Revanche. Götz Spielmann.


Ficha técnica:

Título original: Revanche.
País: Austria.
Año: 2008.
Duración: 121 minutos.
Guión y Dirección: Götz Spielmann
Música: Walter W. Cikan
Director Fotografía: Martin Gschlacht.
Edición: Karina Ressler.
Productor: Mathias Forberg, Heinz Stussak, Sandra Bohle, Götz Spielmann
producción: Prisma Film- und Fernsehproduktion GmbH, Spielmannfilm


Ficha artística:

Intérpretes:

Johannes Krisch: Alex
Irina Potapenko: Tamara.
Andreas Lusi: Robert.
Ursula Straus: Susanne.
Hannes Than-Heisser: Der Alte.
Hanno Pöschl: Koneck.
Compañçia Productora: Prisma Film.


Premios


2009: Nominada al Oscar: Mejor película de habla no inglesa.
Ganadora premio Label Europa Cinemas en la Berlinale.


Sinopsis:

En la Viena actual, un ex convicto que trabaja para el dueño de un prostíbulo planea escaparse con su novia, una prostituta. Tras un atraco a un banco de las afueras, que sale mal por culpa de la muerte accidental de la mujer, Tamara (Irina Potapenko), Alex (Johannes Krisch) ,se refugia en la granja de su abuelo, no lejos de la escena del crimen. Pasan los días, y cada vez se mete más en la vida de un policía local y de su mujer, mientras crece su obsesión por vengarse...

Comentario:

Se conoce muy poco en estas latitudes el cine que se hace en Austria. Revanche es un film muy valorado en este país, que ha hecho que se considerase a Götz Spielmann una auténtica revelación. La película se enmarca en la tradición europea de la política de autor, del cine de encuadre más que de montaje, en el que se evita al máximo el juego plano/contraplano y la edición, con una puesta en escena minimalista; largas secuencias, rodadas con frecuencia con cámaras fijas, que separan los espacios interiores y exteriores, simultaneando secuencias sin fragmentar, mediante planos de luz y sombra y muchas tomas subjetivas que esconden al que acecha, en constante off visual. El mundo arcaico del abuelo contrasta con la modernidad de la casa del policía, con muebles de Ikea, todo financiado con dos sueldos, ayuda paterna y préstamos al consumo bancarios, la deudocracia que ahora denuncian los griegos.

La tensión, e incluso la desesperación del epectador, la logra mediante la prolongación del desenlace y el trabajo rutinario de Alex (Johannes Krisch) que corta troncos sin cesar, día tras día, secuencia tras secuencia, una forma de liberar tensiones, que se repite en un buble exasperante, y mediante la obervación cotidiana del policía que mató, en lo que sus jefes califican como 'homicidio involuntario, ' a Tamara (Irina Potapenko), dificilmente justificable como defensa propia ya que el tiro entró por la ventana trasera del coche.

Spielmann construye una diégesis depresiva, una recreación del mundo sórdido de la prostitución y de la trastienda de los locales en los que se vende el sueño del sexo y en la que sus protagonistas carecen de cualquier signo de bienestar. La distancia, el extrañamiento con el que el director observar esta realidad, y los deseos de venganza tras el fatal desenlace del intento de escapar de ese mundo, recuerda el pesimismo de Rainer Werner Fassbinder, que deja poco espacio para la esperanza, La ansiada revancha vendrá por caminos diferentes a los imaginados por el protagonista: Susanne (Ursula Straus), la esposa del policía que mató a Tamara, cuya vida está dentro de un orden y con las comodidades propias de la pequeña burguesía endeudada, tiene una insatisfacción: desea tener un hijo, cosa que no logra con su marido. Seduce a Alex y queda embarazada. Este secreto y el descubrimiento por parte de ella de que Alex es el atracador del banco los unirá para siempre en un pacto diabólico.

Ambientes sórdidos, tristes, en la que incluso la práctica del sexo, sin preámbulos y con calcetines, en la habitación del niño deseado, crean el clima en el que dos hombres se debaten en torno a la fotografía de una mujer: Alex, lleva siempre el fetiche de Tamara viva, la fotografía de la mujer a la que quiso; Robert se obsesiona, hasta el extremo de ser declarado no apto para el servicio, siempre absorto ante la foto de la joven muerta. Dos hombres responsables de la muerte de la chica ucraniana: uno por dejarla sola en un coche, sin conocimientos de conducción, mientras atracaba el banco del pueblo de su abuelo, que atrae la atención del policia, y el agente atormentado por un acto desmedido que ha ocasionado su muerte.

El filme adopta la forma de ver el mundo que se acerca a la realidad siempre subjetiva del que mira, el llamado cinema verité, que más que abordar el tema global de la emigración ilegal y la caída en la prostitución de muchas jóvenes procedentes de países subdesarrollados, pone el foco en en individuo, oriundo del país y miembro de una familia inmersa en la tradición, que elige el camino de la marginación; tras cumplir su condena por un delito que desconoce el espectador, entra a trabajar en el prostíbulo, donde conoce a la joven ucraniana, que, desnuda generalmente, habla con miembros de su familia a los que lanza besos de despedida. El amor entre ambos, y el robo cutre en el pueblo de sus mayores precipita la tragedia. La familia del joven policía, de ideología xenofoba no comprende su angustia tras matar a una extranjera sin papeles, pero lo cierto es que ambos hombres han cometido errores basados en la irreflexión, y en su crimen llevan implícito el castigo.


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