La muerte tenía un precio. Sergio Leone.




El film de Sergio Leone La muerte tenía un precio es un película sobre los últimos caballeros/bandidos y pistoleros del lejano Oeste, far west. En este caso nos trae a la pantalla a dos cazadores de recompensas, al menos en apariencia, el Coronel (Lee Van Cleef) y El Manco (Clint Eastwood), a los que no mueven impulsos heróicos, sino sentimientos mucho menos nobles, como la venganza o el dinero. Forman una sociedad de conveniencia, en la que la precisión , el cálculo y la estrategia cuidada al milímetro decidirán el triunfo o el fracaso, la vida o la muerte de los contrincantes. Un movimiento fallido entre dos hombres que combaten de frente, propio del western, será decisivo, lo que capta Sergio Leone en primeros o primerísimos planos de los personajes, que escudriñan a su oponente con intensa concentración, algo propio del género que el italiano exacerba con la proliferación y la prolongación de esos planos tan expresivos. Llenar la pantalla panorámica no fue un problema para él y sus encuadres son precisos, combinando primer plano de los personajes con planos generales en los que se produce la acción que estos observan.





El film pertenece a la trilogía del dólar, rodada en España, que giran en torno al personaje de Clint Eastwood, el hombre sin nombre, aunque a veces se le llama Blondie, (rubio) y otras Manco. Por el origen italiano del director se llamo a este género spaghetti western. Sergio Leone ha tenido muchos seguidores y admiradores de su trabajo, como Quentin Tarantino; incluso Baz Lhurmann hace un cameo del personaje de Clint Eastwood en el protagonista de Australia, Hugh Jackman, aunque no logra el grado de expresividad contenida del norteamericano.




El indio, bandido perseguido por El Coronel y El Manco



Como era habitual confió la BSO a Ennio Morricone, sonido imprescindible en la construcción de la diégesis característica de Sergio Leone, que contribuye a crear un clima propio del director. Ese uso de la música, tan protagonista como los actores o el desierto, fue buscado por Tarantino, aunque éste no optó por un músico fetiche, sino por piezas preexistentes: en Malditos Bastardos recurre a Morricone para emblematizar al Apache, gesto que supone un homenaje a uno de sus realizadores favoritos.


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