réplica de su referente, el escritor Bill Bryson, autor del libro en el que basa el guión del film, que hizo el mismo viaje cuando tenía 40 años (casi el doble menos que el actor que lo representa), será finalmente escribir el libro en el que se basa la historia, un verdadero martirio para quienes no sienten ninguna emoción en contemplar un paisaje desde un punto determinado del mapa, una cota muy penosa de alcanzar que les ha obligado a arriesgar algo más que su propio físico.



(1) "Senderismo: 10 Grandes rutas para un viaje interior. Isidoro Merino. Diario 'El País'. blog.elpaís.com/viajero.astuto(



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