The Darkling. Po Chih Leong..







Ficha técnica:

Título original: The Darkling.
País: Estados Unidos.
Año: 2000.
Duración: 90 minutos.
Dirección: Po Chih Leong..
Guión: Preston Sturges y Dario Scardapane, basado en una historia de Preston Sturges.
Música y sonido: Frankie Blue.
Edición: Glenn Farr.
Productores asociados: Judith Craig Marlin.
Producción: John V. Stuckmeyer.
Productor ejecutivo: Tom Thayer.
Diseño de producción: Marek Dobrowolski.
Director de Fotografía: Stephen M. Katz, A.S.C.
Universal Pictures

Intérpretes:

F. Murray Abraham: Bruno Rubin,
Aidan Gillen: Jeff Obold,
Lisa Linde: Charlotte Avenel,
Nina Siemaszko: Marla Obold,
Skye McCole Bartusia: Casey Oboldk,
Doug Jones: Shadow Master
Todd Bridges: Baron.

Sinopsis:

La pasión por los coches antiguos forjará una gran amistad entre Jeff Obold (Aiden Gillen, 'Circle of Friends') y Bruno Rubin ( F. Murray Abraham, 'Amadeus'). Bruno esconde un secreto que está dispuesto a compartir con su nuevo amigo: en un viaje a Hong Kong descubrió una criatura capaz de cumplir todos sus deseos. El problema es que tratar con ese ser supone poco menos que hacer un pacto con el diablo. A pesar de las advertencias, la avaricia suele ser más fuerte que la razón y una vez en las garras del demonio es imposible escapar del destino que éste tiene marcado para tí.

Comentario.

Po Chih Leong realiza un film sobre el lado oscuro del hombre, la avaricia y la corrupción que está en la base del enriquecimiento de  algunas personas, pero falla al entender la cultura occidental de forma totalizadora, como seguramente hacemos nosotros con los orientales, considerándolos  un conjunto más que una suma de individuos con sus creencias particulares. El resultado es una película  un tanto decepcionante, con una carga religiosa  que demuestra que el director conoce bien los pecados capitales.

Nuestros mitos  modernos están representados en  James  Dean y su muerte cuando acudía al circuito de Santa Rosa, adoptando la forma del coche en que murió y que el protagonista se encarga de restaurar. Los efectos especiales son deprimentes y en ocasiones hasta ridículos, y ni siquiera el trabajo del oscarizado F. Murray Abraham salva la película de la quema. Dan más miedo el cartel y las carátulas que la propia cinta.



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