Todos los hombres del rey. Steven Zaillian.



Steven Zaillian, guionista, entre otros filmes de American gansters y Gangs of New York, realiza en Todos los hombres del rey una adaptación de la novela homónima de Robert Penn Warren (1946). Los Angeles Times, consideró que es un complejo relato sobre el poder, que apunta más alto que otros y acierta (Kenneth Turan).

En la antigua Roma, donde surgió el concepto que creaba la noción de república (res publica) los hombres estaban divididos en dos facciones, los optimates y los populares; ésta última, aunque representaba los intereses de los plebeyos, estaba infiltrada por miembros de la aristocracia patricia ( ¿jóvenes inadaptados de la aristocracia, como llama la prensa conservadora a los protagonista del film? ). Los patricios se llamaban a sí mismos los boni (los buenos) o los optimates (los mejores); William Shakespeare los llama hombres honrados. Desde entonces existe la inclinación a llamar de esta forma a los que tienen una posición económica elevada, que excluye a los médicos de los pueblos (pequeña burguesía), como afirma el protagonista del film. Por el contrario también se trata de chanchulleros o chorizos a los que hacen lo mismo que los ricos, pero no saben con qué mano se coge el tenedor, como afirma Jack (Jude Law).

En este universo no falta quien, procediendo de los boni, se plebeyiza si es necesario para acceder al poder cuando éste cae en manos de un popular. Willie Stark (Sean Penn) es un político idealista sureño, que se denomina a sí mismo paleto, y, que al observar que su discurso, dirigido y manipulado por los poderosos, excesivamente técnico no llega a las masas, comienza a utilizar un verbo más directo (algunos con mucha frivolidad lo llaman chavista, salvo que el término lo extiendan a otros políticos). Paradójicamente una de las palabras que se usa con más carga demagógica es la palabra demagogia, no como la usaban en la antigüedad, sino en el sentido de fraude o engaño a las masas apelando a las emociones (amor, odio, miedos, deseos...), patrimonio de los partidos de izquierdas. Pero siempre y hoy especialmente , con el desarrollo de medios de comunicación más inmediatos, gracias al desarrollo de la red, los mensajes de todas las tendencias son cada vez menos profundos y apelan más a los sentimientos.

En lo que el film acierta más es en la distinción de un ideario colectivo, el desarrollo paralelo de individualismos interesados, y en la necesidad de recurrir a las cloacas del poder para enfrentarse a los aparatos ideológicos del estado (Althuser).

Prensa, televisión, judicatura, poderes económicos...se pondrán desde el primer momento en contra del líder idealista para algunos, populista para otros (según la perspectiva del que analiza) para derribarlo, burlando la soberanía popular; la prensa comienza a verter dudas sobre corrupción y los jueces están preparados para investigar a 'fondo' al personaje y arruinar su imagen. La moción de censura vendrá por sí sola. Mientras cachorros de la aristocracia de Louisiana, como Jack Burden (Jude Law), y los hermanos protagonizados por Kate Winslet y Mark Ruffalo, hijos de un político republicano importante, se van integrando en el pesebre del gobernador, no por inadaptación, sino por deseo de poder. Pero son frágiles, no acostumbrados a luchar por su supervivencia y perecerán.

El juez Irwim, (Anthony Hopkins), jubilado, pero no inactivo,uno de estos personajes de peso en la sociedad, se pone del lado de los poderosos y participa en campañas de prensa conducentes a la moción de censura; la única forma de derribarle es excarbar en su pasado, en el barro, para encontrar alguna mácula, lo que parece imposible en un hombre honrado. No obstante es evidente que es muy difícil escalar la cima del poder sin sufrir algún arañazo, y precisamente Jack, a quien él había criado, encontrará algo mucho más terrible que cualquier pecado de los ganapanes.

En esta tragicomedia que es la lucha por ascender en la escala social, muchos dramas se desatan por cosas tan poco sublimes como pasiones contrariadas, amantes despechados, que en este caso, como en muchos que conocen los lectores de prensa, desencadenan grandes desgracias con su efecto mariposa.

El personaje más complejo es el de Jack, hijo de la aristocracia de Louisiana, que despedido del periódico en el que trabaja por apoyar al político popular, se ve obligado a traicionar a los de su clase, investigarlos y colaborar en la presión que se ejerce contra ellos, sugestionado por la atracción que sobre él ejerce Stark. Otros son mucho más frágiles y sensibles a cualquier campaña interesada que se lanza desde distintos frentes para enajenarlos del político.

En la gran comedia humana se mezclan intereses individuales y colectivos como en una coctelera; lo magno y lo miserable se confunden y la capacidad de distorsionar cualquier realidad y manipularla se multiplica exponencialmente. El poder, ya sea político o económico siempre corrompe, pues se desarrolla en el vientre de la violencia estructural y cultural y deriva en la violencia directa. Cuando los generales romanos que volvían de sus campañas gloriosas celebraban su triunfo por la via sacra, acompañados excepcionalmente por su ejército, un esclavo les recordaba al oido que eran sólo hombres. Alguien debía desempeñar esta función en la actualidad.


Los damnificados no son los mejores, sino los más débiles, en cuyo nombre todos hacen sus campañas electorales. Que nadie lo olvide.

Nos parece un film interesante para entender la realidad que nos circunda, en unos momentos en los que los medios de comunicación parecen estar en otra parte, defendiendo intereses más que dudosos. El cine, otra vez, viene en nuestra ayuda.



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