Candidata al poder. Rod Lurie






Ficha técnica:

Título oficial: The contender.
País: Estados Unidos.
Año: 2000.
Duración: 126 minutos.
Dirección:  Rod Lurie.
Guión: Rod Lurie.
Dirección de Fotografía: Denis Maloney.
Casting: Mary Jo Slater, C.S.A.
Edición: Michael Jablow, A.C.E.
Música: Larry Groupé.
Producción: Marc Frydman, Douglas Urbanski; Willy Baer, James Spies.
Productor ejecutivo: Dr. Rainer Bienger (Cinerenta), Gary Oldman, Maurice Leblond.
Co-Productores:  Scott Shiffman, Steve Loglisci.
Diseño de producción: Alexander Hammond.
Vestuario: Matthew Jacobsen.
Cinerenta/ Cinecontender, Battleground  Production, Se8 Group

Intérpretes:

Mariel Hemingway: Cynthia Lee,
Kristen Shaw: Fiona Hataway,
Kathryn Morris: Paige Villomina,
Mike Binder: Lewis Hollis,
Robin Thomas:  William Hanson,
Saul Rubinek :  Jerry Toliver,
Philip Baker Hall: Oscar  Billings,
William Petersen: Jack Hathaway,
Sam Elliott: Kermit Newman,
Christian Slater: Christian Slater
Jef Bridges: Presidente Jackson Evans,
Gary Oldman: Shelly Runyon,
Joan Allen : Laine Hanson.

Sinopsis:

Cuando vicepresidente de los Estados Unidos muere de forma repentina,  el Presidente, (Jeff Bridges),  designa como sustituta a la senadora Laine Hanson. La senadora tiene que demostrar, no sólo a la oposición, sino a sus compañeros de partido,  que es una política lo suficientemente válida para desempeñar las responsabilidades de su cargo. Pero su capacidad y su carácter son cuestionados, durante las auditorías de confirmación,  cuando sale a relucir su poco convencional vida sexual ya desde cuando estaba en la universidad. Interrogada sobre el asunto y sobre su promiscuidad, ella se niega a responder; no está dispuesta a dar explicaciones ni al Congreso, ni a sus adversarios, ni a su familia, ni al Presidente. 


Comentario:

 Rod Lurie dedica el film  a las hijas, es decir a las jóvenes norteamericanas, a las que se transmite una lección de ciudadanía en el marco de la república soberana. La película  gira en torno a la enmienda vigesimoquinta de la Constitución que prevé la sustitución del Presidente y  del Vicepresidente en caso de producirse una vacante, y  a  la confusión  interesada que suele producirse en los sórdidos sótanos de la política  entre los asuntos que pertenecen a la esfera privada de los ciudadanos, y los principios ideológicos en defensa del bien común, bajo cuya bandera hombres y mujeres se presentaron a las elecciones y fueron elegidos para representarlos.

El director  pone el foco en el partido demócrata, y  por lo tanto se va a oír hablar de los pilares que constituyen el welfare o 'estado del bienestar', como la defensa del derecho de las mujeres a decidir, la sanidad y la educación pública, los impuestos progresivos, etc. La senadora elegida para el puesto, Laine Hanson (Joan Allen), se ve sometida a un proceso inquisitorial encabezado  por  uno de los hombres con más poder del Congreso, por presidir la cámara y disponer de algo fundamental:la capacidad de dar o quitar la palabra, que realiza un dossier falso, con medias mentiras e insinuaciones sobre los excesos sexuales de la senadora en su primer año de estudiante universitaria. Pero hay algo que esta mujer no está dispuesta a  conceder a nadie  y que el Presidente no puede tolerar: ni la violación de sus principios que está obligada a mantener, incluso cuando le resultan inconvenientes, y que le impiden, en nombre de todos los hombres y mujeres de América, ceder a las presiones y contar su vida íntima y personal a nadie a cambio de nada. El presidente ficticio, interpretado por Jeff Bridges, por su parte, no puede tolerar  que el sueño americano se vea mancillado, en la igualdad de acceso a un cargo público, por una distinción de género, término que utiliza el mandatario sin mayores problemas.

Otra cuestión que se plantea este Presidente ficticio, es  la que está constantemente en  cualquier medio de  comunicación  o reflexión histórica, filosófica y económica: los expertos se plantean  por qué razón esta época carece de líderes carismáticos. La respuesta la da Napoleón: "Para alcanzar el poder hay que mostrar una sencillez absoluta; para ejercerlo una  verdadera grandeza". Hay que combatir con todos los medios la basura que se proyecta desde ciertos núcleos de poder, como la oficina de Runyon, al frente de un auténtico lobby, que crea y destruye políticos de su propio partido, al que controla o intenta controlar más que el máximo mandatario. Laine Hanson no es esa líder de que habla Napoleón, ni tampoco una mujer débil  y desempoderada; es hija de un gobernador republicano, procede de este partido, y cometió el mismo 'error' cuando  votó a favor del 'impeachtment'  o juicio político de Clinton por el asunto de la becaria, que suponía una intrusión en la vida privada del Presidente, al que consiera no culpable, pero si responsable. Pero si es una política coherente y honesta consigo misma y con sus principios, por los que está diespuesta a renunciar a la Presidencia de su país, si esto fuera necesario.

Lo que más interesa en este tipo de historias de carácter político muy complejo, de luchas por el poder sofocadas en el seno de los partidos, mediante estratégias a la misma altura que la  de los ataques, es el desarrollo de los personajes, encarnados por un magnífico elenco de actores, bien dirigidos por Rod Lurie, con un final laudatorio de la democracia americana, que  no todos comparten. No obstante echamos de menos algo parecido en nuestro país, y  que los cineastas se implicaran en la defensa de los  derechos civiles básicos e inalienables de los ciudadanos  contándonos historias sobre su violación aquí y ahora, y la  reflexión  acerca  de la re publica con un nivel de conciencia similar al de muchos de estos filmes que giran en torno al poder y su legitimidad.

Cmrl

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