Los viajes de Sullivan. Preston Sturges.








Ficha técnica:
Título original: Sullivan's Travels. País: EE.UU.
Año: 1941.
Duración: 91 minutos.
Guión y Dirección: Preston Sturges. Director de Fotografía: John Seitz, A.S.C.
Director Artístico: Hans Dreier y Earl Hedrick.
Dirección Musical: Sigmund Krumgold.
Score musical: Leo Shuken y Charles Bradshaw.
Edición: Stuart Gilmore.
Vestuario: Edith Head.
Maquillaje: Wally Westmore. Sonido: Harry Mills y Walter Oberst. Producción: Paul Jones. Compañía: Paramount Picture.



Ficha artística:

Intérpretes: Joel McCrea, Veronica Lake, Robert Warwick, William Demarest, Margareth Hayes, Porter Hall, Robert Greig, Franklin Pangborn, Eric Blore, Georges Benavent, Harry Rosenthal.

Sinopsis:

Sullivan es un director de cine, especializado en comedias ligeras, que quiere dar un giro a su carrera y realizar una película social. Para documentarse se propone vivir como un mendigo y pasar todas las penalidades que pueda. En su viaje conoce a una aspirante a actriz que decide acompañarle y juntos vivirán todo tipo de aventuras, algunas divertidas y otras peligrosas. La más famosa comedia de Preston Sturges es también una reflexión sobre Hollywood, una crítica a las desigualdades sociales de su época y un emotivo romance. Verónica Lake deslumbra en este emotivo film que se sitúa a la altura del mejor Capra.





Comentario:

Los viajes de Sullivan, del guionista y director de Chicago Preston Sturges (1898-1959), es una profunda reflexión metalingüística sobre el propio lenguaje cinematográfico, la política de autor, el género, la labor del crítico y su influencia en el realizador, al tiempo que constituye un homenaje al cine mudo, especialmente El chico de Chaplin, cuya imagen reproduce Veronica Lake, y a grandes realizadores de su tiempo como Franz Capra , Ernst Lubitsch o Fritz Lang, muy evidente en la entrada de los presos en la Iglesia donde se va a proyectar una película, que reproduce la de los obreros en la fábrica de Metrópolis . Pero también supone una ácida crítica a aquellos que construyen una hermenéutica, una interpretación para iniciados que no pretende ser didáctica, sino sólo convencer a los ya convencidos, utilizando la metáfora de un director que aspira a poner un espejo ante la vida, en un mundo que en esos momentos padece una grave crisis económica, la depresión y la guerra, pero que no logra salir de su círculo, y que por muchas vueltas que de siempre se encuentra de nuevo en Hollywood. El film está cariñosamente dedicado a todos los que han hecho reír al hombre: los titiriteros de Serrat, los bufones, los payasos o los saltimbanquis de todos los tiempos.

Este obra es de gran importancia y ha inspirado a directores como Woody Allen, que se ha debatido hasta sus últimas realizaciones entre su inclinación por la comedia y la necesidad de probarse a sí mismo en un drama o una tragedia, (trilogía británica), o a los hermanos Joel o Ethan Coen y su O Brother, where art thou, que tiene el mismo título que la película que pretende hacer Sullivan en la ficción. El director ficticio quiere realizar un film realista, que represente en la pantalla el enfrentamiento entre el capital y el trabajo, que plasme la dignidad y el sufrimiento de la humanidad, frente a unos productores que consideran la idea descabellada, propia de los espectáculos 'comunistas' que ofrecía el Music Hall, y exigen sexo y entretenimiento musical, destinado a jóvenes sanos, felices y enamorados.

John Lloyd Sullivan, (Joel McCrea), está empecinado en su proyecto de hacer algo que muestre las posibilidades del cine como medio sociológico y artístico, convertido en esa ventana abierta al mundo de que hablaba Claude Chabrol, al estilo de Capra, pero las compañías productoras, que en aquellos momentos era propietarias incluso de las salas de proyección, se niegan a hacer películas sobre gentes sin empleo, vagos, vagabundos u hombres que viven en cajas y comen basura. No obstante el contrato millonario con el director les obliga a ceder y éste ajustado a todos los tópicos e iconos, tantas veces repetidos, de los pobres de la época, vestido con harapos, hatillo al hombro, inicia su viaje en busca de los parias de la tierra, en el que no falta la nota sexista de la solterona entrada en años que intenta cazarlo y de la que huye por la ventana, usando el manido procedimiento de las sábanas anudadas. Son las concesiones, los guiños cómicos a un público acostumbrado a la evasión y el chiste.

Durante este viaje en busca de la superación artística, encuentra a una aspirante a actriz, joven y guapa, interpretada por Verónica Lake, que intenta hacerle comprender que a los pobres no les gusta que les expliquen sus miserias, que lo saben todo acerca de la pobreza , sobre la que no pueden reflexionar porque están mucho más entretenidos intentando supervivir, pero Sullivan sólo comprenderá este hecho cuando 'muera' aparentemente a manos de un mendigo y sea tratado sin privilegios como el resto de los mortales. También entiende algo que ya supieron ver los filósofos del siglo XIX: que la bondad o la maldad no son cualidades morales propias de una clase social, y que sólo la avaricia y la ambición coloca a unos hombres por encima de otros; lo que hace más temible la pobreza, para el que tenga la capacidad de entenderlo, es que el que no tiene nada que perder es el único que puede arriesgarse.Y esto es precisamente lo que le sucede al 'buen' e 'inocente Sullivan cuando, cargado con un montón de dinero, comienza a repartirlo entre los desahuciados, en un gesto que recuerda los filmes de Capra.

Al final, al acudir con los presos a una sesión de cine, en una iglesia de una congregación de hombres negros, hijos de la esclavitud, comprende que si un hombre como él, nacido y criado entre algodones, que ha ido la Universidad y ha sido un mimado de Hollywood, no puede acabar con las injusticias del mundo, dejando al lado la hipócrita beneficencia, lo mejor que puede regalar a los parias es un momento de risa y diversión, que les haga olvidar, aunque sea por un momento, sus miserias. Ahí precisamente reside la grandeza de la Comedia con mayúsculas.

Tonino L.Alarcón sostiene que el hecho de que 'Los viajes de Sullivan' (Sullivan's Travels, 1941) siga manteniendo su vigencia no reside tanto en sus vibrantes y medidísimos diálogos, ni en las magníficas interpretaciones que ofrecen todos sus protagonistas, sino sobre todo en que la crítica que Sturges realiza a los supuestos cineastas comprometidos sigue siendo, a día de hoy, tan válida como lo fue 60 años atrás. No obstante Sturges, consciente del terreno resbaladizo en el que se mueve, trata con cariño a este realizador de buenas intenciones, que intenta lavar su conciencia de clase con una película social, sin dejar de arremeter al mismo tiempo contra unos empresarios que usan los tópicos más vendidos sobre EE.UU. como nación de las oportunidades, en la que un vendedor de periódicos puede llegar a ser Presidente, o que para hacer frente a los 'elevadísimos impuestos' los ricos han de someterse a matrimonios de conveniencia, que les permiten declaraciones conjuntas más favorables y que en realidad, como confiesan sus protagonistas, son una sarta de mentiras.

La película de Sturges supone una de las reflexiones más interesantes hechas por el cine dentro del cine, y que merece que le dediquemos nuestro tiempo porque nos ayudará a comprender las bases sobre las que se asientan las obras de otros notables realizadores.


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