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lunes, 5 de septiembre de 2016

Sillas de montar calientes. Comentario.




Ficha técnica, Cartel, sinopsis, trailer (Pinchad aquí).


Comentario:


Sillas de montar calientes es un film realizado por Mel Brooks nada complaciente con 'la gente' a la que 'doran la píldora' algunos políticos populistas, sin percatarse de que las masas son mucho más pragmáticas que los principios radicales que parecen defender, que los lanzan fuera del sistema cada vez que plantean una reivindicación y no es atendida, porque o bien no es viable, no es urgente, y afecta, en ocasiones a unas pocas personas, cuyas exigencias no se ajustan a la lógica. En la primera secuencia nos muestra cómo todos los poderes ideados por los pre-revolucionarios franceses para garantizar la democracia están corruptos: un fiscal, representante del poder judicial, que pretende robar las propiedades de todo el pueblo con cualquier tipo de procedimiento, por muy criminal que sea; que se apoya en el gobernador y las fuerzas vivas del lugar. Todos ellos, más los colonos, caen en todos los -ismos más negativos: racismo, masculinismo, y algunas fobias como el odio al extranjero, en sociedades incipientes. Esta superestructura, si se le puede llamar así, es sobre la que debe descansar la nueva revolución industrial en marcha, cuyo motor es el ferrocarril que va a acabar con los desiertos polvorientos donde se instalaron los colonos pioneros, tras arrebatar sus tierras a los indios.

Tras este preámbulo comienza  una parodia disparatada, en la que todo es posible, obra de un judío ruso, que durante la Segunda Guerra Mundial se enroló en la US Army, en cuyo seno dio los primeros pasos imitando y ridiculizando  en la radio los discursos de propaganda del ejército nazi que podían escuchar los alemanes. Terminada la contienda, trabajo para la televisión, hasta que en 1968 hizo su entrada triunfal en el cine con 'Los productores', una película en la que trabajó como guionista y director, y fue recompensada con un Óscar al Mejor Guión. Después vinieron otras célebre parodias como 'Sillas de montar calientes', una gamberrada total, realizada en 1974, 'El Jovencito Frankenstein',  rodada el mismo año, su obra maestra,  'Soy o no soy', una parodia de 'Ser o no ser' en 1983, y tantas otras que hicieron felices a varias generaciones y cuyo guión, diálogos, gags y puesta en escena en general son tan inteligentes, que han hecho felices a muchos jóvenes hasta la actualidad. La muerte de Gene Wilder, que encarnó a un doctor llamado 'Fronkonstin', cuyo ayudante, interpretado por Marty Feldman, se autodenomina Aigor, han quedado para siempre jamás incrustados en el imaginario colectivo.

Tras el brillante preámbulo, un elogio al exabrupto y el ringorrango festivo, (inigualable secuencia en la que los capataces exigen a los negros y a los chinos que construyeron el ferrocarril americano que canten canciones de la época en que eran esclavos y trabajaban el algodón, que Woody Allen también parodia en 'Toma el dinero y corre', cuando un negro canta hasta la extenuación aquella enloquecedora estrofa, "Quiero ver a mi Luisa, voy al Mississippi". Pero los hombres libres, igualmente esclavizados por un salario indigno y un maltrato inaceptable, interpretan un tema de Frank Sinatra mucho más distinguido que aquel con el que les retan los blancos. El absurdo, la insensatez, el dislate, el despropósito, la locura y cualquier sinónimo que ofrezca el diccionario se dan cita en el desarrollo de un film en el que puedes encontrar una orquesta de negros, con sus atriles y partituras tocando para nadie en el desierto; un sherif negro, que amenaza a la población xenófoba con matarse y llenar el poblado con sus sesos; un gobernador obsesionado con una 'secretaria' ligera de ropa...Todo es posible en esta parodia del western clásico en el que no falta de nada, incluído el frenesí, la vesanía,  la insania y la demencia, en la que,  concluida la historia, Gene Wilder, que interpreta a un viejo pistolero alcoholizado que no ha perdido su habilidad y Cleavon Little, abandonan los escenarios en los que se ha rodado la película, dejan sus caballos y se suben en un automóvil. Grandiosa. Fue con esta película con la que nos quisimos despedir de 'El jovencito Frankenstein', menos conocida que la que elevó a Wilder al Olimpo de los dioses, una imagen que jamás olvidaremos.


¡¡¡HASTA SIEMPRE!!!







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