Infectados. Alex y David Pastor


Algo se está gestando en el cine catalán que está pasando desaperibido para los españoles, que nos empuja a reflexionar sobre él. Directores como Jaume Balagueró, Guillem Morales, Jaume Collet-Serra o los hermanos Alex y David Pastor están situándose en primera línea de la producción cinematográfica. Se les acusará de realizar películas mainstream o blockbuster, excesivamente comerciales y por supuesto descafeinadas. En caso de que este juicio fuera correcto, que no lo es, significaría que algo está cambiando en el cine español y que ya no hacemos sólo películas para consumo nacional, con la excepción de nuestros dos grandes cineastas: Amenabar y Almodovar.





Alex y David Pastor sorprendieron en Sitges, y no es para menos; la reseña y entrevista de Juan Luis Caviario les hace justicia. El film Infectados está realizado en EE.UU. y goza de la colaboración de actores que están en la cresta de la ola como Chris Pine ( Star Treck de J.J. Abrams, Imparable de Toni Scott...), bajo el paraguas de Paramount Vantage para la producción .



Es evidente que los hermanos Alex y David tienen bastante claro lo que nos quieren transmitir desde el comienzo de la película y lo hacen usando el lenguaje cinematográfico que demuestran conocer. Unas imágenes rodadas con un vídeo casero nos retrotraen a la infancia de dos hermanos Brian y Danny jugando en una playa del golfo de México, impulso proustiano que les lleva a abandonar su casa paterna e iniciar una huida en dirección al paraíso perdido, huyendo de una pandemia que amenaza con diezmar a la población mundial. Muy significativo el plano invertido de la carretera para significar que el mal ha llegado a las antípodas. El hecho que inspiró a los hermanos fue la alarma social que generaron los medios de comunicación y las industrias farmaceúticas, en torno a la gripe A, que se denuncia en el film con un chino asesinado y colgado de un poste con un letrero que recuerda que el mal viene de su país.





Se ha calificado el film de de road-movie o thriller, en el que los monstruos no persiguen a los protagonistas; no son monstruos sino simplemente enfermos infecciosos para los que no se ha hallado cura ni un protocolo seguro. Los directores imaginan una situación límite, en la que el hombre lucha por su supervivencia, perdiendo todo lo que le resta de humano a medida que aumentan las dificultades, y confirmando la locución latina de Tito Macio Plauto... (Asinaria) de que Homo homini lupus est, popularizada por Hobbes. El primer acto de egoísmo e insolidaridad con los enfermos es el abandono de un padre y su niña pequeña afectada por el morbo. Habrá más: dos mujeres mayores, cristianas, que llevan el pez que identifica a los seguidores de Jesús, no atienden a las peticiones de ayuda del grupo de jóvenes (Brian, Danny y sus novias), lo que desencadena un tiroteo, en el que resulta herido Brian.





Es entonces cuando se produce una discusión entre los dos hermanos, que inquieta profundamente,en la que se plantea qué hacer en una situación límite: Brian es el más decidido pero menos reflexivo, el prototipo americano de hombre de acción; Danny es el 'cerebro' de la familia, el que prefiere ignorar los procedimientos que se utilizan, mantener su conciencia tranquila. Este enfrentamiento se corresponde con el que se mantiene socialmente sobre qué procedimientos son moralmente adecuados para resolver situaciones límite: actuar despreciando daños colaterales o preservar en cualquier caso aquellos valores que nos identifican como humanos, si los hombres pierden la razón.

Llegado al final de su trayecto, Danny descubre que su Rosebud ya no es tal. Sus recuerdos se han materializado en simples lugares, y su compañera es una extraña para él; por un momento una película soñada, la que él anhela, es sólo un espejismo y en algún rincón de su memoria queda aquella realizada con un vídeo casero en la que los dos niños juegan en la playa. En el viaje de su vida ha aprehendido dos cosas: que no se puede recuperar el tiempo perdido, (no te bañarás dos veces en el mismo río,dijo Heraclito), y que ya siempre estará solo. Es el fin de la inocencia.

Las reglas marcadas por los hermanos para poder sobrevivir se han ido endureciendo ante cada dificultad: el egoísmo, la cobardía y la hipocresía han triunfado y los sueños de la infancia se han desvanecido; la tormenta limpiará y se llevará todo, incluida la esperanza germinada durante su juventud.

Utiliza un viejo recurso cinematográfico, la voz en off, como elemento diegético que contribuye a generar inquietud en el espectador; cuando los cuatro jóvenes dejan abandonados en una población al padre y a su hija enferma, ésta va narrando un cuento. En el siguiente plano el vehículo reemprende su marcha mientras se sigue escuchando la voz de la niña moribunda.

Película de bajo presupuesto y buena realización, no llamó la atención de la critica ni del espectador de su país, pero los 'cazatalentos' americanos financiarán su nuevo proyecto.



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