Luz de gas (1940). Ficha técnica





Ficha técnica:


Título original: Gaslight
País: Reino Unido
Año: 1940
Duración: 84 minutos

Dirección: Thorold Dickinson
Guión: A.R. Rawlinson, Bridget Boland, basada en la obra de teatro de Patrick Hamilton
Dirección de fotografía: Bernard Knowles. Blanco y negro
Score musical: Richard Addinsell
Edición: Sidney Cole
Dirección de arte: Duncan Sutherland

Productor: John Corfield
Productor asociado: Richard Vernon
Compañías productoras: British National Films; distribución: Metro Goldwyn Mayer


Intérpretes:


Diana Wynyard: Bella Mallen
Anton Walbrook: Paul Mallen
Frank Pettingell: Wrangler, B.G. Rough
Cathleen Cordell: Nancy
Robert Newton: Ullswater
Minnie Rayner: Elizabeth
Jimmy Hanley: Cobb
Marie Wright: Alice Barlow
Aubrey Dexter: Agente House
Mary Hinton: Lady Winterbourne
Angus Morrison: Pianista
Jack Barty: Director Music Hall


Sinopsis:



En plena época victoriana un pianista se casa con una bella joven, y juntos se van a vivir a casa de una tía de ella (Filmaffinity) misteriosamente asesinada años atrás. La felicidad de la mujer termina cuando empieza a oír ruidos que la aterrorizan.

Hace veinte años, la anciana Sra. Barlow fue asesinada en su casa de Pimlico Square número 12  para robarle sus inestimables rubíes. El asesino buscó en toda la casa sin encontrarlos, luego desapareció. La casa ha estado vacía desde entonces, pero ahora Paul y Bella Mallen se mudan al departamento. Bella Mallen sufre de olvido y nerviosismo, al menos eso es lo que le dice su marido. Un viejo caballero, Wrangler, B.G. Rough,  trabajó como policía hace veinte años y aún recuerda el caso sin resolver. Se da cuenta de que el Sr. Mallen se parece a Louis Bauer, sobrino (Imdb) de la Sra. Barlow. Se pregunta, además, por qué el señor Mallen sale misteriosamente todas las noches solo para ir a la casa de al lado, el número 14 de la misma plaza.

Hay una tremenda confusión entre las diferentes fuentes sobre la relación que existe entre la asesinada, Paul Mallen/Louis Bauer y Bella Mallen. Un plano inserto, introducido con poca fortuna apenas comienza el film introduce más confusión todavía, y lo único cierto es que Paul sabe lo que busca y construye un 'muro' entre la parte de la casa cuyo acceso quiere negar a la esposa y el resto de la vivienda, en la que busca algo cada noche, sin saber que lo tiene tan cerca. 

Crítica:


El malentendido que ha provocado esta película, con una errónea resignificación en la actualidad, deriva de su propia categorización como melodrama victoriano, cuando en realidad es un thriller policíaco de manual con más de una incongruencia, cuya víctima necesaria es una mujer, y el victimario un hombre sin escrúpulos, en cuya relación con su tía tristemente asesinada  no se profundiza, sino que se liquida con unos cuantos planos, en un secuencia inicial que ubica el relato en su contexto. Esta historia de empoderamiento de un hombre sobre su esposa, no es un relato sobre las dificultades de supervivencia de una pareja, y suena exagerado aplicar la máxima de Ingmar Bergman, presente en muchas de sus películas para quien la relación de convivencia de un hombre y una mujer es imposible, trascendida a cualquier tiempo y lugar. La feminista Fay Weldon hablará de relación de poder, que no siempre recae en el mismo sexo, sino que lo tiene quien lo tiene según el perfil manipulador de uno u otra. La página culturacolectiva.com que habla de mansplaning o gaslighting, (un término que ha hecho fortuna en la actualidad, basado en esta historia),  acaba recomendando aprender a vivir solo, sin depender de nada ni de nadie, con el objetivo de llegar a ser libre, sin sentirse un fracasado por no tener pareja, una gran debilidad que much@s tienen.

Volviendo al film de 1940, una adaptación de la obra homónima de Patrick Hamilton, el protagonista Paul Mallen (Anton Walbrook) , un psicópata o un sociópata (no hay suficiente información para establecer la sutil diferencia entre uno y otro perfil psicológico), elabora un plan para confundir a su esposa, Bella Mallen (Diana Wynyard), arrastrándola hasta la locura, dócilmente admitida por una mujer a la que le sustrae objetos que hace desaparecer y más tarde reaparecen en lugares que sólo ella debiera controlar, haciéndole perder la noción de la realidad. La finalidad es incapacitarla como posible testigo de sus maniobras para buscar unas joyas, los rubíes de gran valor de Alice Barlow, que  el asesino no encontró veinte años atrás. La víctima no es una mujer genérica, sino una presa elegida por el victimario, una mujer rica que aporta una dote suficiente para adquirir la elegante casa de  Pimlico Square 12, donde espera encontrar el botín de un crimen que se cobró la vida de la anciana. No parece que ésta sea una situación extensible a cualquier situación que se pueda dar entre unos padres y sus hijos, o entre  hermanos y amigos o en el seno de una pareja.





