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domingo, 29 de enero de 2017

Joven y bonita. François Ozon. Comentario.






Ficha técnica, sinopsis, cartel y trailer (Pinchad aquí).



Comentario:


LA PASIÓN POR LO PROHIBIDO




Tomamos como punto de partida el análisis de Israel Paredes Badía en 'Dirigido por..." (El poder del cuerpo. Marzo, 2014), que nos sirve para centrar nuestro comentario sobre un film que ha conseguido grandes elogios en la prensa especializada, sobre todo la de naturaleza masculinista: "Ozon fue uno de los cineastas incluidos en esa tendencia del cine francés de los últimos años, pero de origen anterior, denominada 'cinema du corps', ( Claire Denis, Marina de Van, Gaspar Noé, Bertrand Diane, y Francois Ozon ), es un cine centrado en el cuerpo desde muy distintas perspectivas y miradas, no solo mostrando la corporeidad de una manera más abrupta y carnal, sino apostando por transgredir sus límites representacionales ( incluido el sexo explícito, aunque no sea por ser mayor interés de estos cineastas ) y, sobre todo, apostando por la presencia del cuerpo como un elemento, o bien narrativo o bien discursivo, algo presente desde tiempo atrás en el cine pero posiblemente sin la conciencia de estar haciéndolo de manera explícita."

El trazo fino de su escritura, el cuerpo en proceso de desarrollo de la joven en el que las formas reveladoras de su sexo apenas han comenzado a aflorar, destruyendo en su avance lo poco que queda de la niña que fue, se apoyan en referencias literarias pretendidamente refinadas de las que se erige en representante un adolescente que militó en el decadentismo francés, Jean Nicolas Arthur Rimbaud, que a los diecisiete años se prostituía y a los 19 abandonó  de forma prematura la literatura; la división del relato en cuatro partes, que aluden a las cuatro estaciones del año, marcadas por cuatro canciones de François Hardy y precedidas por cuatro grandes elipsis que fragmentan de forma teatral el relato y dejan grandes agujeros, a modo de efectos de extrañamiento que implican al espectador y le obligan a elucubrar sobre qué empuja a Isabelle al mundo sórdido de la prostitución. La joven fría y anorgásmica descubre en la ausencia de satisfacción sexual la fuente de su poder, que le procura un enriquecimiento rápido y sin esfuerzo, que ella misma se encarga de enfatizar en una charla muy provocativa con su padrastro  en la que con mucha ironía y malicia le informa de que ha ganado 60 euros tras seis horas de trabajo como canguro, lo que contrasta con los trescientos euros por servicio completo que cobraba en su anterior oficio, que le exigía menos tiempo, aunque eso sí muchas duchas.  Este uso del cuerpo de Marine Vatch funciona como una sinécdoque que contamina la totalidad del discurso cinematográfico y se transmite a un contemplación del uso de las cámaras como elegante.

Israel Paredes señala otra de las constantes del cine de François Ozon: el  juego del cuerpo y a la doble mirada del director alrededor del personaje: la de la joven manipuladora y perversa en muchos casos y la de la joven inocente que de verdad no sabe bien en qué se ha metido hasta que lo descubre de forma trágica y regresa al hogar, comenzando un relato cercano al drama de familia, y la película se vuelve más amable y más obvia. Pero lo cierto es que el espectador tiene la sensación de que Isabelle nunca se somete, siempre se reserva su capacidad de actuar, calculadamente, de acuerdo con sus intereses, como lo prueba el rescate del móvil que muchos jóvenes contratan de espaldas a sus padres y que les permite, junto a ciertos programas informáticos, llevar a  cabo una doble vida, validando el pronóstico de la madre: "lleva el vicio dentro."

La joven protagonista ha perdido todo el encanto de la adolescencia, en la que los jóvenes conservan la inocencia de la infancia y comienzan a sentir la llamada del sexo. Es una choca oscura, inexpresiva, que, como otros adolescentes, ha levantado un muro entre la madre controladora a la que deben 'matar' para poder crecer, y que confía más en la independencia personal y económica que le proporcionan sus propios ingresos y en aquellos clientes que, como Georges, son amables y respetuosos con ella. Isabelle carece del encanto de Melanie, la protagonista de Paraiso: Esperanza de Ulrich Sidl (2013), una joven con exceso de peso, que sigue disfrutando de las chocolatinas, de la complicidad con sus amigas, pero a la vez se enamora de un médico mayor que su madre. En el film de Ozon este papel lo representa el hermano, Victor (Fantin Ravat), un preadolescente  tan agraciado como su hermana, que siente la llamada del sexo, un voyeur que se inicia en la práctica de proporcionarse placer a sí mismo y que disfruta imaginando los contactos de su hermana; la cámara recorre con aparente displicencia sensual su cuerpo recostado, lo vigila en la intimidad cuando explora su anatomía ante el espejo en busca del bello incipiente que anuncia el fin de la pubertad y la llegada de la adolescencia, antesala de la juventud. Isabelle se ha convertido en la mujer preparada para satisfacer las fantasías masculinas y sacar provecho de su escasa implicación emocional y sentimental en  sus relaciones con los hombres.




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