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domingo, 17 de septiembre de 2017

Los ojos del gato. Crítica.




Ficha técnica, sinopsis, cartel y trailer. (Pinchad aquí)


Crítica:



Combinar el nombre de Stephen King con los ojos de un animal  como el gato, que brillan en la oscuridad y  les  permiten orientarse en las tinieblas, provoca, de entrada, inquietud en el espectador que espera de Lewis Teague un relato de terror con mayúsculas. En vez de esto nos encontramos con un inofensivo felino que funciona como conector de las tres historias breves que constituyen la trama, desempeñando un papel pequeño, aunque curioso, en los dos primeros capítulos de los tres relatos que la conforman, y otro más relevante en el que pone punto final al film, protagonizado por Drew Barrymore.

Nuestro gato es un pardo atigrado sin pedigree que deambula por las calles, en la mayor parte de las ocasiones huyendo de un hipotético agresor,  hasta desembocar en casa de Amanda, una niña que se queda prendada de él, pero cuya madre es una mujer estricta, 'perfecta', afectada por una obsesión por la limpieza que se manifiesta en el escrupuloso control del cepillado de dientes de la niña, y en la prohibición de que el gato permanezca en su cuarto, porque según su propia madre, la abuela de la niña, estos animales roban la respiración a los pequeños, sentándose sobre su pecho mientras duermen.

El film que dirige Lewis Teague define a sus protagonistas por sus mentalidades. En primer lugar el que intenta aprovechar las debilidades de sus conciudadanos, en concreto el tabaquismo, para obtener un rédito económico, una adicción que persigue con la ferocidad propia de quien no ha superado la suya propia y muestra una gran dureza con quien todavía nada en la indefinición, amenazándole con terribles castigos si aumentan el peso como consecuencia del abandono del tabaco. Una actitud verdaderamente sádica y vengativa, que permite enriquecerse a costa de aquellos a los que a la vez destruyen  la vida.

El siguiente es un rico resentido que quiere humillar a cualquier precio a un deportista de élite, ofreciéndole un dinero que necesita poniendo en serio peligro su vida de una forma denigrante: lo obliga a dar la vuelta a un edificio por una estrecha cornisa, mientras sufre el boicot del millonario , un martirio que dura hasta que  el joven consiga que cambien las tornas. En esta historia el gato actúa como simple espectador, frente a la primera historia en la que la víctima sufre la falta de escrúpulos de un empresario que ha creado una empresa para 'ayudar' a quienes lo necesitan y que se ceban en ellos al tiempo que los saquean.

En la última historia Lewis Teague recurre a Lovekraft y da forma a los terrores de la niña, en forma de un elfo terrible que le roba la respiración,  de los que la librará el 'Coronel', es decir el gato, a pesar del ostracismo a que lo ha condenado la madre. No obstante el felino no funciona siempre como la diosa protectora del hogar, el símbolo de la alegría de vivir, que lo asocia con la diosa egipcia Bastet, sino que actúa por instinto, caza pájaros que más tarde devora, roba la comida que no está bien protegida, y, en última instancia queda en la oscuridad en la que generalmente se desenvuelve, la verdadera historia que hemos presenciado sin acabar de quedar claro que es tan beatífica como parece.

Una película que nos atrevemos a recomendar no sólo por lo que cuenta, sino por la forma en que lo hace, sin caer en un maniqueísmo excesivo en este tour de force en el que hombres y mujeres empoderados intentan aprovecharse de quienes se encuentran en una situación de franca debilidad por cualquier circunstancia. Incluidos los gatos. Es difícil etiquetar una película tan ecléctica como esta, que participa de diversos géneros:  de terror,  thriller, e incluso comedia.




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