Megamind. Tom MacGrath


Hoy he continuado con mi ejercicio de bloguera empedernida y me he vuelto a mezclar con la chiquillería. He de confesar que Megamind me ha decepcionado, a pesar de Brad Pitt y Zimmer, y no me ha gustado su 'moraleja': eso de que cada uno puede elegir su destino, sea cual sea el accidente de su nacimiento. A Megamind el destino lo lleva a una cárcel, mientras que Metromand,' el bueno ', amanece en una gran mansión. El hombre es él y sus circunstancias, decía Ortega y Gasset; por esto el pobre debe ser malo y el rico bueno. Pero al final el perverso, que es un alma de Dios, se redime y lanza el 'mensajito'.

A pesar de los múltiples referentes a los superheros, que algunos llaman deconstrucción, hay momentos auténticamente plúmbeos; algunos niños reían, ( a veces) algunos padres dormían...Hoy se exhibía en dos dimensiones, ya que en el mismo multicine se proyectaba Los viajes de Gulliver en 3D, y el rollo de las gafitas es un buen 'rollo'; todos los empleados se dedican a controlar la avalancha, con media puerta cerrada, sudando la ¡gota gorda'; supongo que gran parte de su atractivo residía en la nueva tecnología.


Comentarios