La morada del miedo (Terror en Amityville). Andrew Douglas.



Ficha técnica:

Año: 2005.
Título: La morada del miedo España, Terror en Amityville Argentina México y Perú, El Terror en Amityville en Venezuela.
Dirección: Andrew Douglas.
Producción: Michael Bay, Andrew Form, Bradley Fuller.
Guion: Scott Kosar, Sandor Stern, basado en la novela de Jay Anson.
Música: Steve Jablonsky.
Fotografía: Peter Lyons Collister.
Productora: MGM.

Ficha artística:

Reparto: Ryan Reynolds, Melissa George, Jesse James, Jimmy Bennett, Chloë Grace Moretz, Philip Baker Hall, Isabel Conner.

Sinopsis:

La morada del miedo es un remake realizado por Andrew Douglas de Terror en Amityville de Stuart Rosenberg,( 1979 ), ambas basadas en la novela de Jay Anson, en torno a la casa 112 de Ocean Avenue en Long Island. Las dos historias se centran en la experiencia del matrimonio formado por George y Katthy Lutz, que compraron una casa en la que se había cometido un terrible asesinato: Ronald DeFeo asesinó a seis miembros de su familia, sus padres y cuatro hermanos, el 13 de Noviembre de 1974; un joven drogadicto de 23 años que aseguró que había cometido el crimen impulsado por unas voces sobrenaturales, aunque los conflictos familiares eran importantes. Los nuevos ocupantes irán enloqueciendo progresivamente ante los fenómenos extraños a que están sometidos, que actúan de forma diferente según el receptor ,y afectan especialmente al cabeza de familia, George.

Comentario:

La elección de la historia de los segundos moradores, los Lutz, anteponiéndola a la de los DeFeo es evidente: da mucho más juego, a pesar de ser más intrascendente para hacer un relato situado en el límite entre la realidad y lo sobrenatural, que atrajo mucho al ciudadano medio americano y disgustó en la misma medida a los habitantes de Amityville, cuya ciudad se ha convertido en emblema del horror.

Lo que es verdaderamente horroroso es el feo y auténtico enredo en el que se vieron envueltos parapsicólogos, demonólogos, periodistas, escritores y los propios protagonistas, que no buscaban la verdad de lo que se había presentado al público como un hecho real, sino aumentar su cuenta de resultados. Muchos de estos actores acusan a los Lutz de haber comprado la casa con este propósito, y lo cierto es que se infló una burbuja financiera, con ganancias millonarias, juicios cruzados para sacar la mayor tajada y todo el sinfín de horrores que circulan en torno al dinero. La única 'presencia' que hay hoy en Amityville es la de los molestos turistas.

El propio abogado de Ronnie DeFeo no sólo utilizó la historia para obtener ventajas penitenciarias para su defendido, sino que quiso escribir un libro y se querelló contra los ocupantes de la casa. Stephen Kaplan, fundador del Instituto de Parapsicología de América, con sede en Long Island participó en controversias de radio y televisión con los Lutz y los demonólogos El y Loraine Warren; una joven aspirante a periodista televisiva, Laura Didio, intentó cazar una buena historia que le permitiera trepar; la Universidad de Duke participó en sesiones de espiritismo y Hans Holder mantuvo que Ronnie estaba poseido, y que había fotografiado el ectoplasma de un indio a caballo. La Sociedad Histórica de la ciudad confirmó que en el lugar se había hallado el esqueleto de un indio y de su caballo, lo que aprovechó Chiff Straight, un montaukett de la tribu de Long Island, para denunciar que se había violado un cementerio de sus antepasados y que, aunque era cierto que ellos no enterraban a sus muertos cerca del agua, la erosión había rebajado el terreno en los últimos cuatrocientos años, lo que explica la aparente paradoja.





La auténtica morda de Amityville.
La corona navideña que pende en el centro evidencia que está ocupada.


Lo único real es que el creyente no necesita pruebas y para el ateo no existe ninguna posible de estos hechos. Por otra parte al público le fascinan estas historias si están bien contadas y no se plantea su veracidad, aunque el propio Jay Anson, escritor de la novela, se la creyera y llegara a a firmar en el making off que todos los que estuvieron cerca del manuscrito tuvieron un percance grave, incluida la muerte de una mujer y sus hijas. El western recoge el sentimiento de culpa que pesa sobre el pueblo americano por la forma en que se realizó la colonización de las nuevas tierras, que no tuvo en cuenta los territorios sagrados donde se hallaban los cementerios indios (ver entrada en este post de Terror en Amityville. Stuart Rosenberg).

Basándose en la pretendida realidad de los hechos el film, que tenía vocación de impactar más y mejor al espectador que la película de 1979, comienza con un apabullante testimonio de todo tipo de prensa, tanto escrita como televisiva, con la ilusión de trasladar al espectador la idea de que todo lo que se publica o se emite a través de la pantalla de su televisor tiene un certificado de garantía de veracidad, cuando éste sabe que la prensa cada vez se aleja más de la realidad y se acerca a un amarillismo sensacionalista. En el desarrollo de la historia pesa más la acción en la generación de tensión que el miedo o el terror, por la explicitud de lo que lo provoca; en la versión de 1979 no se ve nunca la causa, sólo algunos efectos de las pretendidas presencias: enjambre de moscas, sangre en la pared, agua negra y en una ocasión unos ojos rojos en la ventana. A pesar de ello daba algún buen susto.

La crítica es desigual. Jack Mathews, del New York Daily News se hace una pregunta: " ¿Por qué hacer un remake de un film de terror si no lo puedes hacer más terrorífico? ".



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