El cine, nuevo Mecenas de la música.


Miguel Ángel Fidalgo publica un artículo muy interesante en Cahiers du Cinema (octubre 2010), titulado Música de cine, en el que nos hace una crónica muy interesante respecto a los músicos que trabajan para el cine: "Aún recuerdo la diatriba que, en 1977, significó la edición discográfica de La Guerra de las Galaxias,recibida por algunos como un ejemplo de la banalización que el séptimo arte aportaba a la música sinfónica.Ahora, 33 años después, una suite de la larga partitura de John Williams ha sido el frontispicio de los dos conciertos inaugurales de la temporada de la Orquesta Nacional, cuya programación se asienta mayoritariamente en música utilizada de manera diegética o incidental en conocidas películas.

Yo recuerdo que,en la década de los ochenta, le pregunté a un profesor del Conservatorio Superior de Música de Valencia sobre qué pensaba de Williams, y aún recuerdo su respuesta: Bruckner del malo. Me quedaron algunas dudas: ¿Qué hubiera hecho él, en el caso más que improbable de que George Lucas, Tim Burton o Martin Scorsese, le hubieran pedido que hubiera compuesto la música de alguna de sus películas ? ¿Qué piensa de Dany Elfman, Michael Giacchino o Howard Shore, entre otros muchos ?

Josep Pons, Director Artístico y titular de la Orquesta Nacional siente una evidente pasión por este tipo de música y ha hecho un ejercicio interesante de equilibrar a los consumidores de la mal llamada música culta y los seguidores de las bandas sonoras del cine. No sé si es correcto denominarlas bandas sonoras, pues incluyen tanto la música como los efectos sonoros.. El resultado, según Fidalgo, afortunado asistente a estos conciertos, fue muy satisfactorio, con algunos fallos y desajustes de los músicos, por cierto desconocimiento de las partituras que están menos acostumbrados a interpretar; para el programa del primer día se optó por un aire de sampler, mezclando Rota con Steiner, Alberto Iglesias con Asins Arbó y Roque Baños. La parte del concierto más compacta y trabajada fue la dedicada integramente a Williams.

Fidalgo concluye afirmando que la idea debe tener continuidad, pero es de esperar que las presiones de los sectores más elitistas hgan de ellas más una curiosidad que una tradición.



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