Paul. Greg Mottola.


Ficha técnica:

Título original: Paul
País: Gran Bretaña/USA.
Año: 2011.
Duración: 104 minutos.

Dirección: Greg Mottola.
Guión: Nick Frost y Simon Pegg.
Fotografía: Lawrence Sher.
Música: David Arnold
Montaje: Chris Dickhens.

Producción: Big Talk, Nira Park, Tim Bevan, Eric Fellner.
Diseño de Producción: Jefferson Sage.
Compañías: Working the Films, Relativity Media para Universal Pictures.


Ficha artística:

Seth Rogen: Paul.
Simon Pegg: Graeme Willy.
Nick Frost: Clive Collings.
Jason Baterman: Agente Zoil.
Kristen Wig: Ruth Buggs.
Bill Hader: Haggard.
Sgnourney Weaver: Big Guy.
Blythe Danner: Tara Walton.
John Carroll Lynch: Moses Buggs.
Joe lo Truglio: O’Reilly.
Jane Lynch: Pat Stevens.
Jeffrey Tambor: Adam Shadowchild


Sinopsis:


Paul nos contará las aventuras de dos frikis ingleses que viajan hasta la Comic Con, y después deciden ir hasta el Área 51. En su camino encontrarán un pequeño alienígena llamado Paul que necesita ayuda para encontrar el camino de regreso a su hogar y escapar del gobierno.


Comentario:

Antes de entrar a comentar un film como Paul considero oportuno realizar una serie de matizaciones: para el espectador actual son muy útiles las críticas de aquellos jóvenes que nacieron en la década de los setenta, año arriba o abajo, cuya sensibilidad se formó en un momento en que el mundo creía en un desarrollo sostenible y los jóvenes estaban repletos de esperanza, por lo que generaron un imaginario mágico del que son portadores, apareciendo a la vista de las generaciones anteriores como afectados por el síndrome de Peter Pan y un acusado infantilismo, lo que me parece injusto cuando los jóvenes mejor formadas han visto derrumbarse sus sueños por las consecuencias de la primera crisis global, cuya burbuja no han contribuido a formar, porque muchos todavía no han accedido a un puesto estable en esta sociedad. Entre ellos me ha parecido especialmente interesante Tonino L. Alarcón, colaborador habitual de la revista especializada Dirigido, que da las claves para interpretar este universo, si se es capaz de dejar de lado ciertos prejuicios y se tiene la grandeza, como diría Mommsen, de entender el mundo en que vivimos.
Seguiremos a Tonino en la interpretación de este interesante film, en el que Nick Frost y Simon Pegg, formados en torno a Edgar Wright, --, Spaced, (1999-2001), Zombies Parthy (2004) y Arma fatal (2010)-, colaboran como guionistas con Greg Mottola y aportan un valor fundamental que contribuye a distender al espectador y a vacunarse contra el resentimiento: la capacidad, muy felliniana, de no tomarse muy en serio a sí mismos y reírse los primeros de su peculiar forma de ver el mundo. Quien venga después quedará necesariamente descolocado.
Su trabajo con Edgar Wright dejó el legado de comedias inteligentes, divertidas, ácidas y críticas que conectaron con unos jóvenes iconoclastas, que refleja desde una perspectiva un tanto más pesimista Beginners. Pero fue, en palabras de Tonino, fuera de este círculo de confianza, en el muy convencional marco de la industria hollywoodiense, donde Wright certificó su independencia creativa, radicalizó su idea del cine y realizó uno de los filmes más hiperreferenciales, libres y definitorios que se ha realizado en los últimos años: Scott Pilgrim contra el mundo (Scott Pilgrim Vs. The World), trabajo que según nuestro crítico no ha sido entendido, debido, quizás, a su radicalidad.
Pegg y Frost, de la mano de Gregg Mottola, construyen una versión para adultos de Alf, estructurada en forma de road movies, lo que permite introducir referencias constantes y pequeños homenajes a la cultura nerd estadounidense, representada por los friquies Graeme Willy (Pegg) y Clive Gollings (Frost), y el choque cultural de dos británicos en su viaje por la América Profunda y sus enfrentamientos con la White trash.
Estas producciones son muy apreciadas por los beginners (principiantes en el arte de vivir independientes) treintañeros, que crecieron en un ambiente liberal, muchos hijos de padres que crecieron en la revolución cultural del 68, y sus rarezas y visión del mundo casi infantil, no es más que la sempiterna plasmación del choque generacional, el deseo de sentirse jóvenes y diferentes, lo que no siempre resulta fácil con progenitores que gozaron de una libertad sin precedentes, y que ahora ven que la sociedad camina su paso hacia atrás y se repliega en el conservadurismo.
Este aparente infantilismo esconde una rebelión encubierta, una visión transgresora y esa defensa, ya olvidada por muchos, de ‘la imaginación al poder’; se exige realismo, pero la realidad es subjetiva e intangible y está muy condicionada por la coyuntura. Los graffitis de ‘Beginners’ aparecen como superficiales y banales, las rarezas de los friquis también, cuando representan un empeño por construir una realidad propia, un nuevo modo de representación que cambie la percepción del espectador.

Tonino L. Alarcón denomina a los que nacieron en torno a los 80 la generación de la nostalgia nacidos en un contexto español que salía del oscuro túnel de la dictadura con ilusiones renovadas, mezclándose con aquellos que iniciaban el errático camino que llevaría del keynesianismo al neoliberalismo más brutal, que ha desembocado en la primera crisis global. Los jóvenes que nacieron en la década de los 70, educados en un entorno que miraba al futuro con esperanza, vivieron una infancia especialmente mágica, favorecida, paradójicamente, por la globalización cultural, que les permitió compartir los productos literarios, -novelas, cómics, música y cine-. Sus grandes referentes fueron George Lucas y Steven Spielberg, que supieron trasladar a las pantallas ese universo que hoy muchos intentan reproducir, aunque la ‘historia siempre se da primero como drama y luego como farsa’. El avance tecnológico y el cambio de coyuntura económica deja sentir inexorablemente su influencia.

Desde mi descanso  necesario en un tranquilo paraje, apto para la reflexión, me permito recomendar un film que   en tono crítico y distendido nos muestra a estos treintañeros británicos, que montados en su furgoneta transitan por la América profunda, poco cultivada y tosca, donde unos jóvenes europeos,que beben batidos y han sido  atraídos por la mayor feria del cómic del mundo, disfrutan de sus héroes, tienen una experiencia extra-terrestre por la que están dispuestos a perder incluso su vida, pero sufren también el choque cultural con los toscos habitantes de los lugares que recorren, para los que sus inclinaciones culturales, precisamente sustentadas en cierta producción norteamericana., los transforman en seres afeminados, débiles y excesivamente lights. Gran paradoja  la que nos trae a colación Greg Mottola, que muestra la coexistencia de dos mundos muy diferentes en la considerada primera potencia mundial de occidente. Al mismo tiempo el film supone una advertencia contra las murallas invisibles de los prejuicios que enfrentan a los hombres por su nacionalidad de origen, puesto que las afinidades y desencuentros no tienen esta esencia:  Graeme y Clive conectan con sectores de población americana que comparten sus gustos y aficiones y chocan con otros, más conservadores, que también existen en las Islas Británicas.



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