Orfeo. Jean Cocteau. Crítica.




AL MIRARNOS CADA DÍA AL ESPEJO VEMOS TRABAJAR A LA  MUERTE, COMO ABEJAS EN UNA COLMENA DE CRISTAL. JEAN COCTEAU.



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A pesar del interés que concita el cine que se hace en la actualidad, conviene a los amantes de este modo de representación volver la mirada a los pioneros de vez en cuando, un ejercicio ilustrador y refrescante; retornar a los que construyeron los recursos lingüísticos y poéticos que fueron adquiriendo cada vez mayor complejidad y aprender a valorar a quien hace avanzar en la actualidad el lenguaje, lo consolida o simplemente lo banaliza. El rechazo del exceso de diálogos e incluso el propio guión del transgresor Peter Greenaway tiene su predecesor en Jacques Cocteau, del que los cineastas y teóricos de la Nouvelle Vague decían que cuestionaba el cine clásico, rechazaba las fronteras y las categorías; era moderno, pero representaba algo así como un guía con experiencia que según Dominique Marny (1) "hizo lo que quiso y tuvo la suerte de poder hacerlo".  Un hombre intuitivo, ajeno a las militancias y los manifiestos en una época en la que los -istmos todavía gozaban de buena salud, y creía que el poeta (no el escritor, curiosa paradoja sino contemplamos el conjunto de su obra), tenía una misión, y esta idea fuerza recorrió todas sus representaciones de la realidad, ya fueran poemas, dibujos, teatro o cinematógrafo, como él llamaba al cine. Esta idea constituye el nexo de unión de su trilogía, de la que forma parte la película que comentamos: 'La sangre de un poeta', 'Orfeo' y 'El testamento de Orfeo'. A pesar de lo dicho no rechazó frontalmente algunas tendencias, como el surrealismo, presente en 'El eterno retorno' o 'La Bella y la Bestia', que realizó en colaboración con Jean Delannoy, en las que moderniza los mitos clásicos y los cuentos.






No era un hombre mundano, sino la víctima de todo lo que había montado para poder existir como artista, que al final se volvió contra él, dice Dominique . Era, añade Pierre Bergé, un hombre que había encontrado su camino, y cuando eso ocurre, decía Lorca, (3) nadie puede apartarle de él. El resultado fue un artista que no se puede clasificar, porque escapa a cualquier categoría. De origen burgués y de educación exquisita, se definió como un poeta que es como ser un poco de todo, y según su biógrafa no se le puede minimizar haciendo encajar su obra en una categoría determinada; era, por el contrario, un creador que quería preservar sus misterios, que formaban parte de la intensidad de su vida, y que no aceptaba que se le intentara explicar y dar sentido a todo lo que decía sirviéndose de cualquier modo de representación .Sensible, nervioso, angustiado y afectado por episodios depresivos, llenos de dudas y de paranoias (una de ellas que no lo quería nadie), solía quejarse poco, influenciado por la flema inglesa y tocado por las teorías de Freud y su obsesión por dar forma al dimorfismo físico y psicológico del ser humano pasando al otro lado del espejo. Son extrañas las concomitancias con un talento posterior, Andrei Tarkovski, que llama 'la zona' al infierno del 'stálker', con la misma sustantivación que Cocteau  denominó al suyo propio, o situa a una de sus heroínas ante el espejo.






Mas su cine no era para todos los públicos. Trataba temas de madurez, que un hombre o una mujer solo pueden plantear a cierta edad, -el mundo de lo visible y lo invisible, la semiótica del espejo y sus imágenes invertidas (4), la vida y la muerte, el trabajo de las abejas...Esta circunstancia alejaba a los inversores, algo que se encargó de corregir el siempre entrañable François Truffaut. Una rara avis a la que le gustaba el cine, según Bergé, porque la poesía, con frecuencia, perdía intensidad al ser traducida a otras lenguas, por lo que una película  muda es un vehículo extraordinario para el poeta y los actores. Nada mejor que la imagen de un espejo atravesado por los personajes para representar los binomios vida-muerte, lo visible y lo invisible...Pero lo dicho hasta ahora no implica un hombre débil, ya que, según sus biógrafos, con los actores aplicaba 'mano dura con guante de seda', porque sabía lo que quería, aunque también sabía escuchar las propuestas de los  técnicos y los integrantes de su elenco, capitaneados en 'Orfeo' por Jean Marais, a la sazón su compañero sentimental, con el que no tuvo la mejor experiencia de su vida.




Orpheo es el emblema de la insumisión y la rebeldía de Cocteau, del hombre, el poeta, el actor y en definitiva el cineasta, encargado de petrificar su realidad, de atraparla en el celuloide.como él mismo confiesa cuando se somete al juicio de la Inmortalidad. Su contacto con la muerte se inicia desde niño, cuando debe enfrentarse al suicidio de su propio padre, un abogado rentista en Maisons Laffitte, una pequeña ciudad cercana a París; siendo todavía muy joven de nuevo la muerte se cruzó en su camino y se llevó al gran amor de su vida, Raymond Radiguet, cuya novela 'El diablo en el cuerpo', en la que se oponía fieramente al heroísmo bélico, provocó un gran escándalo. Vivió gran parte de su juventud en la Europa sacudida por las dos guerras mundiales, y escribió y realizó su Orphée en 1950, tan solo cinco años después del armisticio que acabó con el expansionismo  y el terrible holocausto del nazismo y de Hitler.






