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martes, 6 de diciembre de 2016

El Show de Truman. Peter Wier. DVD-Blu.Ray




Ficha técnica:


Titulo original: The Truman Show
País: Estados Unidos
Año: 1998
Duración: 102 minutos

Dirección: Peter  Wier (Fakkipoli, La costa de los mosquitos, Masters and Comanders...)
Guión: Andrew Niccol
Casting: Howard Feuer
Dirección de Fotografía: Peter Biziou, B.S.C.
Música: Berkhardt Dallwitz
Edición: William Anderson, A.CE., Lee Smith
Supervisor efectos visuales: Micheal J.MacAlister
Coordinador de especialistas: Pat Banta
Director artístico: Richard L. Johnson
Decorador del set: Nancy Haigh

Diseño de Vestuario: Marilyn Matthews
Supervisor de maquillaje: Ron Berkeley
Supervisor de peluquería: Bette Iverson, Hazel Catmull

Productores: Scott Rudin y Andrew Niccol; Edward S.Fieldman y Adam Schroeder
Productores Managers: Richard Luke Rothschild y Joseph P.Kane
Co-productor: Richard Luke Rothschild
Productor ejecutivo: Lynn Pleshette
Diseño de Producción: Dennis Gassner
Paramount Pictures

Intérpretes:


Jim Carrey : Truman Burbank
Laura Linney: Moryl
Noah Emmerich: Marlon
Natascha McElhone: Lauren/Sylvia
Holland Taylor: Madre de Truman
Brian Delate: Padre de Truman
Una Damon: Chloe
Paul Giamatti: director control habitación
Philip Baker Hall
Peter Krause: Lawrence
John Pleshette: ejecutivo en el trabajo ficticio
Ed Harris: Cristof

Sinopsis:


Truman Burbank ( Jim Carrey ) es el protagonista de un programa de Televisión, sin ser consciente de ello. El joven había nacido, realizado sus estudios, se había enamorado e incluso casado en un inmenso plató lleno de actores, entre los que se encontraban sus padres y su esposa, dirigido por un productor, guionista y realizador, Christof (Ed Harris). Pero llegado a la edad en que uno se enamora, madura, comienza a darse cuenta del montaje. La primera pista se la dará, aunque no la llegue a comprender, un foco que cae del cielo.

Comentario:

Hoy se emite en una cadena generalista el film de Peter Wier, que, a pesar de basarse en un buen guión y utilizar en la construcción de significado metáforas y oros usos desplazados del lenguaje inteligentes que dan pistas muy evidentes al espectador, es posible que haya quedado un tanto desfasado, aunque siga invitando a una profunda reflexión. El director del programa, interpretado por Ed Harris, mediante un modo de representación que no le hace ascos a la hipertextualidad, al uso de diferentes modos de representación, se dirige  a los espectadores a través de una pantalla de televisión y le revela el origen del engaño a un niño no deseado, adoptado por primera vez por una Corporación, que nunca se planteó la naturaleza del mundo hasta cruzada la barrera de los 20 años, porque la mayoría la aceptan tal como se la presentan (ahí radica el éxito de los reality shows, que dan la oportunidad a los hombres de crear un mundo alternativo más agradable que el verdadero; no son prisioneros, dice Cristof, pueden marcharse cuando quiera, si tuviera la más mínima ambición por descubrir algo, nadie podría impedírselo. Pero eso no es del todo cierto, ya que la ignorancia o la falta de recursos intelectuales puede convertir a la gente en seres muy manipulables.


La película comienza con un alegato de Ed Harris, mirando a la cámara, aunque en ocasiones desvíe la vista como profundizando en su propia reflexión, y apelando al espectador, a favor del reality show: "Han llegado a aburrirnos esos actores que expresan emociones falsas. Nos cansan la pirotecnia y los efectos especiales. Si bien el mundo de Truman es en ciertos aspectos una falsificación, el propio Truman no tiene nada de falso. Sin guión, apuntador. No es siempre Shakespeare, pero es genuino. Es una vida." Peter Wier hace complice desde el primer segundo a su público, cuando una cámara cae del cielo delante de los pies del protagonista, cuando le hace mirar constantemente a través de su objetivo, mostrando con frecuencia las zonas oscurecidas que quedan fuera de él, o cuando muestra  esa lluvia que sólo moja al involuntario concursante.

