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sábado, 1 de octubre de 2016

Elle. Paul Verhoeven. Comentario del blog.





Ficha técnica, sinopsis, críticas, , trailer . (Pinchad aquí)



Comentario:


NO ES TAN FIERO EL LEÓN COMO LO PINTAN


El lema que incorporamos en la tagline nos sirve de orientación en nuestro análisis del último film de Paul Verhoeven que ha logrado un aplauso unánime de la prensa y que, a pesar de los esfuerzos de la heroína, interpretada por Isabelle Huppert, tiene más de feel good movie que de thriller existencial maligno, enfermizo y perverso, que lo es, pero muy mediatizado por el deseo desbordado de una mujer a la que no hacía falta haberle atribuido un padre-asesino-en-serie y una madre decadente que se deja engañar. En los asaltos violentos que padece en su hogar, unos reales y otros producto de su fantasía, unos diferentes y otros reiterados en más de una ocasión mediante el recurso del flashback, Verhoeven, -un director que nos gusta bastante -, ha perdido demasiado tiempo y ha descuidado un personaje importante: el hijo de esta mujer, privado de iniciativa y voluntad, emparedado entre dos féminas fuertes de las que depende totalmente. ¿Necesita su bautizo de sangre, heridas profundas, como las que atraviesan en cuerpo de Luke Skaywañker y le faltan a Kilo Ren, lo que convierte el drama del primero en la farsa del segundo, para convertirse en un hombre maduro y seguro de sí mismo, aunque su ego descanse sobre un hecho criminal?

El director holandés ya echó un buen jarro de agua fría sobre la sociedad inmersa en un desarrollismo exacerbado en 'Robocop',  cuando representó a los 'malos' con traje, comiendo en restaurantes caros y presidiendo gigantescas corporaciones donde la humanidad, la ética y la moral son valores a la baja. Michèle Leblanc, la protagonista, es una mujer que ha iniciado un viaje desde el mundo editorial en crisis hacia la investigación y el desarrollo de nuevas tecnologías como propietaria de una empresa especializada en la  motion capture system que no acaba de entender. Su ex-marido, un escritor mediocre, menos atento a los cambios que está experimentando la sociedad, se ha quedado descolgado y mendiga la ayuda de una esposa que ya no lo quiere y que juega  sentimental y sexualmente con todos los hombres sobre los que ejerce una atracción fatal y destructiva.

Paul Verhoeven, que intenta, en todo momento, desmarcarse de la brillantez del discurso audiovisual, más que hollywoodiense  norteamericano (cada vez son más las películas que se producen y se financian por compañías a las que se denomina independientes), se introduce por la vía de la aparente luz natural, la que proporcionan los innumerables objetos que hoy invaden cualquier hogar , como televisiones, ordenadores (los de su empresa no se apagan, ni cuando abandonan el lugar los empleados), lámparas que proporcionan cierta calidez ambiental, una estrategia que sitúa a los personajes, generalmente, en una penumbra apta para la fantasía, el sueño o la pesadilla, en una casa con más de veinte ventanas abiertas al exterior, grandes portales, vigilados por un cancerbero impotente, -el gato de su propietaria -, por el que penetran los monstruos hostiles  y a la vez anhelados.

Los críticos son muy dados a calificar  el mayor o menor desarrollo de los personajes, aunque en este caso el realizador y sus guionistas  han preferido dejar en la penumbra mucha información que ha podido condicionar la mentalidad de Michéle, una oscuridad muy extendida en el film, sin que el espectador perciba con certeza de qué forma se vio implicada siendo niña en los acontecimientos que marcaron su infancia, y deja sin explicar por qué la burguesía intelectual ha sido incapaz de interesar a sus hijos en la cultura que ellos defienden y cultivan, y los han lanzado al consumo y, en algunos casos, trapicheo de drogas, para acabar desempeñando un trabajo serio, en el que esperan prosperar, pero que abandonan al primer contratiempo, en grandes cadenas de fast-food, dándose la paradoja de que padres bien situados conviven con hijos pobres, que dependen de ellos incluso para pagar el alquiler de su casa. El hijo de Michéle es un pobre chico pusilánime, entre una madre dominante y una mujer opresora, que parecen ser mucho más capaces que él, que se niega a aceptar el color de piel de su hijo.

El buen vivir, las buenas casas, los ambientes distinguidos, los deseos reprimidos de una mujer que se convierte en el paradigma de la protagonista de Lope de Vega de 'El perro del hortelano', que ni come ni deja comer; que se sirve de sus amantes y se deshace de ellos cuando le conviene, se impone a la tensión que el desenlace parece exigir. La actitud dura e insensible de la mujer ante sus padres, no suficientemente explicada, quita fuerza al thriller y, a pesar de que la dirección recae en un cineasta de la categoría de Paul Verhoeven, no alcanza la intensidad dramática de la película que dirigió Michael Haneke en 2001, 'La pianista', interpretada también por una maligna y toxica Isabelle Huppert. Una mujer que parece haber nacido para desempeñar estos papeles de villana, de cuyo frágil y pequeño cuerpo emana la peor de las energías.




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