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sábado, 14 de octubre de 2017

El muñeco de nieve. Crítica.Tomas Alfredson.





Ficha técnica; sinopsis, lo que se dice, cartel y trailer. (Pinchad aquí),



Crítica:


Sorprende la reacción de la crítica norteamericana ante el nuevo film dirigido por un cineasta que hizo una de las películas que marcaron el comienzo del siglo XXI con una reflexión acerca de la violencia estructural, cultural y directa de que habló el sociólogo y matemático noruego Johan Galtung, autor del famoso triángulo de la violencia, que  hizo temblar los cimientos de la cultura occidental, Déjame entrar, que fue objeto de un remake de Matt Reeves, 'Let me in' protagonizada por la preadolescente Chloe Grace Moretz, que no logró perturbar a su público, como lo hizo el film del sueco Alfredson. Luego vino 'El topo', mucho más fría y a la vez más recordada por unos espectadores poco o nada afectos al género de terror, que narraba una historia oscura de espías y que consiguió amontonar un gran número de premios, una película que volvía a la época de la guerra fría y cultivaba el fantasma de los espías infiltrados. Su tercera película conocida en occidente llegaba, pues, precedida de cierta expectación, al menos para quienes nos convertimos en seguidoras del director de la historia de una vampirita tan especial, que jugaba con su amigo en aquel patio helado de un suburbio. 

No parece haber sido ésta la tónica general en la prensa inglesa y norteamericana, probablemente dolidas al no haber podido superar el film de un nórdico desconocido, cuyas tres primeras películas, -Bert: The Last Virgin, (Bert: Den siste oskulden, 1995), Office Hours (Kontorstid, 2003) y Four Shades of Brown (Fyra nyanser av brunt, 2004) -, apenas habían tenido repercusión fuera de su país. El Tomatometer de la página Rotten Tomatoes no sólo la suspende, sino que la humilla con un índice de aceptación del 23 %, obtenido de la consulta de 70 reseñas, mientras refleja una expectación del público del 96% (ignoramos si no se ha estrenado todavía o no se va a estrenar en EE.UU., como ocurriera con Regresión de Alejandro Amenabar, o no han actualizado datos ). Los argumentos que dan sus top critics son bastante superficiales: se producen muchas más cosas en la superficie que en el interior (Guy Lodge, Variety); película fría, sin vida y convencional (Stephen Dalton, The Hollywood Reporter); oportunidad perdida de quien toma todas las referencias de las películas buenas y las desaprovecha (Jonathan Pile  de Empire) etc. Uno más sugiere que él ha leído la novela de Jos Nebo, una circunstancia que cree que lo eleva por encima de los demás, olvidando los consejos del gran contestatario Peter Greenaway, que afirma que una película no es un guión y mucho menos una novela, sino un producto de un modo de representación autónomo, que tiene la imagen como su principal narrador, como ya advirtiera Buñuel en 'El perro andluz', cuando se cortaba el ojo a una espectadora con una guillette. Contrata esta visión con la de los críticos del cono sur, aunque no deja de sorprender la afirmación de María Fernanda Mugica (diario 'La Razón) quien no cree que sea necesario justificar . "Termina decepcionando  su conclusión por no estar a la altura de la complejidad con la que se había construido el misterio."

Con una gran exhibición de especialistas norteamericanos (casting a cargo de Jina Jay, música  de Marco Beltrami, edición de Claire Simpson..., y gran protagonismo el actor germano-irlandés, nacido en Alemania , Heidelberg, y afincado en Estados Unidos, donde ha protagonizado franquicias millonarias, entre ellas las últimas entregas de la saga 'Alien',  y producciones de todo género que provocan gran expectación en el público), comienza de la forma más convencional del género noir o suspense policial del que Fassbender se convierte en máximo garante. La secuencia inicial nos informa de la mayor parte de los aspectos que se van a desarrollar después: el tema, la trama, el background , los protagonistas del subgénero de asesinos en serie, e incluso la causa de la psicopatía del criminal y su filiación personal, así como los causantes de su trastorno mental. Todo ello condensado en unos pocos minutos, ante los ojos inquisitivos de la cámara, que sólo deja una incógnita que resolver: ¿cómo se llama el personaje ?, lo que no tiene una importancia capital y, sobre todo quien será de todos los que, tangencialmente, cruzan por las diferentes historias de mujeres aparentemente asesinadas por sus compañeros, Paralelamente el desarrollo de la ciencia nos indica que se puede ya realizar operaciones de estética con tratamientos hormonales nada intrusivos y con aplicaciones derivadas que se pierden apenas han sido apuntadas.

Es cierto que, para un espectador español resulta un tanto difícil seguir una historia con bastantes personajes cuyos nombres son difíciles de memorizar y que circulan apenas unos minutos por la pantalla, con historias muy parecidas: mujeres que se llevan mal con sus maridos y compañeros  de parejas sucesivas, aportando a la relación hijos de otros, con frecuencia de padres no confesados. Asesino y policía, encarnado por Fassbender, se sitúan, por una circunstancia debida al azar en una relación de proximidad. El alegato final supone una denuncia de una sociedad moralista y casposa que hace responsable de los males de la colectividad a las mujeres, una idea que desmonta Alfredson de una forma tan poco habitual y tan poco ligada a las emociones y los sentimientos, tan racional en la tierra de Galtung, que muchos no llegan a entender. Pero escandaliza que quien recibe sustanciosos emolumentos por generar opinión se eche de encima sus responsabilidades con argumentos tan débiles y, a la vez, precisamente por eso,  tan asimilables por la población. Una película fría, difícil, clásica y combativa que muchos debieran ver. Una historia contada sin paternalismos hacia las mujeres, féminas que no se adaptan a los modelos  de la moral patriarcal, que merecen una reflexión, cuando son miles las que mueren a manos de los hombres, pero que, a la vez, no cede a lo facilón, sino que su trayectoria personal obliga a no dejarse llevar por las sinergias que se ponen en marcha desde el poder. Trabajos secundarios a cargo de Val Kilmer, J.K.Simpson o Charlotte Gainbourg, con un perfil muy acusado en los países nórdicos, se encargan de limar los estereotipos.




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