Rojos. Warren Beatty.


La muy galardonada película de Warren Beatty, Rojos, es un biopic del periodista y escritor Jack Reed, cuya obra maestra Diez días que estremecieron al mundo, basada en la Revolución Rusa de 1917, cambió su vida, transformándolo en un revolucionario en defensa de la clase obrera. En EE.UU se le reprochó por parte de la progresía que intentara cambiar a la humanidad, desmesura que ni siquiera logró Jesucristo. Creó un Partido Comunista Obrero Americano y viajó a Rusia para pedir su reconocimiento al Comintern.

La primera parte es un drama amoroso, el proceso de acercamientos y alejamientos entre Reed (Warren Beatty) y Louise Bryan (Diane Keaton), una librepensadora con la que se casó, que vestía de forma extravagante, al uso de las mujeres cuya vida ha estado constantemente en riesgo. La parte central es la más luminosa, es aquella en la que, según Giulio Carlo Argan, las aspiraciones y los sueños se tornan realidad y el hombre está de acuerdo consigo mismo, idea que se materializa en el film con esa grandiosa manifestación de los revolucionarios rusos cantando La Internacional, y Lenin aclamado como el libertador. Pero rápidamente surgen las contradicciones dentro del movimiento, las diferentes interpretaciones del sentido de la revolución, Mientras en EE.UU. comienza la persecución de los agitadores, anarquistas y comunistas.






Eran hombres como Reed, al que le habían extirpado un riñón, que estaban dispuestos a sacrificarse por la revolución, exportada también a Oriente y manipulada de forma populista, incluyendo en sus presupuesto la guerra santa . Bellas imágenes del tren, símbolo del progreso, adornado con las banderas rojas, atravesando las zonas desérticas, y del protagonista corriendo desengañado en la refriega entre revolucionarios y contra-revolucionarios.

La burocratización comienza a apartar de las filas de la revolución a idealistas convencidos como Emma Gold, y el propio Reed comienza a ver cómo su vida se diluye en una causa que empieza a desviarse. Tras observar la manipulación de sus discursos advierte a Zinoviev de que si cree que un hombre no puede ser sincero con la colectividad, ni hablar en favor de su país y la Internacional al mismo tiempo, ni amar a su mujer y seguir siendo fiel a la revolución, no tiene nada que ofrecer. El individualismo que impregna el ser americano comienza a ganar la batalla: separar a un hombre de lo que más ama es anular lo único que hay de auténtico en él y anular su libre albedrío. La revolución es libre albedrío y el suyo le impulsa a volver a casa.

Relato histórico con breves pinceladas de una gran belleza y humanidad, que evocan a un hombre que siempre amó y entendió que hay grandes cosas por las que merece la pena vivir y también morir. Lenin le pregunto si era americano, americano y respondión que sí. El film adopta la forma de documental y relato de ficción a partes iguales; testigos de los hechos, bustos parlantes descargan al diálogo y la acción dramática del peso de la exposición, gracias al trabajo del Director de Fotografía Vittorio Storaro. La Paramount, financió el film, pero no se hizo responsable de las ideas vertidas en él, que, a pesar de los temores, recibió el Premio Óscar de la Academia de Cine Americana al mejor Director y a la mejor película y un montón de nominaciones.

Warren Beatty escribió el guión en colaboración con el británico Trevor Griffiths, marxista convencido, y entre los dos abordaron un tema que nadie había osado tratar por miedo: el desarrollo de la Historia del Comunismo entre 1915 y 1920, cuyo protagonista, Jhon Reed es el único americano enterrado en el Kremlin. Al director le interesa representar el conclicto entre arte y política, que ha estado presente en su vida.

Un film recomendable para una tarde en la que se disponga de tiempo y tranquilidad para la reflexión y el disfrute de esa obra que exige tantas colaboraciones para a posterior puesta en común que es el cine.


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