Green Zone: Distrito protegido. Paul Greengrass.


De nuevo los americanos dan una lección de democracia, aunque en estos lares se diga que llega con poco y tarde. Pues más vale tarde que nunca. Son incontables ya las películas que los estadounidenses han hecho sobre la Guerra de Irak, descendiendo al terreno y proporcionando imágenes de soldados norteamericanos sufriendo y muriendo en este conflicto y escaqueadas por los medios de comunicación del país; de nuevo el cine, que no es sólo entretenimiento, se convierte en esa ventana abierta al mundo, y en el caso que nos ocupa, al horror de un conflicto que no quisieron legalizar las Naciones Unidas.

Green Zone reconstruye y da vida a la actividad de unos soldados que creen en principio en su gobierno, que tuvo la osadía de crear una unidad, la 85 de las AMD (Armas de Destrucción Masiva), de la que forma parte el subteniente Roy Miller (Matt Damon), que empieza a cuestionarse por qué nunca encuentran las famosas armas , a pesar de introducirse en los lugares más inhóspitos y peligrosos. El clima en el que se desenvuelven es de auténtica hostilidad, con continuos enfrentamientos, no sólo entre la población civil iraquí, sino en el propio ejército norteamericano. Una entrevista con Al Rawai descubre el fiasco, en cuya construcción colaboró la prensa; una periodista del Wal Street Journal, decide cambiar de postura y desvelar la mentira. Miller concluye afirmando que las mentiras por las que van a la guerra sí importan, son lo único que importa.



La última imagen del film con los líderes iraquíes luchando por el poder, confirman la opinión del militar iraquí de que la guerra sólo ha hecho que comenzar. La película termina con la imagen de un desengañado y defraudado soldado.con su vehículo militar transitando por la carretera de un país machacado, con las refinerías de petróleo al fondo.
Me quedo con la crítica de Carlos Boyero: "Un thriller con receta clásica y el reconocible aroma y tensión que desprenden las aventuras de Bourne. (...) una ficción repleta de nervio, con atmósfera, muy bien ambientada" .

Iniciativas como las de Greengrass, Kathryn Bigelow, o Doug Liman
nos hacen sentir un poco de envidia de un país en el que hay hombres y mujeres dispuestos a hablar alto y claro en la 'sede' de Wall Street y las endemoniadas agencias de calificación, que castigan a los insumisos. Matt Damon da la imagen perfecta del soldado americano y resulta francamente creíble en su papel. Parece un tanto ingenuo, pero en principio nadie, y menos un norteamericano que debía luchar en esta guerra, podía creer que se estuviera urdiendo tan burda patraña.

El film efectivamente no es un documental, y los personajes no son los actores reales conocidos por todos, pero es tan verosimil que cabe preguntarse cuántos soldados se hicieron la misma pregunta que el subteniente Roy Miller. Su fuerza reside en que eran precisamente ellos quienes se jugaban la vida, y el soldado descubre que los famosos 'criminales de la baraja' eran antiguos colaboradores de las fuerzas vivas de su país; la propia CIA desconfía de las informaciones oficiales.

La guerra de Vietnam dio vida a un subgénero cinematográfico, la de Irak está creando el suyo. Un film mainstream como Avatar, denunciaba ya los bombardeos masivos del nueso 'séptimo de caballería'; estos directores descienden al terreno y nos permiten escudriñar a través del ojo de la cámara.



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