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domingo, 29 de octubre de 2017

La mano del diablo, Crítica.





Ficha técnica, sinopsis, cartel y trailer. )Pinchad aquí)



Crítica:


Vivimos en una época de confusión en la que los poderes fácticos han conseguido, a través de sus poderosísimos medios de comunicación, introducir confusión en las mentes de los menos capacitados para entender cualquier mensaje que se emita desde quienes controlan los medios de producción,  ahora tan poderosos que una plataforma cualquiera de las redes sociales consigue acumular más beneficios que todo un país mediano saliendo de sus casas cada día a cumplir jornadas laborales prolongadas por unos cuantos euros. Pero si a los amantes siempre les quedará París, a los demás, los que no pueden acudir a espectáculos de élite como el teatro (con excepción de algunas puestas en escena de compañías independientes), el ballet, la ópera o el acceso a la última novela de éxito que alcanza precios exorbitantes, siempre les quedará el cine, el entretenimiento de los pobres desde su creación, según Noël Burch, y el refugio de los rebeldes Es cierto que el estrangulamiento a que está siendo sometido, el medio de representación que se desarrolló a comienzos del siglo XX, un hecho que avala su juventud, vacía las salas, aunque todo el mundo sabe como esquivarlas, en detrimento de muchos valores incipientes, mientras que quien posee solvencia económica está empezando a alquilar  estas mismas salas para dar ringorrango a sus miserias.





Hoy cuando los malsanos medios de entretenimiento buscan el curriculum de quien por cualquier circunstancia alcanza la fama (no siempre para bien o para su bien), encontrarían 'más madera' en la vida de un modesto  hijo de un mayorista (los había todavía más modestos) , que nacíó en la última década del siglo XIX y murió apenas el XX había doblado su Ecuador, en 1961. El joven parisino se formó como diseñador gráfico e ilustrador, y desarrolló una sensibilidad que supo plasmar en los límites de su diégesis cinematográfica, tras optar por enmarcarse entre los cineastas que siguieron una política de encuadre, al que cargaban de la máxima significación, mediante la sucesión de secuencias tomadas con cámaras fijas, que se hilvanaban con entradas y salidas de campo, travellings muy sencillos que seguían al actor en el cambio de escenario, toda clase de cortinillas como elementos de transición, y alternancia de los textos dialógicos entre el truco del campo-contracampo o el diálogo en el propio encuadre, una forma no muy complicada de montaje. Una manera de narrar que tiene mucha más relación con las series pictóricas de los retablos o las historias que contaba Boticelli, en sus cuadros seriados, que con el expresionismo exacerbado del montaje ideológico de Eisenstein.




De su matrimonio con la actriz Fernande Petit tuvo un hijo, también cineasta, Jacques Tourneu, que le sobrevivió tan solo 16 años. Influenciado por su esposa aceptó papeles de reparto en el teatro, realizando giras por Inglaterra y América del Sur, en la compañía de la actriz Gabrielle Rékane, hasta que en 1911 consiguió un trabajo de ayudante de dirección en la compañía Éclair. La expansión de la industria francesa en Estados Unidos le ayudó a realizar sus primeros trabajos en cine silente. Admirador de Griffith hizo su carrera en grandes compañías norteamericanas, fue contratado por el propio Samuel Goldwyn y constituyó su propia empresa. Su intenso pictoralismo, el abandono de su mujer que lo precipitó en la angustia y otros factores adyacentes acabaron con su carrera norteamericana, hasta el extremo de ser separado por la Metro Goldwyn-Mayer de la dirección de 'The Mysterious of Island',  película basada en una obra de Julio Verne.




Tras su vuelta a Francia, se volvió a casar, y dirigió películas de cine negro y fantásticas de terror, como la que hoy nos ocupa, pero, como si le persiguiera la misma sombra que a su protagonista, perdió una pierna al ser atropellado por un coche, lo que lo obligó a abandonar el cine y pasar sus últimos años pintando y traduciendo novelas de detectives del inglés al francés. El protagonista de 'La mano del diablo' es un pobre hombre, probablemente como él, un pintor sin imaginación, que vive con más o menos despreocupación, aun a sabiendas de que sus cuadros no le interesan a nadie, que vive una vida bohemia, en la que se gana el prestigio a costa de disponer de un abundante fondo de armario de camisas viejas y sucias con las que epatar a sus colegas de Montparnasse cada día. De esta forma se convierte en el terreno abonado para la codicia y la ambición, la de los hombres que, a través de los siglos, han arriesgado su vida y han vendido su alma al diablo : mosqueteros, carteristas, tahures, ilusionistas, malabaristas y otros hijos bastardos de la Fortuna, la de los abocados a la miseria por no aceptar la vida como es, injusta y desaprensiva: escritores, pintores, músicos, científicos. Todos ellos caerán, no después de la muerte, como algunos creen, sino en esta vida, en manos de auténticos diablos que no aceptan que los utópicos pululen en el universo, y que algunos mueren sin entender el sentido de los versos de Joan Maragall: "No ets encara el millor temps, pero en tens tota l'alegría" 1





El diablo le quitó al hijo de un leñador de Los Alpes, Maximus Leo, nacido en 1422. Criado por los monjes de la abadía de Alleward, en los Alpes Franceses, fue dotado por Dios de grandes poderes en su mano izquierda; el diablo encontró la forma de enredar a los que la vida había negado de cualquier oportunidad y arrastrarlos consigo al infierno, y utilizando las peores tretas, no sólo les robo el alma, sino también la vida. Esta gran metáfora en la que no todos los hombres tienen la misma responsabilidad está bellamente narrada. Maurice Tourner ha cuidado con esmero cada encuadre, en el que la abundancia de personaje no tiene consecuencia en la limpieza de la imagen, en la que predomina el minimalismo clásico y la sencillez, que directa o indirectamente ha influido en el moderno género indie





Su revisión actual nos hace entender que aquello que nos dio miedo cuando éramos niños (un grifo que gotea, un personajillo vestido de negro y convertido en emisario del diablo, personajes que se desvanecen...) no son elementos suficientes para causar terror hoy, cuando los medios para representar casi cualquier cosa han evolucionado tanto que el intento de directores como Tourneur pertenecen al reino de la nostalgia y como mucho nos evocan a unos directores y unos actores que ya no están con nosotros, pero que hicieron temer a nuestros padres.

Muy aconsejable



1. "No ets encara el millor temps, pero en tens tota l'alegría" Joan Maragall Coromina." (No es todavía el mejor tiempo, pero tienes toda la alegría."

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