Hairspray. Adam Shankman.



El film de Adam Shankman, Hairspray, tuvo una irregular acogida por parte de la prensa, tres nominaciones al Globo de Oro y, lo que es más importante, fue muy bien recibida por el público. Si algo destila el film es optimismo, que algunos confunden con una ingenuidad irreal hasta el paroxismo (JoséManuel Cuéllar. Diario ABC). Pero si se trata de una utopía, es una aspiración hermosa: conseguir vivir en un mundo en el que el esteticismo no sea un motivo de amargura, y en el que las personas 'gorditas' pueden levantarse cada mañana exultantes, sin complejos y con ilusiones. Si algo sorprende en el film es la representación de John Travolta, travestido de madre de Tracy; el balanceo de sus gruesas caderas y su forma de andar desacomplejada son un lujo para los sentidos. Claro que el papel es encarnado por un hombre, que no sufre la misma presión, aunque le sobren algunos kilos, que la mujer. El baile en la terraza con su marido, un Christopher Walken ya metido en años, es de gran belleza e intenta rememorar los de los films clásicos, con bajada de escaleras incluída.





Tracy sueña con ir al Show de Corny Collins, un joven demócrata y tolerante que sufre diariamente la presión de la directora del programa, encarnada por Michelle Pfeiffer, mujer ambiciosa y amargada, que quiere colocar a su preciosa hija en la televisión, empezando como reina del espectáculo. Tracy gana la batalla y se quedará con el chico, un guaperas un tanto descerebrado. A la marginación por el físico el film une la discriminación racial. Si el film es una utopía irreal, debemos recordar que ciertas metas ya se han alcanzado, respecto al tiempo representado en la película, y afortunadamente los negros ya no sólo salen en la televisión, sino incluso presiden la Casa Blanca. ¿Será más difícil acabar con la violencia estructural y cultural que produce la discriminación por cualquier causa que llegar a Presidente de los EE.UU?. Woody Allen diría que sí.



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