La leyenda de la ciudad sin nombre. Joshua Logan.






Ficha técnica:


Título original:  Paint your wagon.
País: Estados Unidos.
Año: 1969.
Duración: 158 minutos.

Dirección: Joshua Logan.
Dirección de Fotografía: William A. Fraker, A.S.C.
Guión y letras de las canciones: Alan Jay Lerner, basado en el musical de Broadway de Lerner and Loewe, adaptada por Paddy Chayefsky.
Música: Frederick Loewe; canciones adicionales: André Previn. Arreglos corales: Joseph J.Lilley, dirigidos por Roger Wagner;  dirección orquesta: Nelson Riddle.
Edición: Robert C.Jones.
Dirección artística: Carl Braunger.
Decorador del Set: James  I.Berkey.
Efectos especiales: Maurice Ayers y Larry Hampton.

Maquillaje: Frank McCoy.
Peluquería: Vivian Zavitz.

Producción: Alan Jay Lerner.
Productores asociados: Tom Shaw.
Diseño de producción y Vestuario: John Truscott.
Compañías: Alan Jay Lerner Production, Paramount Pictures.

Intérpretes:


Lee Marvin: Ben Rumson,
Clint Eastwood: Syvester Newel, 'Socio',
Jean Seberg: Elizabeth Rumson,
Ray Walston: Mad Jack, Duncan,
Have Presnell:Rotten Luck Willie,
Tom Ligon: Horton Fenty,
Alan Dexter: Parson.
Wiliam O'Connell: Horace Tabor.
...


Sinopsis:


La leyenda de la ciudad sin  nombre es una divertida combinación de western y comedia, con una partitura prodigiosa de Lerner y Loewe que incluye clásicos como Hablo a los árboles o Estrella Errante. La historia de una ciudad formada por buscadores de  oro se centra en las aventuras y desventuras de Ben y su 'Socio' y la delicada esposa que ambos comparten , Elizabeth.


Críticas:


Joshua Logan  realiza un película  que es a la vez un western, el género que  representa la epopeya del nacimiento de la nación norteamericana, una buddy movie  en la   que Lee Marvin encarna al personaje más brillante frente a un anodino  'Socio', blando y sin gancho,  hecho que  molestó mucho a Clint Eastwood, que consideró su trabajo en esta película como una de las experiencias más desagradables de su carrera, y un film musical, muy en boga en el momento en que habían conseguido un gran éxito de taquilla  filmes del género como   West side story  (1961) y Sonrisas y lágrimas (1965)  de Robert Wise. La cinta cuenta con algunas piezas brillantemente ejecutadas, sin coreografías, es cierto, pero con imágenes de los pioneros muy plásticas.

Generalmente se separan los sentimientos del hombre, como el  amor, la amistad,  la moralidad o la amoralidad,  de las épocas en las que se inscribe la historia, lo que es prácticamente imposible. La leyenda de la ciudad sin nombre recoge, en forma de comedia satírica , un momento decisivo en la historia de los Estados Unidos, que marcó el mapa actual, la idiosincrasia de sus habitantes y los monstruos y demonios que habitan en las mentes de los descendientes de los colonos que han constituido el background del cine fantástico y de terror, géneros en los que también son pioneros.

El primer corte que da paso a las  imágenes en movimiento, unos columna de colonos que serpentea por el valle,y  que sigue la misma línea de las ilustraciones sobre las que se inscriben los títulos de crédito, nos introduce en el perfil psicológico de unos hombres que, licenciados del ejército  una vez  terminada la Guerra de Secesión, restos desprovistos de todo,  proveninetes de ambos bandos, se integran en  grupos nómadas que marchan al oeste en busca de oro, entonando los himnos de los confederados, segregacionistas y grandes esclavistas del Sur, ¡Oh, Susana!, o del Séptimo de Caballería,  Garryowen. Un accidente hace coincidir a estos nómadas que buscan 'el dorado' con un buscavidas, Ben  Rumson (Lee Marvin), un hombre que se define a sí mismo como alguien que no va a ninguna parte, que no quiere que nadie le haga llorar y dispuesto a desalojar de sus ilusiones la de tener algún día un hogar que le aparte de los caminos. El momento que elige  el realizador es el de la formación de los estados, en este caso California, lo que supone la introducción de normas que regulen la vida y limiten la libertad de los ciudadanos, cuestión que plantea, desde la perspectiva de la tragedia John Badham en Sin piedad, que lleva a la pantalla un hecho real acontecido en vísperas del nacimiento del estado de Wyoming (1999). Clint Eastwood, con toda probabilidad era un sureño, aunque de él no se informa al espectador   ni del nombre hasta el final de la cinta, Sylvester Newel;  revela su origen  en un canto poco creíble en un personaje de perfil muy plano,  en el que se define omo atrapado por el oro, con un  estribillo que   repite :"Susana puedes empezar a llorar", que sustituye al conocido  "no llores más por mí".

