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lunes, 26 de junio de 2017

Érase una vez en América. Ficha técnica .




Ficha técnica:


Título original: Once upon/*
País: Estados Unidos.
Año: 1984.
Duración: 225 minutos.

Dirección: Sergio Leone.
Guión: Leonardo Benvenuti, Piero De Bernardi, Enrico Medioli, Franco Arcalli, Franco Ferrini, Sergio Leone;  basado en la novela "The Hoods" de Barry Grey.
Casting: Cis Corman y Joy Todd.
Dirección de Fotografía: Tonino Delli Colli, a.i.e.; technicolor s.p.a.
Música: compuesta y dirigida por Ennio Morricone.
Edición: Nino Baragli, a.m.c.
Director artístico: Carlo Simi; en América: James Singelis.
Coordinación de especialistas: Benito Stefanelli

Diseño de Vestuario: Gabriella Pescucci.
Departamento de maquillaje: Nilo Jacoponi, Manlio Rocchetti, Gino Zamprioli.
Departamento de peluquería: María Teresa Corridoni, Renata Magnanti, Enzo  Cardella.


Productor: Arnon Milchan.
Productor ejecutivo: Claudio Manzini.
Consultor del productor: Robert Benmussa.
Compañías: Regency, Warner Bros.


Intérpretes:


Robert De Niro: Noodles,
James Woods: Max,
Elizabeth McGovern: Deborah,
Joe Pesci: Frankie,
Burt Young: Joe
Tuesday Weld: Carol,
Treat Williams: Jimmy O'Donnell,
Danny Aiello: Jefe de Policía Aiello,
Richard Bright: Chicken Joe,,
James Hayden: Patsy,
William Forsythe: Cockeye,
Darlanne Fleugel: Eve,
Larry Rap: Fat Moe (una forma de llamarlo gordo)
Richard Foronji: Whitey,
Robert Harper: Sharkley,
Dutch Miller: Van Linden,
Gerard Murphy: Crowning,
Amy Rider: Peggy,

Angelo Florio: joven Noodles,
Rusty Jacobs: Joven Max/David,
Brian Bloom: Joven Patsy,
Adrian Curran: Joven Cockeye,
Mike Monetti: joven Fat Moe,
Jennifer Connelly: Joven Deborah.

Sinopsis:


Hoy, día 26 de junio, se soporta muy mal la canícula en una tarde bochornosa de un verano que ya ha consumido casi en su totalidad la primavera y el otoño, una tarde que recuerda aquel Brooklyn bullicioso que nos legó Spike Lee en una de las mejores películas que se han hecho y que merece ser recordada, 'Haz lo que debas' (1989), un suburbio en el que los niños jugaban en la calle y se bañaban con el inmenso chorro que salía de las bocas de riego contra incendios. En un día como éstos, en el que la mayor parte de los mortales no está haciendo las maletas para huir de las ciudades a tostarse en playas de lujo, una se pregunta por qué no soñar con una de las películas más grandes que ha hecho un italiano enorme, Sergio Leone, en la que ha puesto lo mejor que Italia, impregnada de una cultura milenaria, puede aportar para escribir la epopeya épica del nacimiento de una nación, un proyecto que arrastraba diez años de planificación, utilizando como medio el arte que Noël Burch llama de los pobres, aunque su poder de introducir mitos e iconos en el imaginario colectivo es tal que hoy todos quieren dominarlo.

'Érase una vez en América' contempla 50 años de la fascinante historia del mundo del hampa, contando con la colaboración del reparto idóneo, compuesto por actores iniciados en el cine noir, entre ellos Robert De Niro y James Wood, que incluye a jóvenes actores que interpretan a los chicos del ghetto judio de Williamburg y nos ofrecen imágenes de una belleza inigualable. Estos actores contaron con el apoyo de Ennio Morricone para crear la atmósfera adecuada para su interpretación, un score que evoca tanto al Spaghetti Western como al cine polar francés, de cuya ambientación musical se hizo cargo el maestro, aunque, en esta ocasión, no olvidó introducir en la cinta algunas piezas emblemáticas de creadores anglosajones, tales como Irwing Berlin (Good  Bluess America), George Gershwin (Summertime), Cole Porter (Night and Day) o incluso Paul McCartney (Yesterday), y trasladó la emoción a su público convirtiendo sus melodías en diegéticas sirviéndose del silbido de uno de los niños.