En una secuencia de 'El testamento de Orpeho' (1959) , publicada en Youtube por la revista cultural 'Antopofagia', se defiende ante un postrero tribunal presidido por la Parca y  el 'Angel Heurtebisque' de las acusaciones de inocencia, es decir de atentar contra la justicia siendo capaz y culpable de todos los crímenes, en lugar de uno solo; de querer penetrar profunda y fraudulentamente en un mundo que no es el suyo. Muchas son las acusaciones que se han vertido sobre la tibia postura que el hombre renacentista que participo de casi todos los -ismos, mantuvo ante la ocupación de su país por los alemanes.Frente a estas graves acusaciones él se declara culpable de haber franqueado muchas veces el muro misterioso sobre el cual los hombres escriben sobre sus amores y sus sueños, por el hastío del mundo en que vive y el horror a la cotidianidad, el nudo gordiano de este extraño film, así como por la desobediencia que la audacia opone a las reglas, ( quien se declara poeta y no escritor, conoce la vanidad, soberbia y la arrogancia que se esconde tras sus palabras ), y animado por el espíritu de la creación , la más elevada forma del espíritu de contradicción, algo propio de los humanos.




La muerte de Orfeo


Cocteau hace de la desobediencia un sacerdocio, una actitud innata de los niños, los héroes y los artistas. Atrapado, en esa fuente petrificante que es el cine, que resucita cosas muertas, ya sea ab initium en su intento de alcanzar el mito de Frankenstein de que habla Noël Burch, o mediante la utilización simple de la moviola haciendo retroceder la película, el autor se sirve del  artificio que permite dar apariencia de realidad a la ficción, a lo irreal que traspasa nuestro propios límites de percepción y que el cineasta maneja con destreza, representando el mundo de los sueños, que permite a un cojo correr y a un manco manejar su brazo ausente con destreza. Esa es precisamente la definición del poeta, que utiliza una lengua (escrita o visual) , ni viva ni muerta, que pocas personas entienden, y lo que es más perturbador todavía: ni siquiera es necesario porque con frecuencia la comunicación se establece sin ver, entre ciegos, una función muy presente en el film. Estremece, sin embargo, escuchar a la muerte decir algo que poco a poco descubrimos todos: " Este cuerpo que nos contiene no conoce a los nuestros, Quien nos habla está habitado , Y esos cuerpos uno dentro de los otros, son los cuerpos de la eternidad." ¿Dónde aprendió ésto, pregunta a Cocteau quien le juzga? "De una fuerza ignorada que nos habita, nos manipula y nos dicta esa lengua", responde el poeta.






Cualquier intento de explicar estas reflexiones, producto de la vanidad del poeta, las degrada, y si hemos atendido a los argumentos de Cocteau es para poder entender qué nos quiere transmitir con esta película, en la que creó una imaginería que ha servido de  fuente de inspiración para los cineastas que le han sucedido en el tiempo y que han sentido la necesidad de explicar el mundo mediante metáforas o la creación de mundos paralelos, utópicos o distópicos, sirviéndose de la función poética, Y no sólo nos referimos a lo ideológico o conceptual, muy influenciado por la interpretación que Freud o From hacían del mundo de los sueños y su influencia en los artistas de la época que se inclinaron por el surrealismo onírico o el que se sitúa en el límite entre los consciente y lo subconsciente, de los que bebe Cocteau, sino de la manera en que dio forma visual a estas ideas. (gravedad horizontal, viscosidad de la materia con la que se hacen los espejos que dan paso a otros mundos, y otros trucos visuales de gran rendimiento en la posteridad).






Jean Cocteau


A estos aspectos se añade el que ha representado la cotidianidad como nadie. El poeta está enamorado del amor, de la Muerte, de lo insólito, de su mujer pero también de su muerte, y las condiciones que ésta le impone para vivir con Eurídice el día a día, inviables, destinadas al fracaso (maravillosa metáfora). Pero hay más. El  poeta no puede alcanzar la inmortalidad con esta  pequeña prueba, sino que el camino de la gloria es más largo, en  él debe entrar la rutina, el desamor, el aburrimiento... ¿Hay que resucitar a la esposa y condenar al  poeta a demostrar que no es como los demás? Nadie puede esperar que se le de junto con la película el prospecto con las instrucciones, como advierte el poeta.





Hombres y mujeres ante el espejo


Un film que obedece al espíritu de una época que, como todas, no se volverá a repetir, que podéis encontrar en Youtube con subtítulos. Un film que ayudará, al que no lo ha visto todavía a interpretar muchas imágenes que le proporciona el cine actual, al que las nuevas tecnología permiten llevar a las pantallas lo que hace tiempo parecía imposible, aunque, como ocurre con cualquier otra cosa, los mismos recursos no tienen iguales resultados en todas las manos.



(1) Jean Cocteau presentado por Pierre Bergé (Presidente del Comité Cocteau) y Dominique Marny (escritora).
(2) Opus cit.
(3) Lorca-Dalí. Ian Gibson.
(4) Semiótica y estudios culturales: coincidencias en un espejo de imágenes invertidas. Oscar Steimberg. Cuadernos de la Facultad de humanidades y ciencias sociales. Universidad Nacional de Jujuy. Noviembre 2001.

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