Es un film muy interesante, en el que se muestra al espectador que si el cine persigue el sueño de Frankenstein (Noël Burch ), de llegar a representar lo más fidedignamente la realidad, reconstruirla en la pantalla, y con este objetivo se van incorporando nuevas tecnologías, más o menos afortunadas, la Televisión acaba convirtiendo este objetivo en un auténtico show, cruel y despiadado. Creador (Christof, Ed Harris) y criatura (Truman, Jim Carrey) se erigen en el emblema de un canal, la televisión, y sus destinatarios. La política del creador es generar la ilusión de que su programa lleva la felicidad a millones de personas, y su criatura es la protagonista de la odisea; el interés del personaje reside en que es real, no sigue un guión, como los actores, ni precisa de efectos especiales. Lo que esconde es que es un preso, privado de libre albedrío, y aunque pueda no estar errado cuando afirma que fuera de los muros de su ficción no está la verdad y que el mundo que ha creado para él reproduce las mismas mentiras y engaños que el exterior, le ha negado la posibilidad de crear su propio universo, de rebelarse ante las injusticias y de enamorarse libremente. Truman elige finalmente  la inseguridad, el miedo, el amor, y todo aquello que conforma la esencia del ser humano.

Peter Weir nos hace ver a Truman a través del ojo de la cámara, nos descubre las bambalinas del espectáculo y los groseros anuncios, al tiempo que  vamos descubriendo la farsa a la par que su personaje. El realizador televisivo ha llegado aún más lejos y como en El mundo feliz de Huxley, ha creado una limitación en Truman: el miedo al agua, de la que está rodeado el inmenso plató, réplica de una ciudad, Seahaven, lo que impide a su víctima escapar; el amor que siente por una joven extra le hará ir descubriendo la verdad, a pesar de los inconvenientes que obstaculizan sus pesquisas hasta llegar a la inmensa pared que simula el cielo y se dé de bruces con la realidad. Como dice su amigo Marlon, todo es real , pero está controlado; la pulcra mujer plantea la cuestión de los límites entre lo público y lo privado, pero hay algo más: la ausencia de transición entre el show y la publicidad, práctica cada vez más habitual en EE.UU., donde los actores de los diferentes programas se transmutan en anunciantes, sin previo aviso, lo que va contra cualquier norma deontológica.

Al ser humano le apasiona inmiscuirse en la vida de los demás, cotillear, y la televisión coloca un gran ojo, un gran hermano, que permite a los espectadores estar horas ante la pantalla observando cómo hombres y mujeres realizan las acciones más cotidianas. Generalmente los protagonistas de los reality-shows se prestan a jugar este papel; el plan de Christof se perfecciona al moldear a un ser humano que ignora su condición, que ha nacido en el plató y espera que muera en él. Truman rompe el encanto el día de la emisión número 10.909, luchando con su creador que está dispuesto a acabar con él, ante la repugnancia de patrocinadores y miembros de su equipo técnico.

La competencia entre cadenas de televisión está llegando muy lejos, y no sería extraño que el sueño de Christof tomara por fin cuerpo real. Actualmente todavía existe cierta frontera entre la vida pública y privada, con la excepción del mundo del famoseo, en el que los strepteases morales de los contertulios de programas del corazón dan escalofríos a una parte de la audiencia, pero colman las aspiraciones de sectores importantes de la población. El choque con la dura realidad de Truman es una de kas imágenes más emotivas del cine: "Ahí fuera no hay más verdad que el mundo que he creado para tí, -dice Cristof -,  Las mismas mentiras, los mismos engaños, pero en mi mundo tú no tienes nada que temer..." La gente aplaude, se ríe y sólo se hace una pregunta:"Bueno, ¿Qué ponen ahora?


















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