Testigo der cargo. Billy Wilder.








Ficha técnica:

Título original: Witness for the prosecution.
País: Estados Unidos:
Año: 1957.
Duración: 113 minutos.
Dirección: Billy Wilder.
Guión: Billy Wilder y Harry Kurnitz, basado en la obra e historia teatral de Agatha Christie.Adaptación de Larry Marcus.
Director de Fotografía: Rusell Harlan, A.S.C.
Edición: Daniel Mandell, A.C.E.
Decorador del set: Howard Bristol.
Sonido: Fred Lau.
Música: Ralph Arthur Roberts; letras Jack Brooks.  Score musical: Matty Malneck.
Director artístico: Alexandre Trauner.
Vestuario de Marlene Dietrich: Edith Head.
Vestuario: Joseph Kiung.
Maquillaje: Ray Sebastian,  Harry Ray y Gustaf Norin.
Peluquería: Helene Parrish y Nellie Manley.
Producción: Edward Small., Arthur Hornblow Production. United Artists Release.







Intérpretes:

Tyrone Power: Leonard Vole,
Marlene Dietrich.: Christine,
Sir CharlesLaughton: Sir Wilfrid,
Elsa Lanchester: Miss Plimsoll,
Una O'Connor: Janet,
John Williams: Brogan Moore
Henry Daniel: Henry Daniell,
Torin Thatcher: Mrs. Myers,
Norma Varden: Mrs. French,
Philip Tonge: Inspector Hearne,
Ian Wolfe: Carter.
Francis Compton: Judge.

Premios:

1957: 6 nominaciones al Oscars, incluyendo película, director
1957: 5 nominaciones al Globos de Oro, incluyendo película (drama), director
1958: Nominada BAFTA: Mejor actor extranjero (Charles Laughton)
1957: Premios David di Donatello: Mejor actor extranjero (Charles Laughton)


Sinopsis:

Tyrone Power, Marlene Dietrich y Sir Charles Laughton protagonizan un filme que hizo tambalearse al  público con sus giros sorprendentes y  su chocante climax. Bajo la dirección de Billy Wilder, con guión del propio director en colaboración con Harry Kurnitz,v  basado en la pieza teatral londinense de enorme éxito de Agatha Christie, este espléndido clásico, nominado a seis Oscar, sigue dejando a los amantes del cine clavados en sus asientos desde su inicio hasta su fascinante plano final.

Una rica viuda aparece muerta. Leonard Vole (Tyron Power(), su pretendiente, un hombre casado, es acusado del crimen. La única esperanza de absolución para Volees el testimonio de su esposa, Christine (Marlene Dietrich). Prero su sólida coartada salta en mil pedazos cuando ella sube al estrado y comienza a revelar secretos impactantes.

Comentario:

Un film de culto para sectores que se sienten cómodos ante una cámara invisible y una diégesis construida con escasa relevancia del sonido o la música, que permite seguir con tranquilidad  la representación y el movimiento  de los actores por el 'escenario' y disfrutar del humor y la flema  sobria  y elegante del gentleman británico encarnado por Laughton, que contrasta con  la mayor rudeza  del norteamericano Power, un soldado raso que había combatido en la Gran Guerra, dotado de un gran atractivo para las mujeres. Marlene Dietrich es la 'mujer'  dura, de gesto y apariencia  andrógina, que hace verosímil  la primera parte de la película, la más sólida y mejor ejecutada.

En este film policiaco y de tribunales, que comienza con un cadáver encima de la mesa, se  obliga al espectador a especular y deducir las causas del crimen, una historia construida por la escritora Agatha Christie y  se le  pide expresamente que no realice un spoiler y cuente el final, advertencia que resulta un poco decepcionante, porque es precisamente la resolución del caso lo más errático de la historia. Riza tanto el rizo, manosea tanto el argumento  que  construye un final ni inesperado ni sugestivo, como afirma  Fernando Morales, crítico del diario El Pais, sino tramposo, bochornoso e inaceptable en la actualidad. Nadie en la vida real, nadie en su sano juicio, actuaría como lo hacen todos y cada uno de los implicados, poniendo sus cartas boca arriba  inmediatamente después de conseguir una sentencia absolutoria.

Por otra parte Billy Wilder abusa de  los gags en torno a la afección cardiaca de Laugthon, de sus pastillas, de la enfermera con la jeringuilla en ristre y de sus excesos en el consumo  de tabaco y alcohol contra todo pronóstico. Aunque como todo en la vida es según el color del cristal con que se mira, (Ramón de Campoamor), habrán sido precisamente estas 'gracias' las que habrán conseguido deleitar a amplios sectores del público de Wilder, al que admiramos profundamente. Vaya por delante.



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