Los hombres que miraban fijamente a las cabras. Grant Heslov.




La comedia Los hombres que miraban fijamente a las cabras combina elementos contradictorios, como acuartelamiento militar con energía positiva, entre otras cosas; comienza con un letrero que dice que esta obra tiene más de real de lo que se podría creer; cuenta la historia de un reportero en Irak, que se encuentra con un batallón estadounidense que tiene una misión secreta: el desarrollo de poderes paranormales para el combate con el fin de hipnotizar al enemigo para frenar su ataque, hacer hablar al enemigo con melodías infantiles y lograr que el corazón de un animal deje de latir con sólo mirarle a los ojos.


Javier Garman (Cahiers de Cinema), aunque afirma que se lo ha pasado bien, dice que " el despliegue de tontadas es indudablemente divertido", pero que la película se desinfla cada vez que el reportero se encuentra con uno de los supersoldados, cuya excusa es hacer avanzar la trama, pero que casi la lastra.

Carlos Boyero, crítico del País, afirma que en el desarrollo de una idea tan hilarante hay gags con notable gracia, pero también desfallecimiento narrativo y acumulación de chistes de dudosa efectividad. No obstante, observar lo bien que se lo pasan actores notables haciendo el ganso consigue entretenerte.

Para Manohla Gargís (The New York Times) es una comedia agradable, ligera y absurda.

Una sátira a lo loony-tunes formidablemente escrita, interpretada por un reparto de altura; cine elegante de corte liberal, con un toque populista, al estilo Hermanos Coen ( Derek Elley. Variety)

En ocasiones resulta admirale un pueblo que puede hacer Shutter Island y Los Hombres que miraban fijamente a las cabras, que satiriza al ejército.



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