Bajo el dulce sonido de una flauta que entona el leitmotif del film,  Sergio Leone nos traslada en Erase una vez de America a un barrio judio en los suburbios de Nueva York, un no man's land donde impera la ley de la calle y los niños se inician en el sexo y en la que va a ser su futura profesión: la extorsión, el chantaje y el disfrute de lo ajeno. Este núcleo se unía a Coney Island, un área de entretenimiento de mala fama, por medio de un barco de vapor y el gran puente de Seagache. Por la puerta que lleva al embarcadero del vaporetto sale David Aaron, Noodels de la ciudad, y vuelve treinta y cinco años después; una gran elipsis temporal que Leone suple con un gran flashback, clásico del cine negro, que nos retrotrae a los orígenes de la banda, constiutida por Philip Stein (El Bizco), Patrick Goldber (Patsy) y Maximiliam Bercovicz (Max) y el pequeño Dominic (Noah Moazez) que muere tiroteado por los matones de Bugsy . El joven Fat Moe, guardián de la llave de la caja donde la banda ocultan los fondos comunes, se mantendrá aparentemente dentro de la ley. El decorado de la pared refleja el paso del tiempo.


Comentario:


Como hicieran otros cineastas, Leone moldea el tiempo y lo adapta a sus necesidades narrativas, que giran en torno a una misteriosa llamada telefónica.Tras una secuencia inicial que nos introduce en la historia de unos gángsters que han crecido y se han desarrollado juntos, un gran pastel con velas que taponan botellas de champagne nos recuerda el fin de la prohibición de vender alcohol de la Ley Seca (Acta de Volstead) en 1933; los niños convivían en las populosas calles repletas de judíos ortodoxos, policías y ladrones. Como afectado por un horror vacui el cineasta italiano colma las vías públicas de peatones, las tiendas de fruta y verduras las dotan de colorido, mientras las viviendas rebosan llenas de gentes que se mueven entre muebles decó, lámparas tiffany, cubiertas, ellas de perlas, ellos con gabardinas, sombreros, advertidos todos por el sonido de los pitos de policía... ¿Qué nos puede  aportar hoy una película de esta época, más allá del placer de revivir un tiempo en el que los delincuentes, capaces de hacer a sus víctimas trajes y zapatos de cemento, mantenían las apariencias en público y se desenvolvían con mujeres glamurosas por locales de lujo?  A cualquier observador perspicaz  no le pasa desapercibido el hecho de que en la época que el film representa, y que han recreado tantas veces las películas norteamericanas de cine negro de los años 30, 40 e incluso 50, no se ve el estado por ninguna parte, a no ser que aparezca representado por algún que otro policía corrupto, al servicio de las mafias. Las organizaciones políticas, es decir los partidos y los sindicatos de clase están ausentes hasta que los matones comienzan a infiltrarse en ellos para sojuzgar a los obreros de la industria en fase de expansión, y poco a poco se va reduciendo la posibilidad de ascender en la escala social de estos matones.

