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viernes, 25 de marzo de 2016

O los tres o ninguno. Comentario








Carteles, ficha técnica, sinopsis, críticas y trailer. (Pinchad aquí)

Comentario:

Sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo con Nando Salvá cuando afirma que la película resulta más convincente en su primera parte, en la que realiza un relato paralelo al de Marjane Satrapi en Persépolis (novela y película), y en la que se demuestra que todos acertamos cuando analizamos la historia pasada, y no podemos demonizar a los comunistas e izquierdistas iraníes que pusieron su esperanza en el Ayatolah Jomeini, y que quedaron destrozados en su primera aparición pública cuando el lider espiritual y religioso advirtió a la población de que su revolución no era ni nacionalista, ni democrática, sino espiritual. Como suele ocurrir, cada cineasta aporta alguna información visual nueva, y en esta ocasión podemos observar a unas mujeres que no sólo visten a gusto ropas negras y cubren parte de su rostro con el chador, una prenda que usan las mujeres iraníes cuando salen de casa, sino que armadas con rifles, colaboran con sus compañeros en la búsqueda de sospechosos de disidencia del régimen instaurado por Jomeini. A pesar de la gravedad de los hechos relatados por Kheiron, como las largas condenas, en la época del Sha, por pegar carteles en la pared contra Rhza Pahlevi, los aislamientos en pequeños e inhumanos barracones inmundos y las soberanas palizas que los dejaban medio muertos, el cineasta iraní logra distender y hacer sonreír a su público, ya que es un comediante , actor , guionista, productor, rapero y director francés, que sabe utilizar con sabiduría el humor en un tema tan complicado.




Kheirón, nacido en Irán, de apellido Tabib, criado en Francia, y muy conocido localmente a causa de una serie de apariciones en TV, cuenta la historia de su padre, Hibat, (interpretado por el director) y la madre, Fereshteh (Leila Bekhti), un matrimonio muy enamorado y obligado a huir de su tierra natal, después de los tumultuosos acontecimientos de la revolución iraní, y que, tras llegar a Francia, se instalaron en el barrio de la Banlieu de París de Pierrefitte-sur-Seine. En el Ecuador del Film Kheiron construye la imagen más emotiva de la película: la del emigrante que huye de su país, pero quiere imprimir su imagen en la retina, seguida de una entrada exultante en Paris, con música emotiva francesa y un contrapicado de su emblemática Torre  Eiffel. Todos los que salen de su tierra como lo hace el abogado que nunca había podido ejercer sueñan con volver algún día, pero ese momento todavía no ha llegado y prefieren respirar el aire de libertad que circula en el país que hizo la revolución y proclamó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadasno, según hace explícito el propio protagonista.





La segunda parte es una apología edulcorada de la labor de integración multirracial que hizo su padre en el Barrio de los Poetas, una tarea por la que fue galardonado con la Legión de Honor la más conocida e importante de las distinciones francesas, establecida por Napoleón I, una distinción que se concede a hombres y mujeres, ya sean franceses o extranjeros, por méritos extraordinarios realizados dentro del ámbito civil o militar. Una parte del film que se repite a sí misma constantemente, sin lograr despertar el interés de un público, que no acaba de entender el sentido del humor del director, especialmente en lo que se refiere a la metáfora que construye en torno al Sha. Por otra parte, nada difícil de desvelar, aunque sí sorprende que lo haya caracterizado como un hombre de etnia  europea u occidental.





Un film interesante, divertido y que, como sucediera en otro tiempo con Persépolis, permite conocer la evolución de un país como Irán que soportó una tiranía como la del Sha, contra la que los disidentes, los luchadores por la libertad trabajaron a costa de sus propias vidas, para caer en otra peor, que los obligó a emigrar y buscar refugio en países europeos. Claro que entonces eran pocos los que salían y no países enteros como ahora, sin que nadie, al parecer, pueda poner solución a esta sangría que amenaza con dejar vacío el Norte de Europa y algunos países del Golfo Pérsico, ejerciendo, ayer como hoy, una gran presión sobre un país que es europeo a medias, un lugar de tránsito hacia el viejo mundo: Turquía. Hibat y Fereshteh pasaron en él un año de sus vidas, aunque su objetivo final era ir a Francia, a donde acudieron finalmente los padres de la mujer. Kheiron narra con cierta desenvoltura y gracia el penoso tránsito por las montañas iraníes y turcas de la pareja que huía con el corazón partido.


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