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jueves, 7 de septiembre de 2017

Silencio desde el mal. James Wan. Comentario.





CUANDO JAMES WAN YA APUNTABA MANERAS: Si esperas un susto, seguro que te lo da.



Ficha técnica, sinopsis, cartel y trailer. (Pinchad aquí)



Entre Saw e Insidious, James Wan realiza este film que ya contiene algunos elementos estilísticos de la segunda saga que tanto éxito tuvo entre amplios sectores del público. Otra vez, como ocurría en 'Pesadilla en Elm Street', un personaje desempoderado sufría la venganza justiciera, en este caso de una familia poderosa. Las ventrilocuas (de venter-ventri, vientre, y loquor-loqueris.locutus sum, hablar) eran brujas muy temidas, ante las que, si aparecían frente a sus víctimas, éstas no podían gritar o sufrían atroces consecuencias.

La historia y los personajes están escasamente desarrollados, y los recursos son escasos, lo que redunda en la calidad del producto, pero algunos sustos no se puede negar que son efectivos. El uso del juguete, está interpretado por Roland Barthes, en sus Mitologías, y devela las razones por las que se usa con tanta frecuencia para dar miedo."El adulto francés, dice el semiólogo-, ve al niño como otro igual a sí mismo y no hay mejor ejemplo de ésto que el juguete francés. Los juguetes habituales son esencialmente un microcosmos adulto: todos constituyen reproducciones reducidas de objetos humanos, como si el niño, a los ojos del público, solo fuese un hombre más pequeño, un homúnculo al que se debe proveer de objetos de su tamaño." (...) El juguete francés siempre significa algo; los de Wan son de madera, no vibran ni chirrían, tienen un sonido sordo y limpio y están hechos con una sustancia familiar y poética, que permite al niño una continuidad con el árbol, la mesa, el piso, como pone de manifiesto la imagen final.

La clave del terror que suscitan, que jamás provocaría un muñeco de plástico, es que duran más, son esenciales, para siempre, o casi, posibles en tiempo del artesano, como esta bruja que no tiene hijos, sino muñecos que construye no con el material noble con el que se hizo Annabelle, sino con otros componentes especiales y relacionados con su venganza. Si en el ejercicio de deconstrucción del lenguaje de terror de los trabajos anteriores de James Wan se mostraba como el propio cine utiliza la sintaxis audiovisual para asustar a su público, sirviéndose de una serie de recursos y convenciones que simbolizan nuestros temores y los demonios que anidan en nuestro subconsciente, contrarrestando de este modo la erosión de lo simbólico por parte de  la posmodernidad, aquí se debilita en parte el discurso por la aparente pereza de contar una historia más atractiva. Wan comienza aquí a desarrollar la tesis de que los fantasmas no poseen objetos, sino que los los utilizan para poseer a las personas, como hace el propio cineasta con el género de terror, que utiliza para poseer y embrujar al espectador, según Roberto Alcover Ortí.





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