El sueño de Frankenstein y Maximo Gorki

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Como ya sabemos los Lumière militaron en el campo de la ideología frankeinsteniana. Un artículo aparecido en El Radical que saludaba el nacimiento del cinematógrafo en el Salón Indio del Gran Café del Boulevard de los Capuchinos de París (28 de diciembre de 1895) sostiene:" Sea cual sea la escena tomada de esta forma, y por grande que sea el número de personajes así sorprendidos en los actos de su vida, ustedes los vuelven a ver a tamaño natural, en colores, , la perspectiva, los cielos lejanos, las casas, con toda la ilusión de la vida real (...). Ya podía recogerse y reproducir la palabra, ahora puede recogerse y reproducir la vida. Podrá usted, por ejemplo, volver a ver las acciones de los suyos mucho tiempo después de haberlos perdido".

Otro artículo aparecido al día siguiente en La Poste, recoge la misma idea: " Cuando estos aparatos sean entregados al público, cuando todos puedan fotografiar a los seres que les son queridos, no ya en su forma inmóvil, sino en su movimiento, en su acción, en sus gestos familiares, con la palabra a punto de salir de sus labios, la muerte dejará de ser absoluta". Todo concurre en la fantasía de estos periodistas a la consecución de la suprema aspiración humana . Suprimir la muerte. Georges Melies, el iniciador del cine fantástico, asistió a la primera representación del cinematógrafo de los Hermanos Lumière; fotógrafo profesional vio en el nuevo invento grandes posibilidades de innovación, incluso en los contenidos.

Máximo Gork, gran apóstol del naturalismo literario, pondrá límites a este entusiasmo: "La noche pasada estuve en el Reino de las Sombras. Si supiesen lo extraño que es sentirse en él. Un mundo sin sonido, sin color. Todas las cosas - la tierra, los árboles, la gente, el agua, el aire - están imbuidas allí de un gris monótono. Rayos grises del sol que atraviesa un cielo gris, grises ojos en medio de rostros grises y, en los árboles, hojas de un gris ceniza. No es la vida, sino su sombra, no es el movimiento sino su espectro silencioso (...) Y en medio de todo, un silencio extraño, sin que se escuche el rumor de las ruedas, el sonido de los pasos o de las voces. Nada. Ni una sola nota de esa confusa sinfonía que acompaña siempre los movimientos de las personas" Para él no era la vida, sino la muerte. Es un texto precioso, seleccionado por Noël Burch, que expresa con claridad las exigencias de la ideología naturalista de la representación, compartidas por casi toda la europea. Los Lumière no eran artistas, ni sentían el lirismo de la representación analógica, eran técnicos e industriales, pero tenían razón."

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