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La Revelación: Nuevo Nuncajamás

sábado, 12 de noviembre de 2016

Después de la tormenta. Hirokazu Kore-Eda,





Ficha técnica:


Título original: Umi yori mo mada fukaku.
País: Japón.
Año: 2016.
Duración: 117 minutos.

Dirección: Hirokazu Kore-Eda.
Guión: Hirokazu Kore Eda.
Dirección de Fotografía:
Edición: Hirkazu Kore-eda.

Compañías: Aoin Promotion.


Intérpretes:



Hiroshi Abe :Ryota ,
Yôko Maki : Kyoko,
Kirin Kiki : Yoshiko,
Satomi Kobayashi :
Rirî Furankî :


Sinopsis:



'Después de la tormenta' narra la historia de Ryota, un famoso autor que ganó varios premios en su pasado glorioso. Con el paso del tiempo, Ryota ha malgastado el dinero que gana como detective privado en cosas mundanas como los juegos de azar, lo que provoca que apenas pueda pagar la manutención de su hijo. Tras la muerte de su padre, la vieja gloria de Ryota verá como los lazos familiares están totalmente rotos, por un lado su anciana madre y su ex esposa han continuado con sus vidas hacia adelante sin contar con él. Ryota deberá retomar el contacto con sus seres queridos, comenzando un camino introspectivo que le permitirá retomar el control de su existencia y de ser capaz de encontrar su lugar en el mundo. El primer contacto que intentará restaurar será su joven hijo, que tendrá lugar durante una inesperada tormenta de verano que les permitirá conocerse mejor mutuamente.

Comentario:


Hirokazu Kore-Eda , el realizador japonés de 54 años, nacido en Tokio en 1962, nos ha hecho reflexionar, detenernos y aparcar la moto en la que generalmente nos desplazamos por la vida, circulando a toda velocidad, y  nos ha obligado a fijarnos en el mundo en el que vivimos, la superficialidad de nuestras opiniones, con demasiada frecuencia contradictorias, y a mirar de cerca aquello que ensalzamos o denostamos. 'Después de la tormenta ', nacida con vocación de cinéma verité, muestra las terribles consecuencias de ser coherente con uno mismo, que obliga al individuo que siente la necesidad de invertir su vida en ser fiel a sí mismo a renunciar a todo (un empleo, una familia, un hogar...). Si el hombre es lo que hace, Ryota quiere hacer aquello para lo que está capacitado y lo siente como un  imperativo categórico para él, una regla moral que no puede imponer al resto de la sociedad que tiene como mayor aspiración llegar a ser 'funcionario', es decir tener un salario asegurado para pagar su casa, la educación de los hijos, etc, abandonando todo aquello que lo define como ser humano. Una realidad que lo aisla de los demás.

Durante casi dos horas Hirokazu Kore-eda se regodea y se deleita en contemplar con su cámara cómo su pueblo  se va occidentalizando, come en cadenas de auto-servicio, que disgustan a la madre de Ryota, juegan al rugby, llevan zapatillas deportivas de marcas norteamericanas, sus casas está dotadas de electrodomésticos modernos, los niños  van a colegios en los que portan uniformes europeos...Todos estos signos de modernidad conviven con los pequeños altares a los antepasados, recluidos en un rincón de la sala donde conviven los familiares, o el futón para dormir.

El protagonista, un escritor que no ha conseguido triunfar a los 50 años, es una rara avis, que como el mandarino que plantó cuando era niño, no da flores, ni da frutos, pero sirve para que se posen en sus ramas mariposas de inexplicables colores; vive rodeado de gente pragmática, depauperado, ejerciendo la picardía en el trabajo de detective que desempeña para obtener información para su propia novela, apostando en las carreras, o rebuscando en casa de su madre algo de valor para empeñar, un trabajo en el que se le adelante su austera y justiciera hermana, bien empleada, pero que intenta obtener prebendas de su anciana madre, una mujer que sufre por el futuro de su hijo y la desintegración de su familia. El cineasta japonés observa de tal manera el mundo que lo circunda y lo traslada a la pantalla con tal fidelidad, que recibe del público la reacción que tal vez busca: la incomprensión de la mayoría de la historia que representa, lenta y sin argumento, que describe más que cuenta; el público americano está más acostumbrado a ver el cine de Kore-Eda, por lo que el tomatometer de la página Rotten Tomatoes da un índice de aceptación del 100 % de la crítica, consultadas 18 reseñas ( es obvio que es un cine de minorías) y un 84 % del público, tras pulsar la opinión de 70 usuarios. No cabe la menor duda de que la inmensa mayoría de la población, incluso los que se consideran portadores de una cultura superior, prefieren ser 'funcionarios' como el hijo de Ryota, entre otros muchos.Una idea que le ha inculcado su madre desde niño, con un objetivo: que no se parezca a un padre, al  que sólo lo puede ver una vez al mes, porque no tiene dinero para pagar regularmente su pensión alimenticia. Después de la tormenta, algo parece que comienza a cambiar.

