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miércoles, 20 de abril de 2016

El secreto de Adeline. Comentario.




Cartel, ficha técnica, sinopsis, críticas trailer ( Pinchad aquí).


Comentario:


El mito de Fausto, el hombre que vende su alma al diablo a cambio de no perder jamás su juventud, su apariencia física, el rostro que lo identifica como persona diferente a las demás, jamás se había acometido de forma tan desangelada, light, sosa, ni carente de interés. Una gran parte de los diálogos que jalonan el film son enervantes, redundan en el ridículo del resultado de una película indie que ha costado $25 millones, un  presupuesto nada despreciable para abordar un tema intimista. Da la impresión de que Lee Toland Krieger se ha inspirado en la famosa novela de Oscar Wilde 'El retrato de Dorian Gray',  sin pactos del diablo, sino mediante prodigios producto de fenómenos extraordinarios explicables mediante fórmulas físicas que introducen variaciones en el comportamiento del organismo, que pueden cambiar con otro accidente traumático y dejar que el público se vaya a su casa 'bien content' como dirían los franceses, dejando detrás de sí situaciones y hechos increíbles que, además, carecen de interés, como el que Adaline se hubiera enamorado a lo largo de cincuenta años de un padre y su hijo, o que su vástaga pareciese su abuela, unos flecos que quedan colgando y que obligan al público a comulgar con ruedas de molino.

Si la forma es el discurso, es obvio que a un background infantil, naïf y posmoderno le corresponde una prosa audiovisual igual de bobalicona, que en ningún momento llega a implicar al espectador en la trama, el argumento o la estructura de la  historia que representa y no vale la pena perder el tiempo en describir de qué forma confrontan al espectador con la conclusión del relato, que ya hace tiempo que está intuyendo. Y no voy a decir que no ha sido capaz, pero sí que no le ha interesado lo más mínimo aprovechar el hecho de que su protagonista haya vivido más de cien años, excepto para darle ventaja  a Adaline en un juego  de mesa. Patético.

Esto es lo que sucede cuando se desprecia la contextualización inteligente de una historia en un tiempo y un lugar, real o ficticio, el uso de cualquier tropo para evitar la representación vulgar o aparentemente propagandística de una idea. Al final, lo verdaderamente 'elegante' es no tener ideas, sino la soberbia hija de la engañosa creencia de ser más capaz que ninguno de hacer arte por el simple placer que produce su  inigualable ejecución. Transcurrido el tiempo no queda nada, ni la pretendida obra de arte, ni la crónica más o menos partidista del tiempo en que su autor  decidió hacer un film pretencioso con el  que epatar, al menos, a los de su tribu. 


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