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martes, 14 de marzo de 2017

¡Vigilen los cielos! : Ciencia Ficción, los años 1950 y nosotros. Watch the Skies! :Science Fiction, the 1950s and Us. Richard Schickel.








Ficha técnica:


Título original: Sciencie Fiction, the 1950s and Us.
País: Estados Unidos.
Año: 2005.
Duración:

Director, Guionista y productor: Richard Schickel.
Narrador: Mark Hamill.
Directores de Fotografía: Harris Done, George Lang, Daryl Studebaker.
Música: Casey Cohen,
Editor: Bryan McKenzie.
Diseño del título Arn Campero.
Efectos visuales: John Falchi, Gary Forbes.
Colorista: Ed Rowin.

Productor ejecutivo por TCM: Tom Brown.
Co-productor: Doug Freeman.
Compañía: Turner Classic Movies, Time Warner Company., Lorac Production.


Intérpretes:


Mark Hamill: Narrador.
Steven Spielberg. (Encuentros en la tercera fase, La Guerra de los Mundos): "La Ciencia Ficción me parece la mejor bicicleta estática para la mente. Ensancha mucho la creencia de que todo es posible." "La que nos hace reflexionar acerca de la maquinaria que mueve los hilos, que maneja a las masas," "Hay que vigilar los cielos".
George Lucas (Saga Star Wars). "Creo firmemente que si puedes imaginar algo, puedes hacerlo realidad. El cine te permite volver a verlo cuantas veces quieras, hasta que entre en tu imaginación."
Ridley Scott (Alien, Blade Runner). Recuerda con nostalgia los tiempos en los que "Se permitía el lujo de ver un film tantas veces como quería, gracias a las sesiones continuas.
James Cameron (Terminator, Aliens: el regreso.) reconoce que alberga estas imágenes desde niño.


Sinopsis:



Stephen Spielberg, Ridley Scott , James Cameron y George Lucas discuten la importancia de las películas de ciencia ficción y la influencia del género. Después del final de la Segunda Guerra Mundial, aparecieron nuevos tipos de enemigos, aquellos que no se podían ver como el átomo o el temor de lo desconocido como el resultado de la guerra fría. Las películas se convirtieron en metáforas para esos miedos y las películas de ciencia ficción tomaron muchas formas. Incluyen bichos gigantes como las hormigas en La humanidad en peligro (1954) u objeto inanimado como en Monstruos de piedra (1957). En El increíble hombre menguante (1957) el terror proviene de la vida cotidiana - un gato, una araña - a medida que el hombre se hace cada vez más pequeño. La ciencia ficción que implicaba viajes espaciales requería más imaginación. Con destino a la luna (1950) y Cohete K-1 (1950) fueron los primeros intentos de tomar una mirada seria al vuelo espacial y sus implicaciones. Luego hubo encuentros con extraterrestres, algunos benignos, como Klaatu de Ultimátum a la Tierra (1951) ...

Comentario del blog:


Desde que se inventó la aviación, se desarrollaron las armas nucleares y entró en su imaginario el botón que podía desarrollar la hecatombe y el holocausto final, que tiene reflejo en la imagen del ex-marine Jake Sully (Sam Worthington), protagonista de Avatar de James Cameron, convertido en un Na'vi, cuando recién estrenada su montura en un dragón alado, exclama, con emoción, que se puede ganar la guerra desde arriba, un lugar en el que, en tiempos recientes se han incorporado miles de drones, una nueva amenaza para la población mundial, ya que el agresor no sufre pérdidas humanas.

Fue la era atómica la que dio paso a la primer gran época del cine de ciencia-ficción. Durante la Segunda Guerra Mundial, dice Ridley Scott, había un enemigo muy concreto, que representaba todo lo malo y había que resguardarse de él: luego vino la guerra fría, muy relacionada con la paranoia, aunque el concepto refleja una situación real y el cine empieza a tirar de ahí. con un ñema eficiente: ¡agáchate y cúbrete!; Lucas recuerda la época en la que este lema estaba en todo su apogeo y se hacían simulacros de agacharse y cubrirse en las escuelas, y en todos los lugares se hablaba de refugios antinucleares; la guerra fría estaba en los medios y extendía la idea del fin del mundo.

Cameron nos recuerda que nuestro destino está unido a la tecnología y ésta es aterradora. La fisión del átomo, que no podemos ver, y los científicos y tecnólogos se convierten en estrellas de rock y más tarde en lo más malvado que cabe imaginar (no olvidemos que mentes lúcidas amenazan con millones de peligros emanados de las redes invisibles, por las que circula todo, incluido el terrorismo). En 1950, las bombas atómicas daban más miedo a los hijos que a los padres, que creían que dos naciones inteligentes no llegarían a apretar el botón nuclear, algo que casi se produce en la Crisis de los Misiles de Cuba; Spielberg estaba solo en casa y rellenó, bañeras, pilas y todos los recipientes posibles de agua.. Las películas de los años cincuenta jugaban con esos miedos., especialmente aquellos que tenían un origen desconocido, y precisamente de ese miedo salieron muchos de los monstruos, que . según Lucas, hacían tangible lo desconocido., un monstruo al que se pueda ver de verdad, dispararle y hacerle frente. 

