En tierra hostil. Kathryn Bigelow.



Kathryn Bigelow combina la ficción y el documental, En tierra hostil, y obliga a los espectadores a reflexionar sobre cómo es la guerra vista desde abajo, no desde arriba, como hizo su marido, James Camerón en Avatar. En tierra firme la cosa se ve de otra manera; tres especialistas artificieros desactivan las bombas que van dejando los irakíes en centros urbanos poblados, y realizan su trabajo en un contexto hostil, en el que no se puede diferenciar los adeptos a los invasores de los enemigos, lo que genera una gran tensión. Esta tensión se convierte para muchos en una auténtica droga, pues la adrenalina que crea la batalla suele ser una adicción potente y letal. La guerra es una droga, aserto que abre el film y el drogadicto es el sargento William James (Jeremy Renner), que sustituye a un especialista muerto mientras realizaba su trabajo, enfundado en un traje que recuerda el de los astronautas.


El film muestra el pánico de unos soldados, dotados de los instrumentos robóticos y armamentísticos más modernos, pero a los que aterra un simple móvil o un cámara de vídeo en manos de un irakí. Un montón de escombros o una miserable casa esconden trampas mortales. Buscan paliativos para su miedo en el alcohol, en los videojuegos o en la música estridente. El film se cierra con una conclusión del sargento muy pesimista: de todas aquellas cosas que has amado cuando eras un ser inocente, aólo algunas significan algo paratí; en su caso una sola, la adicción a la guerra.


La cinta, a la que le sobra metraje y llega a hacerse reiterativa, tiene una buena edición y una estupenda fotografía y nos muestra imágenes de soldados americanos que la guerra psicológica esconde para evitar el desánimo de los ciudadanos norteamericanos; por el contrario abundan las imágenes de masacres protagonizadas y padecidas por los que sufren esta plaga en su propio suelo. Peter Travers de la revista Rolling Stone sostiene que es una película sobre la Guerra de Irak para los que no les gustan las películas de guerras.


Kthryn Bigelow se enfrentó a su ex marido, James Camerón, en la ceremonia de los Premios Óscar y le venció. Eran malos tiempos para la lírica, los navi y la aldea global de McLuhan. Los cadáveres de jóvenes norteamericanos llegaban al país cada vez con mayor frecuencia y el cementerio de Arlington crecía de nuevo. El tiempo y su compañero el olvido pondrá a estas películas en el sitio que les corresponde. Hoy es el momento de Kathryn Bigelow; otros cineastas se han ocupado del conflicto, como Paul Greengrass, Green zone, o Doug Liman, Caza a la espía, que tratan aspectos diferentes de la ultima e ilegal guerra que emprendieron los norteamericanos y que aún no ha terminado.



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