El alamo. John Wayne.




En 1960 John Wayne llevó a la pantalla El Álamo, film producido, protagonizado y dirigido por él mismo. Más que un western, género que evoca la marcha hacia el Oeste de los pioneros, es un film épico que relata un hecho histórico: la resistencia de un grupo de independentistas tejanos y la represión del gobierno de Méjico, protagonizada por el mismísimo presidente Antonio López de Santa Anna (1937). El film está salpicado por expresiones propias de la Asociación Nacional del Rifle norteamericana, como aquella de que todo hombre que lleva un arma en la mano merece un respeto. Choca también la abundancia de bailaoras flamencas y el oficial mejicano vestido de rejoneador, como un señorito andaluz en la Feria de Sevilla.







No sé si se podría calificar de buddy movie, en el que tres hombres, no dos, compiten entre ellos desde distintas posiciones más individuales que ideológicas: el Coronel William Travis (Laurence Harvey), militar de carrera y estricto en el cumplimiento de las ordenanzas militares, el violento, indisciplinado, esclavista y borrachin, y por ende casado con una mejicana, James Bowie (Richard Widmarck) y el ex-congresista por el estado de Tennessee David Crockett (John Wayne), leyenda viva de la batalla por la independencia de los colonos norteamericanos liderados por Sam Houston. Crockett y sus apenas cincuenta hombres iban ataviados con un gorro de piel de castor. Todos murieron, salvadas las diferencias entre sus jefes, después de causar enormes bajas en el ejército enemigo.

Ante este tipo de batallas, antes de la construcción de trincheras a finales del siglo XIX (Guerra Civil Norteamericana) y en la Primera Guerra Mundial, siempre me hago la misma pregunta: ¿A quién le tocaba combatir en la primera línea, una vez inventada la pólvora? ¿Eran acaso condenados a muerte ? Tras su descubrimiento se acabó la guerra, entendida como el cuerpo a cuerpo entre dos hombres, la madre de todas las batallas; el soldado no tenía ninguna oportunidad contra las balas, y era una diana muy fácil para los bien parapetados en un fuerte. Más difícil que realizar un acto heróico era sobrevivir para llevarlo a cabo; resulta un tanto patético y triste ver morir a tantos hombres sin posibilidad de defenderse.






Los soldados romanos cuando llegaban a una posición no descansaban hasta construir su campamento, con la fossa, el ager y el vallum; en el film de John Wayne se ve a un hombre protestar al Coronel Travis por tener que construir un muro en lugar de combatir. El hombre, a veces, aprende poco con el paso del tiempo.

Buena música, buenos actores y espectaculares movimientos de masas; no obstante el score musical recuerda en ocasiones a la Madre Rusia, patria del compositor Dimitri Tiomkin. Algunos creen que la misión del cine es únicamente entretener y emocionar, pero aunque no lo quieran ver también se introduce en el imaginario colectivo y moldea las mentes, cosa que conocen muy bien los cineastas de la actualidad y lo denuncian constantemente en sus filmes. El film de Wayne tenía un objetivo: encender la llama patriótica, aun a costa de ocultar la realidad, lo que no es óbice para que sea una gran realización cinematográfica que obtuvo varias nominaciones a los Premios Óscar.



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