El demonio bajo la piel. Michael Winterbotton



El último film de Michael Winterbotton, El diablo bajo la piel, ha provocado una gran polémica y no es para menos. El protagonista, Lou Ford ( Casey Affled), es un representante de la ley, un redcneck chapado a la antigua, pero de estirpe biológicamente insana; hijo del único médico de un pueblo tejano, Central City, que maltrataba a sus sirvientas, fue introducido desde niño en la práctica de estos placeres. Estas fuerzas vivas fueron desbancadas, a finales de los años cincuenta por grandes industriales petroleros con los que no podían competir, generándose en ellas un gran resentimiento. Los sindicatos utilizan a Ford, un psicópata, para combatir a los nuevos hombres fuertes. Conocido el trastorno bipolar del joven, que siendo adolescente abusó de una niña, la mató y luego derivó la responsabilidad a un hermanastro, y disponiendo de multitud de espías entre sus afiliados, usan su poder para manipular a un enfermo que es para ellos como una mala hierba que transplantada a su jardín se convierte en una flor.






Lou es un hombre exquisito, que cuida hasta los últimos detalles de su indumentaria, tiene una buena casa y gran afición por la música clásica, que interpreta en su piano. La sociedad proyecta en este personaje 'ideal' su podredumbre y su cinismo y, crea el ambiente necesario para que actúe con total impunidad. Lou es un esquizofrénico capaz de sentir amor y recordar con ternura a mujeres a las que golpeó con brutal violencia, sin acabar bien sus trabajos, y sin ser descubierto a pesar de ello. Una conducta tan amoral que desarma incluso a sus víctimas. En la última secuencia saludará a su alter ego lamentando el tiempo en que no se habían encontrado: el de su estancia en un psiquiátrico. El espectador es introducido sin prevención en la mente retorcida del personaje, lo que según Beatriz Martínez ( Cahiers du Cinema, enero 2011) es aprovechado por el director para intentar mantener la tensión en buena parte del relato.

De una parte un ciudadano 'honrado'. una música envolvente y dulzona como Una furtiva lacrima, de L'elisir d'amore de Donizetti, en las situaciones íntimos, o música revival en el momento de las relaciones sociales; por otra la violencia, los crímenes más brutales vistos en pantalla en los últimos tiempos, cargados de una sórdida sensualidad. Estética indie que emula la de los años ochenta, títulos de crédito que recuerdan a la Nouvelle Vague, mitad road-movie (gran parte del film se ambienta dentro de cohes o en la carretera) , mitad descripción del mundo rural cerrado, puritano e hipócrita, corrupción sofocada y presiones de los poderes económicos, policiales o sindicales. También está denuncia del enfrentamiento entre las policías locales y la estatal, en las que pesan más los lazos establecidos entre los ciudadanos que la propia invetigación. Winterbottom, fiel a su compromiso, toma partido por las mujeres maltratadas.

Estupendo trabajo de Cassey Affleck capaz de pasar sin apenas transición de reflejar en su rostro la inocencia de un niño a planear los crímenes más horrendos, sin perder la compostura. No se altera ni cuando siente que el cerco se estrecha a su alrededor.

El film es una adaptación de una novela de Jim Thompson, alabado por Stanley Kubrick, que trabajó con él en el guión a Atraco perfecto y Senderos de Gloria. Se adentra en un terreno trillado por los Hermanos Coen, mientras la voz en off de un narrador omnisciente aproxima el film al noir clásico.


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