Happy end. Crítica- Cinelodeon.com




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PODÍA HABER SIDO PEOR





Se agradece a Haneke que haya intentado denunciar la nueva sociedad que se está creando del 1/99 que disecciona Andy Robinson en un 'Reportero en la Montaña Mágica', en la que profundiza en cómo el 1% acumula la misma riqueza que el otro 99%, un planteamiento que alaba con entusiasmo Luís Martínez (Diario 'El Mundo'). El realizador austriaco nos muestra una familia decadente que apenas aprecia lo que tiene y que no da valor ni a su vida, tomando como referente sus propias películas, en especial 'Amor', en la que la relación que se establece entre Jea-Louis Tringtignant e Isabelle Huppert es también de padre e hija.






Sin embargo falla estrepitosamente en su alarde de modernidad, al presentar su relato con un lenguaje multidisciplinar y diverso , -móvil, televisión, skipe, cine, tanto en la captación de la realidad, como en la difusión de documentales o en  la representación de relaciones infieles en chats de plataformas digitales irreconocibles-. Una forma de construir el discurso pobre y muy repetida en los últimos tiempos por jóvenes cineastas que intentan renovar el discurso audiovisual  y no simplemente servirse de las nuevas tecnologías para seguir utilizando pantallas de cuatro tercios con tecnología digital (a regañadientes). Una forma de hacer a medio camino entre sus realizaciones del pasado y el nuevo discurso visual que se está generando.






Atento a construir un lenguaje coherente y superar sus contradicciones flojea en la construcción de una historia que responda al tema que vende en la sinopsis. La mayor parte de los conflictos con los 'esclavos' de estos nuevos capitalistas se producen en off visual o a una distancia tal que resulta imposible para el espectador dilucidar  quienes son los interlocutores de los protagonistas del drama y cuál es la causa del conflicto. La presencia de los refugiados en una fiesta de la familia Laurent no sólo es prescindible, sino que roza el ridículo. La frialdad de la más pequeña de la familia llega a su climax en el desenlace del film, en el que los protagonistas son el suicidio, la eutanasia, el desprecio a los nuevos esclavos y la decadencia moral e intelectual de una clase social que no puede hacer frente con un mínimo de honestidad a sus decisiones en el ámbito familiar y económico-social.





Acudir a la cita con Haneke es casi una obligación, pero no puedo negar que defrauda con una película más pequeña de lo que cabía esperar de acuerdo con los antecedentes del realizador.

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