Come, reza, ama. Crítica.










Come en Italia, reza en La India y enamórate en Bali. 



Come, reza, ama es una comedia entretenida realizada por Ryan Murphy, cuya peor parte se la lleva el doblaje, que en ocasiones incluso contradice las imágenes. La protagonista es una mujer desorientada que no encuentra su equilibrio vital, y cuya vida consiste en estar siempre comprometida o rompiendo una relación, precisamente porque no sabe estar sola. Ni una casa cómoda, decorada y redecorada constantemente, en el mejor estilo y un marido cariñoso, que también da ya muestras de cansancio, le satisfacen. Tras romper con él inicia una relación con un yoguring con el que se divierte durante algún tiempo y la introduce en el mundo de la meditación hindú en torno a una guruguina.


Cuando llega el aburrimiento se lanza a recorrer mundo, comenzando por Roma; allí descubre el dolce farniente y el placer, muy cercano a la sensualidad, de comerse un plato de spaghettis, 'sola', en la Piazza Nabona, aspecto recalcado por un plano cenital que la muestra como una isla vital. En esta ciudad descubre que es una mujer sin una palabra que la identifique. Curioso. De allí marcha a la India, y allí es donde el director se muestra más mordaz y ácido con los turistas que buscan la paz espiritual, el equilibrio y el nirvana en este país. Ubicada ya en el 'santuario' de la guruguina, quien, precisamente, se traslada a Nueva York cuando ella llega, y la vemos vestida con las típicas ropas que todos conocemos en estos lares y rezando con otros tantos occidentales y algún que otro local; ante la cómica perplejidad de ella misma y los espectadores, una de las primeras sorpresas con la que se encuentra es con la de que le encomiendan un trabajo devoto desinteresado que consiste en fregar arrodillada el suelo de las instalaciones; otras mujeres guardan silencio durante cuatro semanas, con identificación de su actitud incorporada.

Traba amistad con un hombre que se encuentra allí desde hace algún tiempo, intentando curarse de una adicción al alcohol que ha arruinado su vida, pero que descubre que la solución no es meterse en una urna, sino volver a su mundo y esforzarse por integrarse en él. Comprendida la lección se va al paraíso, la isla de Bali, donde había conocido un año antes a un chamán, al que convierte en su guía espiritual, y para el que traduce al inglés sus libros espirituales; también conoce a un divorciado interpretado por Javier Bardem, brasileño, con el que al final comprende que el equilibrio consiste en vivir con alguien que te quiera por lo menos tanto como te quieras tú.


Así pues, la protagonista es una mujer que no sabe vivir sola, sin dependencia de alguien o de algo, aunque sean rituales que imponen trabajos 'desinteresados' que enriquecen a una guruguina, que con los beneficios obtenidos se traslada periódicamente al lugar del que procede la devota: Nueva York. La protagonista renuncia a desarrollar su propia personalidad, en función del hombre con el que está, e incluso, como le dice su amigo acaba pareciéndose a su perro. En tono de comedia, Murphy describe a un tipo de mujeres dependientes, que no conocen el placer de disfrutar de una buena comida en soledad.





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