Source Code. Duncan Jones.


Ficha técnica:

Título original: Source code.
País: USA.
Año: 2011.
Duración: 87 minutos.
Dirección: Duncan Jones.
Guión: Ben Ripley.
Música: Chris Bacon.
Director de Fotografía: Don Burguess, SAC.
Edición: Paul Hirsch (El imperio contraataca)
Casting: John Paesidera.
Vestuario: Renée April.
Diseño de producción: Barry Chusid.
Producción: Mark Gordon, Jordan Wynn, Philippe Rousselet.
Productores ejecutivos: Hawk Koch, Jeb Brody, Fabrice Gianfermi.
Co-productores: Stuart Fenegan, Tracy Underwood.
Compañías: Vendôme Pictures, Mark Gordon Company.

Intérpretes:

Jake Gylenhaal, Michele Monaghan, Vera Farmiga, Jeffrey Wright, Michael Arden, Cas Anvar, Rusell Peters...

Sinopsis.

El capitán Colter Stevens (Jake Gyllenhall), héroe de la guerra de Afganistán, es enviado a través del tiempo, durante 8 minutos, para investigar entre los pasajeros de un tren que había estallado en las cercanías de Chicago, encontrar al terrorista y evitar que se produzca un segundo atentado en la misma ciudad. Varias veces es reenviado otros ocho minutos, despertando sobresaltado y desorientado, sin tener idea de dónde está y quién es, para cumplir una misión que no comprende bien.

Comentario.

Duncan Jones, basándose en el guión de Ben Ripley nos presenta una historia no lineal de un soldado que no acaba su vida como tal, rindiendo a la par un homenaje a sus filmes preferidos, Rashomon, (Akira Kurosawa), Atrapado en el tiempo, (Harold Ramis), o Dos vidas en un instante, (Peter Howitt) , clásicos de la narración cíclica, en cuanto a la estructura del relato, y al maestro del suspense Alfred Hitchcock en aspectos formales, en la brevedad de los diálogos de los momentos clave, como aquel en que pelea con un hombre de apariencia árabe mientras en segundo plano, desenfocado, se encuentra el auténtico terrorista, un flipado norteamericano blanco, Derek Frost, junto a su mortal furgoneta.

Construye la diégesis en base a elucubraciones de la física cuántica y su Teoría de los Mundos Múltiples, experimentos antiguos como las simulaciones y la interfaz cerebro/computadora, que intenta maximizar el recuerdo, explotando las capacidades taxonómicas clásicas: recuerdo libre, recuerdo con indicio (un olor, un sabor... que relaciona evocaciones del pasado) y recuerdo serial, en un orden dado. Veremos al protagonista ejercitándose bajo la dirección de Goodwin (Vera Farmiga) con un juego de póker. El guionista utiliza la forma en que nuestra conciencia afecta a la conducta de partículas subatómicas, que se mueven hacia atrás y hacia adelante en el tiempo, apareciendo a la vez en todos los lugares posibles; la ciencia encuentra la posibilidad de acotar un momento que se repite en el tiempo que es continuo, y al final se produce una paradoja, un cabo suelto: si el teniente, que habita en el cuerpo de otro, ha creado un mundo alternativo en el que se evita el primer atentado, esto significa que el código fuente no ha debido ser activado, y que Colter sigue vivo, lo que obliga a crear otras dos líneas alternativas espacio-temporales que duplican los personajes de Godwin y de Redgtel. Los propios actores debía parar de vez en cuando y reflexionar sobre lo que estaban haciendo, aunque el protagonista Jake Gylenhaal afirma entusiasmado que estaba trabajando con un equipo de una generación de la que él forma parte y que ha empezado a crear su propio estilo temático y visual; son jóvenes que no deben hacer un esfuerzo para asimilar las nuevas tecnología, porque han nacido con ellas, y es obvio que Duncan Jones las domina.

El protagonista, al comienzo desorientado, desconoce quién es y cual es su misión, y el espectador es sometido a la misma desorientación por medio de un tren que entra en campo cada vez en una dirección; ambos irán descubriendo a la par el terrible secreto que se esconde tras el capitán Colter Stevens, creando realidades alternativas en cada una de sus reapariciones en el tren, en las que transita de un mundo a otro, desde de la cápsula en la que se lleva a cabo el programa castillo sitiado, al lugar de las operaciones, en las que se usa como figura de transición los reflejos distorsionados de la escultura llamada Puerta de Nubes de Anish Kapoor, en Chicago, que al final se transformará en el símbolo de una especie de hieperdestino; pero hay además otros mundos paralelos: el espacio en el que se encuentra el capitan, un set cada vez más amplio, y el mundo de los militares que están al frente de la operación (Goodwin y Redgtel), que se comunican a través de una siniestra ventana (¿monitor de un ordenador?), cuyo auténtico significado se desvelará al final. Sólo dispone de un breve tiempo para realizar sus investigaciones, el que permite la base de un nuevo programa, Codigo Fuente, en experimentación. No se trata del tradicional viaje en el tiempo sino de una nueva ubicación en el mismo.

