The artist Michel Hazanavicius.



Ficha técnica:

Título original: The artist.
País: Francia.
Año: 2011.
Duración: 100 minutos.
Guión y Dirección: Michel Hazanavicius.
Dirección de Fotografía: Guillaume Schiffman.
Música: Ludovic Bource.
Dirección artística: Laurence Bennet.
Edición: Anne Sophie Bion y Michel Hazanavicius.
Productores: Thomas Langnann y Emmanuel Montamat.
Compañías: La Petite Reine, Studio 37, La Classe Américaine, JD Productions, France3 Cinèma, uFilms, Jouror Productions.

Intérpretes:

Jean Dujardin: George Valentin,
Berénice Bejo: Pappy,
John Goodman: Al Zimmer,
James Cronwell: Clifton,
Penelope Ann Miller: Doris,
Missi Pyle: Constance,
Beth Grant: Doncella de Peppy,
Ed Lauter y Malcolm McDowell: mayordomos
Nina Siemaszko: admiradora,
Bitsie Tulloch: Norma,
Stuart Pankin: Director.

Premios:


2011: Globos de Oro: 6 nominaciones, incluyendo película comedia/musical, director y actor
2011: Festival de Cannes: Mejor actor (Jean Dujardin)
2011: Festival de San Sebastián: Premio del público
2011: Festival de Hampton: Mejor película (Premio del público)
2011: Festival de Sevilla: Premio del público
2011: Círculo de críticos de Nueva York: Mejor película y director
2011: Premios del Cine Europeo: Mejor banda sonora. 4 nom., incluyendo mejor película
2011: Independent Spirit Awards: 5 nominaciones, incluyendo mejor película y director
2011: Satellite Awards: Mejor dirección artística. 5 nominaciones, incluyendo mejor película
2011: Premios de la Crítica de Washington (WAFCA): Mejor película
2011: Screen Actors Guild: 3 nominaciones. Actor, Actriz secundaria y reparto.

Esta acumulación de galardones augura un gran éxito de taquilla, teniendo en cuenta que gran parte de ellos ha sido otorgada por el público.


Sinopsis:

 George Valentin, (Jean Dujardin) es una gran estrella del cine mudo en el Hollywood de 1927,  a quien la vida le sonríe. Con la llegada del cine sonoro, su carrera corre peligro de quedar sepultada en el olvido. Por su parte, la joven actriz Peppy Miller, Bérénice Bejo),  que empezó de extra al lado de Valentin, comenzará una carrera ascendente que la conducirá  al firmamento de las estrellas. 

Comentario.

Un film como el que presenta Michel Hazanavicius clarifica mucho el panorama de la crítica, que  ya se ha hecho mayor y precisa relajar sus nervios  con un film en el que, para mayor gloria de los melancólicos,  ni siquiera se habla;  un ejercicio de divertimento sin encanto (Sara Brito, Diario Público). Hoy el cine es más ruidoso, dinámico, con asaltos sónicos de barullos, tiros o explosiones, en medio de las cuales se pierde el significado (Claudia Puig, USA Today). Muchos lectores  estarán confirmando esas tesis, pero nos sorprende si  miramos con atención el mundo que nos toca vivir, en el que las alarmas de los móviles son estruendosas, para poderlas escuchar en medio de la contaminación acústica que reina en nuestras calles; el cine mudo era apacible,  sentimental, fascinante, y cuantos más apelativos queramos buscar, pero por las vías circulaba un coche cada media hora. ¿Vamos al cine a descansar del ruido que nos enloquece en nuestra vida cotidiana? El cine es sólo un reflejo de lo que vivimos cada día, y, por cierto, hay que ver lo que molesta a los espectadores el mismo teléfono que no oyen en la calle, cuando suena en la sala de proyecciones. Si te has descuidado te fulminan con la mirada, has estropeado la proyección.

Ángel Quintana tiene la  loable osadía de elevar un voz discordante y afirmar que "El aspecto del film es una especie de pastiche posmoderno en el que, desde un presente concreto, se recrea un modelo de cine y un sistema de representación que hoy resultan anacrónicos. La apariencia final es la de un simple juego, un divertimento pensado para la cinefilia, en el que se propone un regreso hacia la Arcadia perdida, hacia aquello que el tiempo borró y que el presente sólo puede recuperar desde la nostalgia marcadamente retro" (Cahiers du Cinema, diciembre 2011). Por el contrario,  Quim Casas (Dirigido por, diciembre 2011), aunque habla también de ejercicio retro, considera en la entradilla de su artículo, Caligrafía sin melancolía, (título muy significativo) que The artist es una curiosa producción francesa que asume los códigos de la era silente e intenta conciliar el estricto y puro virtuosismo (...) con las características del melodrama cinematográfico clásico y la recuperación popular de un tipo de cine que pertenece desde hace  demasiado tiempo sólo y estrictamente a las catacumbas de las filmotecas..

Ambos críticos tampoco se ponen de acuerdo con los referentes del director de OSS 117, El Cairo nido de espías, u OSS 117: perdido en Rio.  Ángel Quintana ve la influencia de King Vidor y su película Espejismos, una ficción sobre el mundo de Hollywood, de la que Douglas Fairbanks y Charles Chaplin hicieron algunos cameos; la cinta contaba la historia de  Peggy Pepper (Peppy Miller de Hazanavicius), una aspirante a actriz que acaba transformada en la pretenciosa Patricia Peppoire, alter ego inconfesado de Gloria Swanson.; Quim Casas no ve rastro de  estos directores.

El film, como ya hicieran otros de la década de los cincuenta, aunque con voz (Cantando bajo la lluvia) narra la decadencia de muchos actores, que no quisieron adaptarse al mundo del cine sonoro y se empeñaron en seguir haciendo películas mudas, mientras se llenaban las salas en las que se proyectaba cine hablado. En esto The artist conecta con la actualidad, en la resistencia a los avances tecnológicos, a los que sin embargo  se han sumado directores como  Bergman, en su último film, Herzog o  Wim Wenders. Pero la película  del director francés es una película contemporánea realizada como una película muda de 1927, filmada en blanco y negro, que pretende explicar la importancia de la transición al sonoro. La música se conserva en este intento de transportar al público a la época que se representa en pantalla, porque  el cine, aún en sus etapas primitivas gozaba del acompañamiento aunque fuera de un solo piano. Pero en la actualidad la  música es un elemento narrativo más, que forma con todos los demás la diégesis discursiva, lo que no ocurría en el cine primitivo.

En un giro final George Valentín acepta los cambios que se han producido en la industria cinematográfica, ayudado por Peppy Miller, que todavía lo quiere y  le ayuda a recuperar su carrera. El cine avanza, afirma Noël Simsolo, aunque no la ceguera de los jueces, y mucho me temo que no es la aceptación del error propio y  del avance de la sociedad lo que ha entusiasmado a tanto críticos, sino, de acuerdo con sus propias  expresiones, ese toque revival que conecta con un pasado en el que el cine era menos trepidante que el actual. Por otro lado los actores de hoy no están preparados, ni tienen ninguna necesidad de ello, para expresarse  con  gestos cuando disponen de la palabra, y sus actuaciones pueden rozar el ridículo.

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