Taxi Driver. Martin Scorsese. Ficha técnica y crítica.








Ficha técnica:


Título original: Taxi driver.
País: Estados Unidos
Año: 1976
Duración: 113 minutos

Dirección: Martin Scorsese.
Guión: Paul Schrader.
Casting: Juliet Taylor.
Director de Fotografía: Michael Chapman.
Música: Bernard Herrmann. Edición: Shinichi Yamazaki.
Edición: Tom Rolf, A.C.E. y Melvin Shapiro.
Director artístico: Charles Rosen.
Decorador del set: Herbert Mulligan.
Efectos speciales: Tony Parmelee.

Maquillaje: Dick SmithConsultor visual: David Nichols.
Vestuario: Ruth Morely.
Maquillaje: Irving  Buchman.
Peluquería: Mona Orr.
Efectos visuales: Sandra Weintraub.

Producción: Michael Phillips y Julia Phillips.
Productores asociados: Ohillip M. Goldfarb.
Columbia Pictures, Bill/Phillips Production


Intérpretes:


Robert D Niro: Travis Bickle,
Jodie Foster :: Iris,
Albert Brooks: Tom
Harvey Keitel:  Sport.
Leonard Harris: Charles Palantine,
Peter Boyle: Wizard
Cybill Shepherd: Betsy






Sinopsis:


Travis Bickle (Robert  De Niro), un ex marine de 26 años, que trabaja por las noches como taxista a causa de su insomnio,  solitario y silencioso, recorre las calles de New York, prestando sus servicios en aquellos barrios ( South Bronx, Harlem ) a donde ningún taxista se atreve a ir. Su fijación por dos mujeres muy diferentes, la elegante Betsy (Cybill Shepherd), que colabora en la campaña electoral del senador Charles Palantine (Leonard Harris), e Iris (Jodie Foster), una prostituta de 12 años que trabaja  para Sport (Harvey Keitel), incitará a Travis a adoptar  una drástica decisión: comprarse armas de  fuego, intentar atentar contra  el senador Palantine y 'salvar' a Iris de las garras de la prostitución. La vida  sórdida y violenta le ha convertido en un hombre solitario. (Tomás Fernández Valentí. Martin Scorsese: un infiltrado en Hollywood. pág. 42. Ediciones Carena).


Comentario:


Paul Schrader, guionista del film, sostiene que el tema fundamental es la soledad autoimpuesta, el síndrome de  un comportamiento que se refuerza a sí mismo y su piedra de toque son todo tipo de impulsos contradictorios, como la coexistencia del puritanismo y la pornografía juntos, en definitiva el perfil de un  joven blanco particular. El protagonista parece esforzarse para no llegar a alcanzar sus objetivos y reforzar su penosa situación, su resentimiento y su rencor. Junto a él su propio taxi, receptáculo de acciones altamente perturbadoras. 'El hombre solitario de Dios', extraño y despreciado, sin valores y  al borde de la locura que se convierte en héroe, simplemente porque se hace famoso tras los truculentos acontecimientos que provoca.

Como si de una  secuela de Malas Calles se tratara,  la ciudad representa la basura y lo prohibido, un lugar solitario en medio de la gente, y en sus calles como decía Charlie (Harvey Keitel) es donde se encuentran la expiación dolorosa, de claras connotaciones religiosas y pinceladas autobiográficas de un hombre, Martin Scorsese,  que recibió una educación católica, fundamentada en el pecado y el perdón y de su guionista , Paul Schrader, un calvinista que parte del concepto de que el hombre vive en la corrupción y el vicio, que produce un profundo tormento a Travis, patente en secuencias como las del pasajero, interpretado por Scorsese, que martiriza al taxista con la idea de que va a matar a su mujer, que le es infiel con un negro; el sufrimiento del protagonista, cuando pasea con su coche lentamente junto a las aceras, esperando un cliente entre  las prostitutas y sus chulos, a la luz de neones tan rojos como las lámpara  que iluminan el garito donde se reunen los amigos en   Mean Streets, dotando al hombre de tintes diabólicos o esa  escena en la que Travis ensaya delante del espejo cómo desenfundar su pistola, mientras repite: "¿Estás hablando conmigo?."

Tomás Fernández Valentí desvela el subtexto del film, una visión paranóica de la Norteamérica de la época, obsesionado por la derrota del Vietnam, las armas de fuego, el aumento de la criminalidad y el fin del Sueño Americano, frente  a los que simplemente quieren ver una mera apología de la venganza, representada por un justiciero urbano puesto de moda por el cine policiaco de los años sesenta. Si atendemos al guionista es algo más todavía: la alienación de las masas, que cargan sobre la 'clase' política, que se materializa en el intento de asesinato de un político demócrata, y que elevan a la categoría de héroe a un sociópata, un hombre ignorante y resentido que ha realizado una matanza, una especie de  acto catártico y purificador, y que además  que volverá a hacerlo. Es muy significativo el  brusco gesto que realiza cuando, tras bajar Betsy del coche, algo llama su atención a través del retrovisor del coche.

La censura impuso unas condiciones, como el virado en sepia  para disminuir el impacto visual de la matanza, pero el resultado fue  unas imágenes mucho más descarnadas. La música de Bernard Hermann contribuye a crear una diégesis distópica, cáustica y desesperanzadora.

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