Continente perdido. El documental y Roland Barthes.


Roland Barthes da una lección sobre el mito del exotismo y lo ilustra con el film Continente perdido, un gran documental sobre el 'oriente', cuyo pretexto es una expedición etnográfica, visiblemente falsa, realizada en Insulindia por unos barbudos italianos. El film es eufórico e inocente, los exploradores son buena gente que en los momentos de ocio se entretiene con una mascota, indispensable en cualquier expedición ( no hay film sobre el polo sin una foca domesticada, ni reportaje tropical sin mono). Estos etnólogos no se preocupan por factores históricos o sociológicos. Para ellos la penetración del oriente se reduce a una corta vuelta en barco n un mar azul, bajo un sol esencial, y ese oriente, foco de conflictos, aparece sin contrastes, pulido y coloreado como una tarjeta postal pasada de moda.

Para Barthes colorear el mundo es una manera de negarlo, y una vez descarnado por el lujo de las 'imágenes' está privado de toda sustancia, por lo que se llega a cuestionar el color en el cine. La variedad es tan irrelevante para estos etnólogos, que pierde todo significado ante la profunda unidad del idealismo. Cada rito este especializado y eternizado, y promovido al rasgo de espectáculo excitante y de símbolo paracristiano. Oriente y Occidente son iguales, solo existen diferencias de colores, lo esencial es idéntico; lo esencial consiste en suprimir la historia. Así pues las bellas imágenes de Continente perdido no son inocentes.

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