Hay quien identifica el Norte con el desarrollismo y  el capitalismo, y el sur con una economía agraria  y anticuada, usando de forma maniquea el argumento de que no todos los habitantes del Sur eran esclavistas, claro que tampoco todos los votantes de Bush tienen  jets o yates. El verdadero dilema de  este  momento americano era  la realización de la revolución burguesa que iba a favorecer la construcción del ferrocarril y el desarollo de la industria, objetivos imposibles de alcanzar en una sociedad esclavista. Esta evolución económica iba a apartar de los caminos a estos hombres errantes que se negaban a crecer y echar raíces, perfectamente  representados en la secuencia del baile, acto social que permite  una análisis sociológico de la población y que ha  ocupado un lugar de primer orden en múltiples filmes como El Gatopardo de Lucino Viscont (1963, Centauros del  desierto de John Ford (1957), Madame Bovary de Claude Chabrol (1991) u Orgullo y prejuicio de Joe Wright  (2005), por citar algunos ejemplos significativos por diferentes razones. En el baile que nos ocupa, uno de los más bizarros y divertidos del cine,  a estos hombres, que más bien se parecen al retrato de los niños que hizo el socialista-utópico  Joseph Fourier, les encanta bailar en el barro y disfrutan enmarranándose el cuerpo entero ante la ausencia de mujeres que les impongan  un corsé que odian profundamente. Pero por necesidad fisiológicas que todo el mundo entiende, Ben (Lee Marvin) formula su pensamiento en voz alta ante 'Socio' (Clint Eastwood): "Las mujeres inventadas son las mejores, pero yo ahora necesito una de las peores". Esta necesidad inaugura una nueva etapa de la construcción del poblado.

Cumpliendo un rito que tiene su origen en la leyenda sobre la fundación de Roma, deciden secuestrar a unas mujeres, en este caso prostitutas francesas, las más deseadas por cualidades que residen exclusivamente en el imaginario masculino e insertar el prostíbulo en el epicentro de un proyecto más amplio, que favorecerá el  desarrollo  de su ciudad 'sin nombre', algo decidido por ellos mismos y su  escaso interés por echar raíces en alguna parte,  la transformará en un centro floreciente en el que reinará la especulación gracias a hombres con gran visión de los negocios y  embargados por la avaricia.. Con la instalación del lupanar aparecen los primeros predicadores, que intentan crear su iglesia en el lugar y gozar de un nueva situación de privilegio y lentejas aseguradas. Su primera intervención da lugar a una de las escenas musicales más divertidas en las que se exhibe la amoralidad de unos hombres que jalean y se divierten con el discurso savonaroliano del predicador que les amenaza con las penas del infierno, mientras ellos se empapan de alcohol. Con las iglesias llegan también grupos circenses y grandes espectáculos como el rodeo, y las calles populosas se llenan de ganados de todo tipo. El film nos muestra cómo se crea una ciudad, a la que el hombre de iglesia equipara con  Sodoma y Gomorra, y que finalmente es arrasada, pero no por ningún dios, sino por la avaricia de  alguno de sus vecinos que construyen túneles subterráneos bajo todo el conjunto, para poder quedarse con el oro que se desprende de los bolsos de los buscadores de oro en sus noches de francachela y juego ilegal. Películas como ésta han ido ganando en consideración de la crítica por su  minucioso análisis socio-político y económico-social, mientras otras que en su momento tuvieron más éxito, como Sonrisas y lágrimas, hoy han perdido actualidad. Es lamentable que nadie haya querido escuchar el discurso de tanto y tanto cineasta que se ha expresado con libertad y ha diseñado el escenario de todas las crisis que se han ido produciendo desde el nacimiento del capitalismo y la implantación  del oro o el dinero como valor de cambio. Lo mejor de la vida es  sucio, dice Ben.

Pero Joshua Logan, que trató el guión con bastante libertad, nos introduce también en un dilema moral, en un debate sobre la monogamia y la poligamia, en el que Elizabeth, mujer de un mormón, iglesia que los pioneros desconocen tras una vida de desarraigo, discurrida entre  las guerras y la búsqueda de  oro  lugares inexplorados, es vendida por su marido y comprada por Ben, compartiéndola posteriormente con 'Socio'. Todo funciona hasta que aparece una familia 'decente' y la mujer quiere guardar las apariencias de una vida 'digna'. El género da un papel de la mayor importancia a los prostíbulos en la fundación de las ciudades norteamericanas, en las que se aglutinaban los hombres  que favorecieron las Caravanas de Mujeres (William Whelman, 1951), que hoy se han retomado con aire festivo en poblaciones que van quedando abandonadas. La simple lectura de las estadísticas de mujeres que se dedican al negocio del sexo hace pensar que las cosas no son en gran medida lo que parecen. El tiempo que  retrata La leyenda de la ciudad sin nombre era aquel en que los hombres aún no se habían puesto las caretas, cuya rusticidad y bizarría proporcionan los momentos más hilarantes de la cinta, quizás porque hacen todo aquello que les encantaría a otros muchos sin ser censurados por la sociedad.

Lee Marvin y Clint Eastwood  participn con su voz en el musical, y lo cierto es que sorprenden y convencen, pero el papel del segundo, a pesar de su juventud, su físico estupendo y su gran capacidad interpretativa, no puede competir con el personaje de Marvin, divertido, anárquico, libre, sucio, borracho y con una voz envolvente, tomado en encuadres muy elaborados y con un físico que llena las pantallas. Quien haya visto otros trabajos de Clint Eastwood, en los que la dureza se mezcla con el cinismo, compitiendo en el mismo terreno que su oponente en esta buddy movie, entenderá  el  enfado del actor que no convence ni en las escenas de amor, casi lo peor del film.




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