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viernes, 25 de agosto de 2017

Castores zombies (Zombeavers)




Ficha técnica:


Título original: Zombeavers.
País: Estados Unidos.
Año: 2014.
Duración: 73 minutos.

Dirección: Jordan Rubin.
Guión; Al Kaplan, Jordan Rubin y Joon Kaplan.
Casting; Chadwick Struck.
Dirección de Fotografía: Jonathan Hall.
Música: Al Kaplan, Jon Kaplan.
Edición: Ed Marx y Seth Flaum.
Dirección artística: Jamie McCall.
Decorador del set:  Goar Galystian.

Diseño de Vestuario: Allison Leach.
Jefe de Departamento de maquillaje: Kety CCapoccia,,
Jefe de Departamento de peluquería: Ashley Cordova,
Maquillaje de criaturas: Creature Effects, Inc.

Productores: Evan Astrowsky, Chrys Lemole y Tim Zajaros.Chris Bender, Jake Weiner, JC Spink,
Productores ejecutivos: Theodore Miller, Alan Pao, Billy Rosenfeld.
Productor asociado: JB Miller.
Diseño de producción: Fredrick Waff.
Compañías productoras: Epic Pictures, Armory Films y Benderspink, asociado con Hipotenuse Pictures

Intérpretes:


Bill Burr : Joseph,
Cortney Palm: Zoe,
Rachel Melvin: Mary,
Lexi Atkins: Joe,
Hutch Dano: Sam,
Peter Gilroy: Buck
Jake Weary: Tommy,
Brent Briscoe: Winston Greggerson,
Phylis Katz: Myrna Gregson,
Rex Linn: Smyth,


Sinopsis:


Tres amigas universitarias deciden pasar un fin de semana alquilando una cabaña cerca de un lago para pasar sus vacaciones entre diversión, alcohol y sexo. Sin embargo sus planes se truncan cuando descubren que el lago está lleno de una plaga de castores zombies que devoran a las personas.


Comentario:



No es la primera vez que el cine de explotación de terror combina la violencia gore con la explotación sexual y las alteraciones ambientales provocadas por vertidos tóxicos, a causa de la pérdida de un barril de residuos que cae al agua y provoca mutaciones en sus huéspedes . Este es el tema de 'Los zombis paletos', dirigida en 1987 por Pericles Lewnes, una película producida por 'La Troma' , en la que se hace circular un rumor de que un recipiente de esta clase, cargado con 50 kilos de basura nuclear, procedentes de experiencias de guerra química, falta de los almacenes de Fort Henry Dicker en Maryland. (Parece que todo lo malo pasa en este estado norteamericano ).  Pero, si bien aquí los afectados son unos castores y aquellos a quienes muerden, en la cinta de La Troma los que ingieren el líquido asesino son un grupo de campesinos rednecks (cuellos rojos), totalmente desinformados, que  encuentran el bidón con un líquido verdoso, lo destilan y lo reparten entre los vecinos, que pronto sufrirán severas mutaciones, convirtiéndose en seres hambrientos de carne humana, cebándose en un grupo de excursionistas que se han adentrado en el bosque buscando un lugar plácido donde acampar. Aquí se recurre al background de siempre: unas estudiantes capitolinas llegan a un lugar de sencillos y reprimidos aldeanos, se despojan de la ropa, se bañan en el lago con un bikini, del que, la más atrevida prescinde de la prenda superior, y son objeto del deseo de los castores y de algún cazador despistado; luego aparecen sus parejas y la atracción mutua incrementa la pasión. Un buen símbolo.

Sin embargo hay dos cosas que anuncian que el film no es tan barato: el hecho de que los títulos de crédito estén bien nutridos y el que la crítica se haya molestado en escribir, aunque sea una columna negativa, consciente de que, como dice Scorsese en 'El lobo de Wall Street'. no hay publicidad mala. El film está mejor construidos que sus primos, cuyos protagonistas son escualos zombis, la imagen, aunque convencional, está más cuidada y los recursos son mayores, generando más tensión cuando toca. Sin embargo, los bichos son horrendos y es difícil que asusten a nadie; el guión es más atrevido en el aspecto sexual que en el de terror, a pesar de abundar las escenas gore muy explícitas.

Yago García, Cinemanía,  contempla la película como una larga broma a costa de estereotipos de terror ochentero, (hoy se ve, sin escándalo, más carne en la calle de cualquier pueblo o ciudad); Mark Adams de Screendaily la siente también como una gran broma, bien prolongada, aunque familiar., aunque a Scott Foundas, Variety, confiesa que se le agota la paciencia antes de alcanzar los escasos 76 minutos de su metraje.




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