Los chicos del maíz. Fritz Kiersch.









Ficha técnica:


Título original: Children of the Corn.
País: Estados Unidos.
Año: 1984.
Duración: 169 minutos

Dirección: Fritz Kiersch
Guión: George Goldsmith, basado en una novela de Setephen King.
Casting : Linda Francis.
Dirección de Fotografía: Raoul Lomas
Música: Jonathan Elias
Editor: Harry Keramidas.
Director artístico: Craig Stearns.
Decoración del set: Cricket Rowland.
Efectos especiales: Max Anderson.

Diseño de Vestuario: Barbara Scott.
Responsable de maquillaje: Erika Jones.
Estilista de peluquería: Rosemary Weibelhaus.

Producción: Donald P.Borchers, Terrence Kirby.
Productores ejecutivos: Earl A. Glick, Charles Weber.
Compañías productoras: Hal Roach Studios, New World Pictures, Angeles Entertainment Group, Inverness Productions, Gatlin, Cinema Group; distribución:  New World Pictures.


Intérpretes:



Peter Horton: Burt Stanton,
Linda Hamilton: Vicky,
John Franklin: Isaac,
Courtney Gains: Malachi,
Robby Kiger: Job,
...

Sinopsis:


Una pareja que está de viaje llega a un apartado pueblo de Nebraska, un lugar donde no hay adultos, solo niños y adolescentes. El terror se apodera de la pareja cuando descubre la causa de esta extraña situación. Los niños forman una fanática comunidad religiosa que rinde culto a una extraña deidad de los campos de maíz. Cuando llegan a los 18 años, han de ser  sacrificados.


Crítica:



La enfermedad y la muerte son temas universales que atormentan al hombre con independencia de su cultura. Si a ello añadimos una educación represora y el fanatismo religioso, el resultado es el desencadenamiento del mal. Los terrores norteamericanos durante la guerra fría se focalizaron en el comunismo; los habitantes del pequeño pueblo de Nebraska, Gatlin, habían construido bunkers para protegerse del peligro rojo y en sus emisoras apuntaban contra los fornicadores, los homosexuales, los drogadictos y todos aquellos cuya forma de vida suponía un peligro para su sociedad estable. Burton y su esposa Vicky, dos jóvenes licenciados, cultos y descreídos añaden algunos sospechosos más a la ya larga lista, en tono irónico: los que ven la TV pública, los diplomados o los comprometidos con la sociedad. Pero hay cuestiones que no conviene tomarse a broma.

Como podría ocurrirle a cualquier mortal que viaja por una carretera, circulan confiados hasta que atropellan a un joven que sale de unos campos de maíz. A partir de ese momento Kiersch construye una diégesis terrorífica, en la que hasta este inofensivo cultivo se convierte en una planta amenazante que inspira terror al espectador. La música, profundamente  descriptiva, contribuye a alimentar los miedos, que continúan incluso cuando ha terminado la película, gracias al score del excepcional Jonathan Elias .

Hay dos narradores en el film: el niño Jobby, que pone en antecedentes es al espectador de los hechos históricos, acaecidos tres años antes de la llegada de la pareja al pueblo, y la cámara, en la que la abundancia de planos subjetivos permite adivinar un voyeur de malas intenciones detrás de cada puerta, esquina, o construcción urbana de la solitaria población. Los más pequeños de sus ciudadanos, educados en la intolerancia religiosa, superan las enseñanzas de sus padres y su radicalidad llega a tal punto que matan a sus progenitores y a todas las personas adultas de la localidad. Sin obligaciones escolares ni de cualquier otro tipo, crean una secta en torno' al que camina después de la fila'. Nunca queda claro si es el demonio que los ha confundido.

La secta está encabezada por Isaac, 'más' moderado y dialogante, y Malachi, el hombre de acción, el fanático al que todos temen. La llegada del matrimonio joven, culto y bien formado, hará saltar por los aires sus contradicciones. Su dominio de la dialéctica les hace comprender que cualquier religión sin amor y sin compasión es falsa; ellos, al fin y al cabo, son niños. El problema reside en que la infancia es una sólida receptora de ideas, que a medida que los pequeños van creciendo son muy difíciles de erradicar, como expresa el film en la secuencia final. Un hecho que no desconocía el régimen que implantó Hitler, en el que tenían suma importancia sus juventudes.

No hay que perder de vista, sin embargo, que a pesar de la crítica a la América profunda y a los fundamentalismos religiosos, implícita en el film, Kiersch no renuncia a un final fantástico o sobrenatural. Los chicos ejecutan a sus víctimas segándoles el cuello con una hoz, pero también crucificándolas en cruces hechas con tallos y hojas de maíz, una crueldad de la que se convierte en paradigma el oficial Hotchkiss, el hombre azul, que intentó acabar con el monstruo usando el fuego purificador. Burton lo hará con un cocktel molotov y gasolina. Los niños que habían visto la desaparición de unos padres intolerantes como una liberación se encontraron con un gobierno juvenil feroz que les impedía incluso oír música o dibujar. Sólo Job y su hermana Sarah, educados de forma más liberal, aunque religiosa, se mantienen escondidos y al margen del grupo.

Al final hay monstruo, demonio o lo que quiera que sea y la forma de eliminarlo es ritual. La historia es intensa y bien contada, se adapta al género de terror y  su mezcla de superstición, ignorancia y religión, tan extendida en los pequeños núcleos de población.se convierte en la principal protagonista del relato. Hoy es una película de culto y un referente dentro del propio cine.

En la cultura maya el origen del pueblo quiché era el maíz. Después de varios intentos fallidos los dioses crearon al hombre a partir de esta planta y se le asignó la tarea de 'cortador' de gemas, de piedras, ¿de cuellos?; en la cultura cristiana y judía el hombre se hizo con barro, en la maya con maíz, cereal originario del continente americano. El eclecticismo religioso es evidente.






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