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sábado, 11 de noviembre de 2017

La librería. Crítica:




Ficha técnica, sinopsis, lo que se dice, cartel y trailer (Pinchad aquí)


Los jueces no sólo son ciegos, como advierte Noël Simsolo, sino que se han hecho viejos e incapaces de descifrar el momento que viven, y, por esta razón, llegan a calificar el nuevo film que realiza la catalana Isabel Coixet como una obra para personas de buen gusto; de lo que se ha hablado mucho en relación con la última película de Coixet es del carácter, en cierta medida autobiográfico y del papel que ha jugado la cineasta en el procés català , algo muy difícil de percibir en el relato, ya que el abuso que se ejerce por las clases dominantes del pequeño pueblo costero inglés es perfectamente atribuible a cualquier momento del conflicto y a cualquier país del mundo, ya que la igualdad perfecta no existe. Dicho ésto, el film es un quiero y no puedo que parece emular el tomo y la atmósfera de la producción de Brooklyn, (2015), dirigida por John Crowley y protagonizada por Saoirse Ronan, una joven irlandesa que emigra a Estados Unidos en busca de un futuro mejor, aislada de una familia que queda en el terruño. Aquí, el personaje de Florence Green, una joven viuda, se muestra como el de una joven desarraigada cuyo marido murió en la II Guerra Mundial, una mujer joven que intenta rehacer su vida  enlazando con la actividad que realizó junto con su esposo antes de la contienda.

Toda la película gira en torno a ella, un planteamiento centrífugo que expulsa de su alrededor a todos los demás personajes, actores de primera línea como Bill Nighy o Patricia Clarkson, que desempeñan tristes papeles, encarnando él todos los valores de un gentleman y ella todos los vicios de la sociedad más corrupta que llega a utilizar familiares para cambiar las leyes a su capricho. El poder dispone de resortes para imponer su voluntad. Sólo un personaje, casi mágico, el de una niña, Christine (Honor Kneafsey), está contemplada de tal manera por la cámara, que anuncia que su paso por la historia no es intrascendente.

Estructurada en forma de un gran flashback, la película arranca con la lectura de un texto (literal o adaptado) que nos introduce, mediante una voz en off en el fracaso de  Green, una voz a la que finalmente pondrá rostro Coixet. Pero defrauda in extremis la caspa que desprende la puesta en escena y que epata a quien ha osado (muy pocos) escribir sobre 'La librería'. Hay muchas formas de contar una historia y muchos modos de representarla. Cuando la cineasta ha llevado al cine la novela de Penelope Feitzgerald, le ha arrebatado toda la emoción que el texto pudiera tener: pasar con mimo la mano por encima de un volumen para arrastrar las pequeñas motas de polvo que pueda haber acumulado, mostrando de este modo el amor a los libros, es, hoy, un ejercicio vacuo, cuando cualquier casa tiene (lo cual no quiere decir que se lean) más libros que la pequeña librería que protagoniza el film.

Pero, además, hace guiños a un público pequeño burgués con múltiples planos de detalle que nos muestran títulos tan divulgados como 'Lolita' de Nabokov, que se publicó en 1955, (la historia se contextualiza en 1959), un libro que le gusta tanto a Florence que encarga 250 ejemplares para este pequeño pueblo, una exageración que compensa haciendo llegar lectores de toda la comarca, algo difícil de creer si no se tiene en cuenta el morbo del relato del escritor de origen ruso. También aproxima al público a Farenheit 451, una novela distópica de Ray Bradbury que utilizó de manera muy especial François Truffaut, porque esta es la temperatura a la que arden los libros, un gesto que tiene todo el carácter indiciario que la cineasta no ha sabido resolver, y que quizá tenga connotaciones que no ella haya previsto, ya que elige otro libro del mismo, 'Crónicas marcianas', autor para regalárselo a Mr. Brundish (Billy Nighy), otro viudo desconectado de su entorno desde que lo abandonó su mujer hacía ya 45 años. La elección de este autor parece, pues, responder más a una inclinación personal de Coixet; en caso contrario no ha sabido usar el recurso.


Un film desangelado, nostálgico, protagonizado por una Emily Mortimer en baja forma y con un gesto imposible de descifrar, que acumula en su historia mucha caspa, y que parece querer primar la literatura sobre el cine. Se equivoca, un error que la lleva a ralentizar de tal forma la narración que el resultado es pesado y difícil de digerir.

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