Críticas:


La película ha gustado a la crítica sin excepción. Ahora veremos con qué argumentos:

Jordi Costa centra su artículo en el fracaso masculino del que son el paradigma el padre y el hijo, pero junto a ellos Kore-eda presenta otros modelos de hombres triunfadores, -el actual amante de la mujer de Ryota y el profesor jubilado que epata a las mujeres, entre ella su madre, con unas pequeñas nociones de música clásica seguidas de breves audiciones, que provocan  un media sonrisa del hijo-. Dos hombres admirados  que han decidido seguir la carrera de 'funcionario' ( lo entrecomillo al convertir el concepto en sinónimo de trabajo seguro y estable). Sí estoy de acuerdo con la cita que incorpora a su artículo de las  palabras que el crítico José Luis Guarner dedicó a El intendente Sansho (1954) de Kenji Mizoguchi: “Desde el primer momento se tiene la sensación, no de asistir al comienzo de una historia, sino a la revelación de un mundo, no algo que comienza, sino que ya es”. Pero no sólo habla del fracaso masculino sino de la relación de los cuerpos  en un cine que el cineasta realiza cada vez más desnudo, (...) confiando " toda comunicación a los diálogos entre sus personajes, pero también a la relación entre los cuerpos de sus actores y los espacios que ocupan. En este sentido, la película encuentra uno de sus temas subterráneos en la descripción de unas estrecheces que son, al mismo tiempo, físicas, económicas y existenciales..." (1)

Para  Francisco Marinera: " Kore-Eda vuelve al tema de la familia, a la crónica costumbrista y a la melancolía de sus mejores películas pero, en ésta, con un sentido del humor y casi del juego (y no me refiero al vicio de su protagonista, más bien al contrario) que convierten el drama en una semicomedia, aunque en buena parte sea el retrato de un fracasado en el sentido profesional o económico y también en el sentimental y familiar. Con el estilo y la narrativa serenos y realistas que han hecho de él uno de los clásicos actuales en la mejor tradición de un género japonés, Kore-Eda sigue las idas y venidas de un hombre de unos cuarenta y algo años que hace ya demasiado tiempo ganó un prestigioso premio de novela y que ahora trabaja, tan poco como le es posible..."

El resto de las críticas se mueven en este terreno, olvidando, quizá, que Ryoto no tiene familia porque no puede, no porque él no quiera o los demás lo desprecien; que el verdadero protagonista es él, y de forma secundaria un padre, un calígrafo tan grande como fracasado. No es el hecho de ser hombres el que los hace fracasar, sino el hecho de decidir ser lo que hacen de acuerdo con sus principios, algo a lo que ha renunciado la mayor parte de hombres y mujeres para evitar una segura marginación, hasta el punto de olvidar que ser coherentes tiene un precio  que ellos no han querido pagar. La actitud es la mirada displicente y el desprecio de una actitud que relacionan con la vagancia, el juego y la falta de sentido común.

Una bella película, lenta, reflexiva, que nos devuelve la dignidad y el orgullo de ser humanos. Yo me identifico con Ryota, un hombre que no sólo sabe lo que quiere y está dispuesto a pagar el precio exigido, sino que comprende a quienes lo rodean y no les guarda rencor.



(1) La transparente lucidez, diario 'El País', 10 de noviembre de 2016.
(2) 'Después de la tormenta': Momentos del fracaso.



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