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miércoles, 3 de mayo de 2017

Jean-Marie Straub y Danièle Huillet. Dos cineastas del extrañamien









Podríamos calificar a la pareja formada por Jean-Marie Straub y Danièle Huillet como dos cineastas del extrañamiento, influenciados por Bertol Brecht, cuyas obras se caracterizan por el distanciamiento crítico, muy cercano, a la ostranienie rusa, recurso utilizado por Tarkovski, un cineasta muy querido por nosotros. La pareja, formada por estas dos personalidades muy peculiares, se mantuvo durante más de cinco décadas, desde que se conocieron en 1954 hasta la muerte de Danièle en 2006. Él, natural de Metz (Lorena), Norte de Francia, zona frecuentemente disputada con Alemania, que practicaba un pangermanismo abierto frente al revanchismo francés, experimentó la vivencia particular de ser un ciudadano de Francia hasta los siete años, hablando sólo francés, y posteriormente, durante cuatro años, tras la ocupación de la zona por Hitler, ciudadano alemán, que sólo hablaba la lengua germana hasta la capitulación nazi en 1945. Posteriormente, cuando le llamaron a filas para cumplir el servicio militar, huyó a Amsterdam, donde permaneció hasta la prescripción del delito en 1970, lo que le convirtió en un insumiso.

Ella tampoco era una mujer fácil de domeñar; cuando se examinó para ingresar en el Institut des Hautes Études Cinématographiques, se negó a realizar las pruebas porque el examen se basaba en una película de Yves Allégret Manèges (1950) que consideraba indigna. Esta mujer que en nada representa la que quiere imponer la cultura burguesa dominante, a través de sus modelos de representación, se ajusta a la idea que Straub tiene de la mujer como una roca que no se emociona con palabras, que resiste a lo que resiste el hombre. Resistencia y perserverancia, estas son las claves; resistencia a todo, a los nazis, al padre, a la madre, al texto, a la naturaleza...Pero hay en ellos algo de misógino cuando predican la indiferencia de las mujeres hacia todo ideal, toda creencia, que contrasta con la piedad, algo melodramática de las relaciones entre los hombres.

Con estos mimbres, falta de arraigo a una tierra ( al contrario que Tarkovski, que siente nostalgia de su Rusia), y la firmeza de sus naturalezas indómitas, no es extraño que quisieran romper con la ilusión del drama aristotélico y se aproximaran al pensamiento de Brecht y su distanciamiento crítico y al cine impuro de Bazin. Hoy Intermedio nos acerca a la obra de estos geniales cineastas con la edición de diez películas en dos tomos, que nos van a permitir algo hasta ahora prohibido: el análisis de sus obras. Como hemos afirmado al principio, los podemos considerar dos cineastas del extrañamiento, que utilizan algunos recursos para distanciarse del espectador y favorecer en él la reflexión frente a la emoción, sin que esto suponga el abandono de fines estéticos.

Entre los recursos que utilizan señalamos los siguientes: Títulos muy largos, casi imposibles de memorizar : No reconciliación, o sólo la violencia ayuda, donde la violencia reina; Introducción a la "música de acompañamiento para una escena de película" de Arnols Schoenberg, etc.;  Supresión de subtítulos en determinadas partes del film, para evitar la "aburrida gimnasia" a que obliga la subtitulación que distrae la atención de la mirada de la imagen. La traductora, Ana Useros, ha respetado las decisiones de Danièle en la subtitulación de los films en Francia: reproducción fiel de la singular traducción, ajuste y codificación de Danièle, sin respetar la transcripción de la versión original o del referente literario; rerproducción de los giros gramaticales por los que optó la autora con el fin de acercar el texto de manera fidedigna al espectador, sin paráfrasis, elipsis, reformulaciones o resúmenes; respeto por la duración o la ubicación en la pantalla de los subtítulos, en el centro, en la izquierda, en tres filas. Utilización de un plano tallado como el silex que resiste a todo, incluso al público, que a su vez resiste a algo intratable y que lo niega como público. Rechazo del punto de vista omnisciente que falsea la visión y deshumaniza la experiencia fílmica.

Influenciados por Bazin y su cine impuro, se niegan a realizar adaptaciones literarias o referencias a cualquier manifestación artística que acaben fagocitadas por la representación fílmica. Tratan sus filmes como un documental del propio rodaje. Los Straub dedicaron gran parte de sus intervenciones públicas en coloquios o entrevistas a explicar su método de trabajo y se dejaron filmar, más que ningún cineasta tanto en el montaje como en el rodaje. Cada vez sabemos un poco más de este recurso literario y cinematográfico, y conocemos que leer un poema de Lorca o ver una película de los Straub requiere un ejercicio de análisis. Jean-Marie decía que su cine es sencillo, siempre que se de la condición de que estés interesado en el cine, la literatura o el arte.



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