De pronto, dice Spielberg, las criaturas más pequeñas que los niños pisaban cuando iban a la escuela (hormigas, arañas..) mutabanm se hacían grandes y acababan pisándonos a nosotros (X-Men). La radiación que produjeron las explosiones de Hirosima y Magasaki incrementaron los miedos de quienes las habían lanzado; las películas advertían al público norteamericano de que sólo a ellos se les podía culpar de ésto. Por lo tanto, hay que acabar con la reina para evitar que destruya el mundo, espíritu que domina 'La Gran muralla' dirigida por Zhang Yimou.

Pero amplios sectores, convencidos de que habían salvado al mundo, veían en las armas y los ejércitos, los buenos de la historia, su única posibilidad de salvación. La ciencia había sido derrotada por sus propias creaciones. Cuando llegaban los alienígenas, instigados por los científicos, a veces creados por ellos, aparecían los tanques y las metralletas. Lo peor es que, con frecuencia, el monstruo decepciona, hay que hacerlo real  Por eso los largometrajes, con frecuencia, sólo tienen trama. En 'The  Monolith Monsters, 1957, los monstruos eran enormes cristales que caían sobre casa de madera.

Pero también se puede imaginar un miedo a la inversa, como hicieron el guionista Matheson y el director Jack Arnold en "The IncredibleShrinking Man, 1957.", que expuesto a la radiacion va menguando hasta ser más pequeño que una araña. Un horror que atenaza a los adolescentes o a los hombres casados, que tienen pareja, que ineluctablemente se rompe.. Una situación que según Lucas desmonta todo el poder y convierte al hombre en un ser indefenso,incluso obviando el aspecto secual y centrándonos en el ego.

Mas la ciencia ficción también se ocupa de la psicología humana, se pregunta sobre la naturaleza del hombre. Los diálogos seguían siendo cotidianos; los cohetes eran hogareños y en ellos se gestaban historias de amor, la ingravidez era un fenómeno divertido. Algunos imaginaron paraísos masculinos habitados solo por mujeres. Hubo, no obstante, un intento de hacer una película, 'Con destino a  la Luna' 1950, en la que no había malos y en la que el tema era el poder y la tecnología de Estados Unidos y su capacidad intelectual de poder llegar a la Luna.; era como una película de reclutamiento de la NASA que todavía no había nacido. En realidad esta película es la madre de 2001, aunque Spielberg no consiguió que Kubrick l reconociera que la había visto; Cohete K-1 tiene el mismo destino moralizante que la película del inglés. El orgullo por nuestra tecnología precede a veces a una trágica caída, un predominio de lo trascendente..¿Querían decir que no habría exploración sin sacrificios?

Cameron defiende que el cine de ciencia-ficción representa una relación constante de amor-odla película es una versión de La Tempestad de Shakespeare. Trata de los grandes misterios que nos esforzamos por entender sobre nosotros, sobre nuestra inmortalidad o el lugar en el universo, cuestiones de las que 'los simios curiosos' no tenemos respuesta

Moebius, como Prospero de Shakespeare,  se había dedicado a estudiar, a descifrar los mágicos secretos de una civilización perdida y cronológicamente superior, la de los Krell, No podía imaginar que la deasruyó un pecado original, el lado malvado de su naturaleza. En su soberbia, no sabía que él también tenía un lado oscuro. A Spielberg le decepcionó no ver unos alienígenas que necesitaban una puerta triangular para pasar. "E sueño de la razón produce monstruos" (Goya).. El id, era un concepto obsoleto que designaba la base elemental del subconsciente y se puede constatar que a pesar del conocimiento no hemos domeñado a nuestros monstruos.

Tenemos el convencimiento de que no saldremos bien parados del enfrentamiento con lo desconocido, y ello nos lleva a dar caña al topo, al que está debajo de nosotros, para que no levante cabeza. En esta batalla los malos son los científicos a los  que atrae lo desconocido, lo prohibido como la luz a una polilla; frente a ellos los personajes militares son los héroes. La búsqueda constante de los investigadores los pone en peligro y con ellos a todos.La reacción de las masas ante los alienígenas es la misma que contra China, Francia o los musulmanes, y muestra nuestra incapacidad de ver el mundo a través de sus ojos; el joven que se hace amigo de Klaatu en 'Ultimatum a la Tierra' es la esperanza que representan los jóvenes de poder llegar a explorar el mundo sin armas atómicas.

En los añpo 50 el espacio exterior era refugio de terroristas, pero si su objetivo es venir a atacarnos, eso, significa, según Ridley Scott, que no son tan superiores, si tienen esa especie de xenofobia. Mandamos al espacio a militares, tipos duros que puedan manejar una contingencia. Esta actitud deriva del holocausto, era una forma de sublimar a medida que se iban conociendo cosas. Un genocidio que no perdonaba a nadie y se extendía a todas las esquinas del globo.

Estas consideraciones acerca de las reglas que rigen el género de la ciencia-ficción son expuestas por los cuatro grandes maestros de la ciencia-ficción canónica, que repliega a su lugar 'La llegada' de Denis Villeneuve, un director que nos estremece en otros géneros, pero que al abordar warw género se aparta (no del todo) de la ciencia-ficción y de los grandes que burlaron las reglas impuestas y afrontaron y afrontan con valentía su propia propuesta, una independencia que pagaron y siquen pagando cara: George Lucas, Steven Spielberg, James Cameron y Ridley Scott. Un desprecio que ha padecido  J.J.Abrams cuando ha querido emular al maestro y ha hecho una obra cara, pero pequeña.Los cuatro grandes del género entendiero bien que hay que conocer las reglas para después romperlas; tra ver este documental en inmediatamente ver un clásico, que no se toma en serio, como Lifeforce de Tobe Hooper.





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