Entonces como ahora, el estado no se ocupaba ni se ocupa de garantizar el acceso de sus ciudadanos a un trabajo, una vivienda y todo lo necesario para poder vivir. Entonces como ahora quien encuentra un trabajo siempre, o casi siempre, lo hace porque conoce a un amigo que conoce a uno que tiene una empresa, y al que estará eternamente agradecido; algunos países, como la propia Norteamérica, no ha garantizado hasta hace poco la educación ni la sanidad, y cuando un ciudadano ha enfermado ha tenido que vender lo poco que ha obtenido en su vida para poder curarse (o no). Desde niños, el grupo de Noudle sabe que no tiene a nadie a quien recurrir para que lo defienda de los abusos de quienes de verdad tienen el poder, que no son precisamente los políticos corrompidos por las diferentes mafias; la policía no existe para ellos. Por esta razón , conscientes de que no pueden pedir ayuda a nadie, ajustan sus cuentas y se toman la justicia por su mano; cuando quieren algo, no lo piden, lo toman, sea un tomate, un botín o una mujer; mientras les quede un hálito de vida será así, un hecho que nadie va a cambiar, porque quizá a nadie le importe. Así funciona el mundo, si bien ahora distinguimos entre roba-gallinas y ladrones de guante blanco o alto standing. En el momento histórico contemplado todavía no se había extendido el tráfico de drogas y se mantenía cierta jerarquía social y ciertas normas entre los delincuentes; la gran 'revolución' en el universo de la delincuencia se produjo con la llegada del tráfico de sustancias psicotrópicas, un momento que retrata como pocos Ridley Scott en American Gangsters.






Fuera del grupo, que funciona democráticamente, no hay nada ni nadie, un credo que simboliza una maleta que guardan los jóvenes en una taquilla y a la que más de un cineasta ha homenajeado, entre otros Quentin Tarantino en 'Pulp Fiction' . Tras un primer 'trabajo' de la banda de Noodle, los jóvenes adolescentes, acompañados del niño Dominic, vestidos como auténticos gángsters, llevan la maleta a una caja de la estación, y antes de guardarla la abren y miran su contenido, no mostrado al espectador, una imagen que Leone repite con Noodle ya viejo, dejando ver, ahora sí,  los billetes. De vuelta a casa se produce un cruento tiroteo entre niños y adultos, en el que muere Dominic. Leone nos ofrece imágenes inolvidables del grupo y penetra en la psicología infantil cuando Philip compra un pastel de nata para acceder a los juegos de iniciación sexual con su vecina Peggy en el water común de la vivienda; como la niña tarda él se debate entre los dos placeres y acaba decidiéndose por el dulce, que devora con fruición. Noodle venga al joven Dominic y pasa algunos años en la cárcel, perdiendo la poca inocencia que le quedaba. Cumplida la condena la banda se enrola en asuntos de la mayor envergadura. En un país joven con un capitalismo salvaje y una crisis que echó a millones de parados a la calle, se favoreció la corrupción judicial y policial generó estructuras de poder paralelas, que tenían sus propias leyes y ejecutores. El grupo se puso al servicio de la corrupción sindical y su nivel de ingresos ascendió; la prensa acogió bien la iniciativa con el argumento maquiavélico de que el fin justifica los medios. Bellísima secuencia de Nodle y Deborah en un salón de un hotel, cerrado exclusivamente para ellos con una orquesta que interpreta su canción, Amapola. Tras el esplendor viene el abuso en forma de violación.

Las concomitancias y contaminaciones entre géneros son habituales y especialmente en un director como Sergio Leone que ha dejado obras maestras en el western y el cine negro, y que ahora aborda un proyecto muy ambicioso:  la epopeya del nacimiento y desarrollo de una nación, una relato con tintes de cine negro en el que abundan los personajes justicieros, solitarios y corruptos y se producen enfrentamientos entre los defensores de la ley y quienes se mueven muy bien en el desorden, hombres salvajes, megalómanos y rebeldes, si bien todos los agentes del orden que aparecen en el film forman parte de los segundos. Según Nöel Simsolo, desde 1945 diferentes géneros utilizan las mismas estructuras e iconografías: voz en off, flashback, iluminación con contrastes marcados, y picados expresivos. En el film de Leone la balanza se inclina del lado de la amistad, de la nostalgia de la infancia perdida; el entrañable Robert de Niro con su inconfundible sonrisa, cuyo congelado cierra la película, desempeña magistralmente el papel del gángster, del criminal que, despojado de todo por su gran amigo Max, es incapaz de odiarlo. Sus ultimas palabras son: 'La nuestra fue una gran  amistad'.


Magnífico film de Sergio Leone.



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