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sábado, 15 de julio de 2017

Howl (Aullido). Comentario.





'Lupus est homo homini'. Plauto

HASTA HACE POCO ÉRAMOS UNOS PERFECTOS DESCONOCIDOS ¡OJALÁ SIGUIÉRAMOS ASÍ!




Ficha técnica, sinopsis, críticas,  cartel  y trailer. (Pinchad aqui)


Comentario:


En 2015 Paul Hyett se puso detrás de las ´cámaras y al frente de un equipo de dirección para realizar su opera prima: Howl, (Aullido), un film que ha sido despreciado por los 'top critics' porque, quizá, no se ha entendido la magnitud del proceso que se estaba llevando ante su despistada mirada. Un reconocido creador de prótesis para seres fantásticos, que ha participado en proyectos como 'El descenso' (2005), 'El día del juicio final' (2008), 'Sin identidad' (2011) o 'La mujer de negro' (2012), carga a su director de fotografía, Adam Biddle, con una Arri Alexa, la cámara más popular en el cine europeo y de la misma marca que la que usa el multi-oscarizado Emmanuel Lubezki en 'The Revenant' ( hay que tener mucho cuajo para criticar su trabajo, aunque no faltó quien lo hizo), un sistema que se ha convertido en el más complejo  jamás èrgeñado, según sus creadores, y le encarga la misión de construir una imagen acorde con sus tiempos, oscureciendo aquello que debe figurar en el encuadre, pero no es demasiado realista, y acentuando lo que concierne al relato; una forma de trabajar muy habitual en los últimos tiempos. El joven fotógrafo investiga las nuevas posibilidades que ofrece el cine digital para semantizar las imágenes mediante el color, y conseguir la suficiente información visual en las escenas nocturnas en las que se empobrece la luz y, a la vez, un rango dinámico bastante amplio para que los actores no desaparezcan en la penumbra, sobre todo cuando importa que se vea su reacción. Conseguir el equilibrio es difícil, como comprobamos quienes vemos cine cada día,  y en especial en el interior de unos vagones que no dan juego a los cámaras en las tomas laterales.

Director y fotógrafo logran crear un clima asfixiante, claustrofóbico, en un espacio reducido en el interior de un vagón de tren en el que diez personajes atrapados en un set tubular, en el que es imposible distanciarse del compañero y adquirir una perspectiva adecuada de lo que revelan sus actitudes y comportamientos, con un relato eficaz que busca despertar cierto regustillo masoquista, pero no sádico. Todos los jóvenes que colaboran en este equipo están dispuestos a explorar al máximo las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías, que contaminan a cineastas consagrados, con más edad y experiencia, pero que se están iniciando en los nuevos medios; el sonido, a cargo de Markus Moll , y la música, realizada por Paul E. Harris, son de vital importancia para crear atmósferas, mezclando aullidos con una música que busca motivos, más que melodías, para crear una diégesis terrorífica, inspirándose en grupos como Radiohead, Goldfrapp o Portishead, huyendo de las típicas bandas del género de terror.

En contra de lo que se quiere hacer creer, supone una mirada nostálgica a la década de los 70, que hoy vuelve a estar en boga, un tiempo en el que cineastas consagrados introdujeron la música electrónica en sus scores musicales. Una opción por la que se inclinaron cineastas como Stanley Kybrick en 'La naranja mecánica'. que encargó el score musical a Walter Carlos (Wendy después); después William Fredklin  seleccionó para poner música a la  banda sonora de 'El exorcista', tras algún conflicto no conocido con Lalo Schifrin, a Mike Oldfield, que acababa de publicar 'Tubular Bells' para la Virgin.  Por lo tanto, recurrir a la música rock para construir junto con otros elementos las bandas sonoras de las películas no es algo no tan innovador como se quiere hacer ver, sino que constituye una opción estilística  en la que ya militaron, entre otros, como hemos visto, los maestros del giallo italiano, en especial Dario Argento, encandilado por la música de Goblin, un buen representante del rock progresivo, no sólo en su obra maestra, 'Suspiria', sino en muchas otras que le sucedieron. Paul Hyett toma la decisión de combinar sonidos y melodías que acompañen la lucha entre los que todavía son hombres y los híbridos convertidos en hombre-lobo, cuyos cuerpos se han trabajado de tal forma que se encuentran a mitad de evolución entre una especie y otra, y son las patas las que se someten a un tratamiento informático.

Con el discurso visual más pretendidamente actual, y con grandes medios a su disposición, Hyett aborda un aspecto universal y esencial del ser humano: la competición mortal entre los integrantes de su especie por progresar a costa de todos los demás, algo de lo que ya advirtió el propio Darwin al formular su teoría sobre la selección natural, que no ha sido aceptada universalmente porque algunos opinan que no es neutra y puede ser utilizada torticeramente, que sólo señalamos aquí para recordar que Plauto nos advirtió en su 'Asinaria' de que 'Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit '. (El hombre es un lobo para el hombre, no un hombre, cuando desconoce quién es el otro), un contexto intelectual en el que el guionista encaja una enigmática reflexión: 'Hasta hace poco éramos unos perfectos desconocidos. ¡Ojalá siguiéramos así! Suponemos que nos quieren trasladar la idea de que esto podría significar que nadie habría roto el equilibrio. Hyett elige un espacio muy particular, una trampa de la que nadie puede escapar, un tren, en cuyo interior cada uno de los escasos pasajeros y los empleados del ferrocarril irá evolucionando hasta mostrar su verdadero yo; Joe, el héroe, llega al conflicto contaminado, dolido: le acaban de denegar un ascenso por ser demasiado condescendiente con los clientes. Un ser paciente, humano y sensible, frenará su alter ego maligno hasta que el hombre empoderado del grupo lo ponga contra la pared y lo transforme en una bestia. Un cambio en su naturaleza, propiciado por su propio resentimiento y la prepotencia de su adversario, que pone de relieve la única superviviente, una compañera que aprieta en su mano la etiqueta que lo identifica como hombre y que a la vez revela su rango, que el hombre desea superar. Pero el conflicto desvela, además, que, tras una apariencia de fiel y sumisa amante de una mujer, puede esconderse otra alimaña; el incidente con esta mujer, que viaja con su esposo, que la protege hasta el final y que recibirá como pago a su protección el ser devorado por su querida esposa, nos invita a la consideración de que también las apariencias engañan,

Este subtexto, que en la superficie adquiere la forma de una historia de hombres-lobo, infectados por otros que pululan por el bosque, se trata con cierta arrogancia juvenil por un equipo de realización, que ha molestado a una crítica que no ha sabido o no ha querido recompensar su trabajo, y que probablemente habrá hundido por algún tiempo la esperanza de estos jóvenes británicos de seguir adelante con sus proyectos. Paul Hyett ha estrenado este año 'Peripheal', con un equipo totalmente nuevo; es lo que ocurre cuando se sufre un traspiés, especialmente si se trata un grupo de jóvenes con medios (una Arri Alexa no está al alcance de cualquiera) y ganas de cambiar las cosas, que no coinciden con los gustos o intereses del cuarto poder, y que demuestra que, aunque no haya poderosas compañías detrás, es fácil rebajar los humos de quien no es dócil con los que tienen la sartén por el mango. Esto lo sabe cualquiera que lucha por vivir de acuerdo con sus aspiraciones personales y no sometido al control de los demás.


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