Narración cíclica de mundos paralelos, física especulativa y su teoría de los mundos múltiples, cuestionamiento de la fe en los instintos o en los instrumentos y de la ética y moral en la aplicación de ciertos avances científicos, constituyen la base sobre la que se asienta la historia de Duncan Jones, que ha hecho escribir a algunos que su arrogancia no le permite darse cuenta de que es menos listo de lo que se cree (Andrew aker, Variety). Pero pululan los creadores de opinión, que no se acaban de dar cuenta de que han perdido el privilegio de dirigir a su público en una sentido determinado, y que se les están rebelando y pensando por su cuenta. En un primer visionado en el cine, lo más llamativo es la imagen de ese medio cuerpo lleno de cables en su cabeza, a cuyo padre se han entregado unas cenizas y se le ha ocultado la verdad, el fundamento del programa antiterrorista, que hace plantearse al espectador, sin posibles evasiones, ciertos usos de los avances científicos, que muchos prefieren ignorar; pero luego el público disponde del DVD o Blu-Ray, de una moviola cómoda y un making off didáctico y práctico, que despeja las dudas de unos críticos que sólo entendieron algo que queda muy claro para todos en un primer momento: la crítica de la hipocresía social que se aprovecha de los avances científicos y no quiere conocer sus prácticas. Eso no les gustó.

Otro interrogante para el espectador es qué plantea el film al final: ¿La existencia de otro mundo después de éste, regido por Dios o por el destino? Parrce que la base argumental es otra. Lo cierto es que Duncan Jones, que está adquiriendo un lugar en el cine por méritos propios, realiza películas que interesan a su público, brillantemente ejecutadas y utilizando sin empacho las nuevas tecnologías, pero que al final provocan la reflexión y el debate, atizado por una imagen que no es morbosa sino francamente provocadora de una reacción del espectador, en una secuencia en la que se alternan la vida, ficticia o no, y el tánatos, evitando las emociones mediante un distanciamiento u extrañamiento, que escandaliza al espectador más conservador por su carácter de denuncia social , más que asustarlo o despertar su interés morboso.

En una ejecución magistral Duncan Jones aproxima al capitan al espectador, a su lado humano transportado a otro cuerpo, el de Sean Fentres, su alter ego en la realidad de la explosión de un tren en el que todos murieron y en la ficción en la que se instala el capitán, que sólo vemos reflejado al comienzo del film, primero en los cristales de la ventanilla, más tarde en un espejo y al final en la escultura Puerta de Nubes, que por su estructura y materiales refleja las múltiples dimensiones de todos los que se aproximan a ella. Aun a costa de arriesgarme, quiero afirmar que Duncan Jones /Zowie Bowie) realiza un cálido homenaje a la figura del padre, que tantas veces ha marcado negativamente al hijo varón como en Tetro de Francis Ford Coppola. Claro que el suyo es el mítico y nada convencional David Bowie, al que si le quedara un sólo minuto de vida, lo dedicaría a confesarle que le quiere y que cualquier enfrentamiento pasado se debe a las opciones que el hombre, en el ejercicio de su libre albedrio, elige, sin que nadie pueda acompañarlo.

En lo que se refiere a las relaciones entre el hombre y la mujer también hay dos líneas argumentales: Christina y Colter y Godwin (Vera Farmiga). Hoy se están construyendo otros mundos, como el de la relación virtual entre seres humanos, sin presencia física, ejemplificada por la que se establece entre dos personajes, cada uno a un lado de la pantalla, que finalmente el espectador descubre, que dadas las limitaciones físicas del capitán, jamas podrían darse de otra forma, salvo que ella optara por experiencias alternativas, diferentes a las vividas hasta el momento.

El film es una obra coral y colectiva, en la que todos los miembros del equipo han colaborado y aportado ideas, incluido el actor Jake Gyllenhall, con el objetivo de dar a luz un nuevo producto de ciencia-ficción, cuya libertad basada en el no sometimiento a las leyes de la lógica, les permite abordar los temas más controvertidos, como el desprecio y utilización de grupos humanos indefensos (constante en Duncan Jones), cuyos avatares son 'irrelevantes' en palabras de la oficial interpretada por Vera Farmiga; los límites morales que deben presidir ciertas aplicaciones de los avances científicos con fines pragmáticos, y en la todavía ficción creada por la física cuántica, la posibilidad de transitar por mundos múltiples, e incluso alterar una línea de tiempo. Pero además hay algo en Duncan Jones y su diccurso de ficción, en sus dos destacadas películas (Moon y Source Code): la especial sensibilidad ante el sufrimiento humano, y la denuncia de la injusticia de la violación de sus derechos más primarios. A lo largo del film nos identificamos con el capitán/hombre y sufrimos con él. Su última recomendación es la de que si se le sigue utilizando se le trate bien. El director no está en contra del trabajo de la ciencia, sino de su utilización vejatoria con hombres que sufren y sangran como humanos, y que se usan como cobayas por otros 'seres humanos' , no científicos, sino desaprensivos.

El mundo ha cambiado y las nuevas generaciones han cogido la antorcha, y no cabe duda de que están bien formadas para interpretar el mundo de la imagen, que queremos o no nos domina. El film es complejo y, a pesar de ello, mantiene el interés del espectador sin dar espacio para el aburrimiento. Como dice el propio Duncan Jones, si al final de la película la mitad de los espectadores se han interesado por la historia romántica, y la otra mitad sigue reflexionando sobre el final de un film tan enrevesado como el mundo en que vivimos, habrá logrado su objetivo. Es un film que ya forma parte de mi videoteca, junto a Moon, en un lugar destacado, lo que no es poco para un joven cineasta que sólo ha realizado estos dos largometrajes. Me uno al título del dossier de Dirigido por...: 'El cine ha muerto, ¡Viva el cine!



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