Al final de la escalera (The Changeling) . Peter Medak.



Ficha técnica:

Título Al final de la escalera (España).
El intermediario del diablo (Argentina).
País: Canadá.
Año: 1980.
Dirección Peter Medak.
Ayudante de dirección: Fred Frame, Fiona Jackson, Irby Smith.
Dirección artística: Reuben Freed.
Producción: Garth H. Drabinsky, Joel B. Michaels.
Guion: William Gray, Diana Maddox.
Música: Rick Wilkins.
Fotografía: John Coquillon.
Montaje: Lilla Pedersen.
Prodcutora: Universal Pictures.

Ficha artística:

Reparto: George C. Scott, Melvyn Douglas, Trish Van Devere, John Colicos, Jean Marsh, Barry
Duración 109 minutos


Peter Medak es un director de origen húngaro, cuya carrera se vio frustrada por la invasión rusa de su país, pero que ha dejado una de las obras más interesantes del género de terror, un film de culto que ha servido de referente a realizadores destacados, entre otros el joven español Alejandro Amenabar.

En torno al eje temático de la muerte giran otros subsidiarios como el oscuro origen de ciertas fortunas, el crimen, la posibilidad de entablar contacto con el más allá, e incluso el amor que puede vencer a Tanatos. La batalla se libra en torno a la sensibilidad y la inteligencia, personificada en John Russell (George C.Scoot), un músico destacado que ha perdido en un trágico accidente a su mujer y su hija; de otro, un senador republicano, Joseph Carmichael (Melvin Douglas), tras el que se oculta un oscuro y terrible misterio. Peter Medak es un maestro del terror psicológico, sin mostrar en ningún momento una imagen escabrosa; la enorme mansión de Seattle, en la que se instala John tras su tragedia, es enorme para ser habitada por un hombre solo, razón por la cual hay espacios de la misma que apenas son visitados por su inquilino. Las propias casas han sido utilizadas por distintos realizadores como el objeto del terror por este motivo: las habitaciones en las que diariamente vive y se desenvuelve John son cálidas, llenas de vida, pero sus puertas se abren a un mundo helado, magnificado con contrapicados que nos achantan con el miedo a lo que esconden los pisos superiores, un score musical que te hiela la sangre y golpes difíciles de localizar en un espacio tan grande. Lo único significativo es la hora en que los ruidos se perciben: las seis de la mañana, número cabalístico.

John, víctima de una tragedia mortal, nublada su razón por esta vivencia, cruza los umbrales, asciende las escaleras y descubre esos objetos olvidados en el desván, cubiertos del polvo que deposita el tiempo sobre ellos, entre los que destacan una pequeña silla de ruedas y una cajita de música. La Casa Chessman, que, en palabras de Minnie, Srta. Huxley, no se deja alquilar y no desea ser habitada, tras ser adquirida por diferentes propietarios, fue por fin comprada por una sociedad histórica con un donativo del senador, y alquilada por el músico. Instalado en ella, el hombre culto y racional, descubrirá con horror algo que le repugna: alguien intenta contactar con él a través de su pérdida y utiliza objetos, fetiches que él conserva de su hija perdida.





El mal reside en la ambición del ser humano y en lo que es capaz de hacer para mantener su status económico y social. El parricidio, la ocultación, la complicidad, la suplantación van tejiendo una tela de araña que acaba atrapando a sus agentes. El amor y la complicidad de la mujer , Claire (Thris Van Devere), que ha ayudado a John a alquilar el piso son su mayor apoyo en la lucha que por segunda vez en su vida debe librar con la muerte. Otros directores, como Alejandro Amenabar en Los otros, o Sidney Furie en El ente, han aterrorizado a su público con el miedo a lo que no se ve, al vacío, los lugares inhabitables para el hombre, y el resultado ha sido memorable. Al final de la escalera es un film difícil de olvidar y especialmete la reiterada aparición de la pelotita de Kathy, la hija del protagonista.

Film imprescindible para un aficionado al género.



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