El asunto de la 'luz de gas' es también rocambolesco. Con el fin de moverse a sus anchas por el escenario del crimen, Paul inhabilita el piso superior de la casa colocando una puerta en la escalera que da acceso al mismo y haciendolo impracticable de este modo a su esposa. Él entra en el lugar por la casa contigua, el número 14 de la plaza en la que viven que también ha adquirido. Cada vez que el hombre realiza una incursión exploratoria en la zona acotada y escondida a su esposa, enciende la lámpara de gas para moverse por la habitación, unos movimientos que repercuten en la planta inferior, cuyas lámparas reducen su eficiencia al tener que compartir la energía con otras, a la vez que en una casa construida de madera el ruido de los pasos en un área que la mujer cree deshabitada repercute extraordinariamente durante la noche en las estancias que ella ocupa, lo que incrementa su terror y reafirma la creencia, inoculada como un veneno por el esposo, de que ha perdido la cordura. Más como rezaba un lema  positivo, de mucho rendimiento en otros tiempos, 'el criminal nunca gana' (todos sabemos que ésto no es así), y Paul acabará pagando sus deudas con la sociedad. 

Del relato se desprende que la 'luz de gas' no era el medio para enloquecer a la mujer, sino otras tácticas que le hacían perder la confianza en sí misma, para que, cada vez que su marido visitaba la planta superior de la casa, ella atribuyera los descensos de la potencia de las lámparas de su habitación y los pasos que se escuchaban a su propia locura. El fin del hombre era despistarla, alejarla de sus maniobras criminales, no aumentar su poder sobre ella por el simple deseo de desempoderarla y convertirla en una mujer sumisa, sino conseguir con sus tretas la propia impunidad; llama la atención que los rubíes que busca, valorados en 20.000 dólares fueran un botín al que aspirara quien poseía dos casas y tenía a su servicio a dos mujeres, un hecho que, contemplado en el contexto de la primera crisis provocada por una burbuja inmobiliaria resulta sorprendente. No quedan claras las intenciones de la joven criada, Nancy (Cathleen Cordell), y es dudoso hasta qué punto contribuía a la humillación de Bella o colaboraba con la policía en el desenmascaramiento del criminal, si bien ambas cosas a la vez encajan en esta historia.






Los antiguos romanos distinguían entre poder y autoridad. El primero se impone por la fuerza, sin más justificación, la segunda se gana con la prudencia, la inteligencia y las buenas prácticas del que la posee.  La sociedad encuentra diferentes formas para imponerse por la fuerza, el camino más corto, a los más débiles por cualquier causa (niños, ancianos, mujeres, hombres, minorías raciales, pobreza...), algo que ilustró con precisión Johan Galtung con su triángulo de la violencia, estructural, cultural y directa . Bella es producto de todas estas formas de maltrato, y en especial de la violencia cultural, la que ejercía en 1940 la sociedad patriarcal, que obligaba a la mujer a respetar y someterse a la autoridad del marido, incluso después de descubierta su bigamía. En 1944 George Cuckor hizo una nueva versión de Gaslight, en la que dio su visión particular de esta historia; el director de mujeres, el homosexual desempoderado, expulsado de la dirección de 'Lo que el viento se llevó'  por las presiones de Clark Gable a causa de su orientación sexual, ( algún crítico ha intentado justificar este hecho inaceptable por la inclinación del director hacia las actrices que  lastimaba el ego del cotizado actor), nos dejó, necesariamente, una visión más ácida y corrosiva  que la de Thorold Dickinson. Hoy muchas parejas ya no se casan y no existe esa presión cultural, pero como dice la página culturacolectiva.com el hombre no es perfecto y como consecuencia sus relaciones con los demás tampoco. ¿Tendría razón Ingmar Bergman cuando planteaba con tanta crudeza este hecho?


Esta fue la "primera versión de la obra de Patrick Hamilton en la que un hombre intenta volver loca a su esposa para poder encontrar unas joyas ocultas en algún lugar de su casa. Una electrificante atmósfera, unas deliciosas interpretaciones y un sucinto pero expresivo sentido de la maldad y la locura, escondido tras una apariencia de normalidad, hacen de esta película una obra muy apreciada por la crítica. Parece que la Metro intentó destruir los negativos de esta versión cuando rodó su ‘remake’, “Luz que agoniza”, con Ingrid Bergman y Charles Boyer como protagonistas. Por suerte, no lo lograron. (www.abc.es). La película, más fiel al texto de Hamilton,  se estrenó en 1946 con el nombre 'Angel Street' para evitar la confusión de la dirigida en Estados Unidos por George Cukor en 1944.


Podéis ver el film completo, subtitulado, en  Youtube

Consultadas las páginas Filmaffinity , Imdb,  culturacolectiva.com,  www,abec.es, 

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